Letras | José Sanchis Sinisterra Dramaturgo
José Sanchis Sinisterra: «Siempre intento que el público se lleve deberes para casa»
El dramaturgo José Sanchis Sinisterra opina acerca de la reciente publicación de su obra ‘Bajo el signo de cáncer’ sobre la conquista de Canarias que se presentará este 23 de abril en el teatro Cuyás, y de tres nuevos trabajos suyos que está a punto de terminar.

José Sanchis Sinisterra / LP / DLP
Su texto teatral que acaba de recuperar el Cabildo de Gran Canaria, 'Bajo el signo de cáncer', trata sobre el final de la conquista canaria desde el prisma aborigen. ¿Por qué ese título?
Cuando acepté la propuesta de escribirla por parte de la Compañía Canaria de Teatro, y me puse a investigar, vi que las islas están, de alguna manera, bajo el signo astrológico de cáncer y me pareció un título suficientemente ambiguo y, a su vez, bonito también, que podía sugerir varias interpretaciones. Mi hija Elena había ido a Canarias y estaba trabajando con la compañía que dirigía Tony Suárez, y donde estaba la actriz Blanca Rodríguez. Un día me llama y me cuenta que estaban haciendo una creación colectiva sobre la conquista de Canarias por los españoles, pero no salía el texto, sólo las danzas. Como el texto no avanzaba me pidió que si podía ir a echarles una mano. Fui a Canarias y estuve un fin de semana largo con ellos. Ellos me contaron lo que querían transmitir y explorar. Y esos días que pasé en Gran Canaria hice la primera escena. Les gustó mucho. Y cuando volví a Barcelona me puse a trabajar y les iba mandando por entregas la obra a medida que la iba escribiendo. Recuerdo que no pude asistir al estreno, pero fui a una representación en Telde, me gustó el trabajo que hicieron sobre el texto.
¿Por qué no se había publicado desde entonces?
En la medida que fue una obra que yo estrené para una compañía concreta, la compañía Canaria de Teatro, era como si de alguna manera no lo hubiera considera del todo mía. Es más, creo que en el texto que me mandaron hace poco, cuando se puso en marcha esta edición, había cosas que no las reconocía. Yo ya sabía que iban a hacer retoques o añadidos. Por tanto es una obra en la que el 70 u 80 % es mía, pero también hay otras manos. Pero para poder verificarlo tengo que recurrir al manuscrito original que debo tenerlo en mi casa de Barcelona, pero que es un nido llenos de armarios con libros y todo tipo de estudios y me da una pereza tremenda buscar algo.
Era algo innovador ya que recurre al metateatro.
Es altamente metateatral y por eso siempre digo que es una obra en la que me vi abocado a explorar aspectos del teatro dentro del teatro donde los personajes afirman estar construyendo una historia sobre la marcha. Pero que también combiné con la utilización de fragmentos de las crónicas de la conquista de Canarias.
Que usted utilizó partiendo de los estudios de Francisco Morales Padrón.
Eran unos libros que manejé. Para Bajo el signo de cáncer, pero que produjo un viraje en mi obra. De esa opción por manejar crónicas del pasado nace mi trilogía americana. El tema de América Latina me interesaba más bien por lo que tenía que ver con la revolución cubana y la Nicaragua sandinista, que eran auténticos referentes para gente de izquierdas del mundo. Y a partir de Bajo el signo de cáncer escribí Naufragios de Alvar Nuñez, Lope de Aguirre, traidor y El retablo de Eldorado. En las crónicas estaba la huella de lo que los españoles habían hecho en pueblos indígenas de América. Primero en Canarias como ensayo general de lo que luego fue la invasión de ese continente y la masacre de tantas poblaciones originarias.
Usted ha cultivado muchas formas narrativas, pero tiene una ingente producción dramatúrgica.
Tengo una larga lista de setenta u ochenta textos teatrales. Es una compulsión de la que no me puedo separar. En estos momentos tenga tres entre manos a punto de terminar, a ver si lo consigo.
¿Y puede adelantar algo de cada una de ellas?
La primera es la segunda parte de Ñaque que se va a titular Bulubú. Surgió a partir de la llamada de un teatrero de Castellón que me pidió la autorización para hacer una versión de Ñaque para un solo actor, y de las ocho clases de compañías que cuenta Agustín de Rojas en su libro El viaje entretenido, de 1603, donde se enumeran hasta ocho tipos de compañías de teatro ambulante de la época: bululú, ñaque, gangarilla, cambaleo, garnacha, bojiganga, farándula y compañía. Es sobre un actor solo, un nómada que va por los pueblos, habla con el cura. Me gustó la idea de coger parte del material de Ñaque y ponérselo en boca a un solo personaje. Y fue un viaje al pasado y me está resultando muy estimulante. Me falta lo más difícil que es el final. Yo siempre digo que, en la escritura dramática, empezar una obra es muy fácil, incluso hacerla avanzar, pero lo más difícil de todo es el final, por lo menos para mí. Intento que no sean finales tranquilizadores, con la sensación de que se cierra algo, y siempre intento que el espectador se lleve deberes para casa. Que al salir del teatro siga con su acompañante, si es que lo tiene, dándole vueltas a la obra, para que no se desvanezca en la prosa de la vida cotidiana. El teatro de entretenimiento nunca me ha interesado. Yo ya me entretengo solo con cosas elegidas por mí. Yo le pido al teatro, y a la literatura en general, que produzca una cierta desazón, que remueva las certidumbres y que se prolongue más allá de la representación.
¿Y de qué trata la segunda obra que también está escribiendo?
Se titula Dame una sola razón para vivir. Nace de una demanda actoral en un laboratorio que estoy haciendo desde que estoy en Madrid. Es un campo de investigación y creación que yo le llamo dramaturgia actoral. Tengo la convicción de que los actores no son solo ejecutantes de textos ajenos, sino que tiene también una especie de capacidad dramatúrgica inscrita en el cuerpo, el movimiento, el espacio, la voz, etc.Y desde hace muchos años, tanto en Barcelona como luego en Madrid, he conseguido crear grupos de dramaturgia actoral que asumen un tipo de improvisación no sometidas a pautas o a estructuras, a formas dramáticas, con lo cual no es extraño que al cabo de un tiempo esos actores deseen escribir.
¿Se trata entonces de una nueva escritura teatral?
Sí, y tiene mucha importancia para mí porque a veces los autores que vienen de la pura escritura hacen mucha retórica. En cambio, en muchos actores y actrices he descubierto una capacidad teatral muy física que está muy basada en el cuerpo, en la voz, en el uso del espacio, las relaciones entre los propios actores. Y es un eje bastante importante de mi trabajo pedagógico que es también creativo.
¿Y como surgió el proyecto en este caso concreto?
Fue a raíz de un actor y una actriz que estaban en el laboratorio. Y al terminar un día la sesión me dijeron que les escribiera una obra. Yo tengo un cuadernillo donde anoto títulos de obras que luego regalo a mis amigos y les regalé este título. Está terminada prácticamente. Es un texto bastante extenso y que conecta con la trilogía americana ya que uno de los personajes es precisamente un mapuche que fue uno de los pueblos más significativos y poderosos en el sur de Argentina y Chile
Y nos queda su tercera obra.
Se titula Por senda la tierra entera o cómo combaten los nómadas la melancolía del domingo por la tarde. La empecé hace bastantes años. Es una especie de bifurcación de la historia de la humanidad. Hay dos tipos de humanos. Unos que escogen el sedentarismo y otros que se mantienen como nómadas. Yo quería hacer una reivindicación del nomadismo, de esos pueblos que a lo largo de miles y miles de años han ido desplazándose por el espacio, colonizando tierras y viviendo muy cerca de la naturaleza, mientras que, según mi convicción, los pueblos sedentarios nos han traído muchos aspectos negativos. En la estabilidad geográfica empiezan inmediatamente las religiones, las monarquías, los poderes centralizados, y el afán de invadir y ampliar los límites. Esta es una dualidad que se ha dado a lo largo de la historia de la humanidad. Entonces yo quise hacer un texto en el que reivindicara la opción nómada.
¿Y cuál es el argumento?
Es en una circunstancia contemporánea. Y la escribí antes de que fuera tan escandaloso el problema de la vivienda. Una familia de clase media, culta, formada por el abuelo, el padre, la madre, el hijo y la hija, tienen que dejar la casa. Es una familia a la que el banco le ha quitado el piso y en lugar de entrar en una fase depresiva deciden hacerse nómadas y empiezan a desplazarse. La segunda parte del título se me ocurrió ya que esta familia, para dar un poco de estabilidad a esta vida azarosa, los domingos por la tarde leen libros. Uno de los miembros lee en altavoz una novela, con lo cual hago de paso una reivindicación de la literatura como una forma de experiencia complementaria de la vida. La obra termina curiosamente en la frontera entre Turquía y Siria, donde ahora se está produciendo esta tercera guerra mundial que nos ha regalado Trump, al que no quiero calificar, pero que me parece uno de los bichos más impresentables de la historia contemporánea. Es una situación obscena. Netanyahu ha sido el incitador, pero Trump ha caído en esa trampa porque tiene esa mentalidad de buitre capitalista que le viene muy bien como pretexto para atacar Irán. La obra tendrá un final muy abierto con un monólogo del abuelo, pero se me ocurrió hacer unos flashes muy breves de los otros miembros de la familia, cada uno leyendo una novela diferente de los siglos XX y XXI. Fui seleccionando distintos fragmentos de autores como Virginia Woolf.
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