El inglés no quiere buen principio

Baraja española
Luis Rivero
Pocos juegos, entretenimientos y espectáculos lúdico-deportivos han generado una fraseología tan abundante e ingeniosa como los juegos de naipes y, entre estos, el envite. El envite es un muy popular en Canarias, se juega con baraja española de cuarenta cartas y a diferencia de otras modalidades lúdicas y deportivas se puede practicar en cualquier sitio, de sólito en bares y sociedades recreativas. Lo más común es que se juegue por equipos. En este caso son importantes las señas que se hacen los jugadores de un mismo equipo para comunicarse y dar a conocer las cartas que posee cada uno. Pero no se trata solo de conocer los triunfos que tienen los compañeros de equipo, sino también de averiguar los que poseen los miembros del equipo contrario. [Así, p. ej., en el juego entre cuatro, el triunfo mayor es el dos o la mala (o malilla) de lo virado. La seña es sacar la lengua levemente. Arrugar el ceño cuando se posee el rey; picar el ojo para la sota o perica, etc.]. Pero más allá de este lenguaje por señas, nos interesan los juegos de palabras, frases hechas y réplicas jocosas con los que se provocan y retan los equipos rivales. Muchas de ellas se refieren a aspectos o fases del juego y recurren a la nomenclatura lúdica, como, p. ej., «siete a siete y el que no lo pega es un tolete», frase festiva que se dice cuando los dos equipos están empatados a siete piedras. Pero buena parte de estas expresiones que recurren a la forma metafórica han trascendido del universo lúdico para acabar integrándose como expresiones idiomáticas. Lo que evidencia el peso simbólico que tienen los juegos de naipes en general, y el envite, en particular. Prueba de ello es la expresión «ganado son cabras y alguna que otra oveja» que se responde a cuando alguien sentencia que el partido o el chico está ganado, y se ha incorporado en el hablar popular como una llamada a la cautela frente a la euforia ante un reto por conseguir.
«El inglés no quiere buen principio». Con esta frase se suele justificar por el equipo perdedor cuando el contrincante gana el primer chico (también se emplean las formas «el primero es de los chiquillos», «el primer chico pa(ra) los chicos»). Algo así como quien dice, «no se confíe que esto no ha hecho más que empezar» (»el primer chico se le regala a cualquiera»). La expresión ha trascendido al lenguaje común para referirse con cierta resignación, pero con esperanza, que aun cuando las cosas empiecen mal, pueden acabar bien. ¿Pero por qué el inglés? El recurso a este gentilicio en la fraseología popular isleña tiene mucho que ver con presencia de una colonia británica que desde el siglo XIX se asentó en el archipiélago. El inglés se convierte así en personaje cuasiarquetípico afín a «Periquillo el de los palotes» o «Mateo el de la guitarra». Expresiones que rememoran a un sujeto anónimo víctima de la negligencia: «sin querer se mató un inglés»; o se refieren al entrometido que se lleva un chasco y es despedido con un «¿no fumas, inglés?»; o lo que se dice de un sujeto agarrado, poco generoso: «el inglés que no da manteca, no es buen inglés». A ello se suma la tendencia del nativo insular a vacilar con el inglés o choni (así se le llama en Canarias al turista anglosajón y también al procedente del centro y norte de Europa), como si lo considerara medio tolete por el hecho de su limitada comprensión de nuestra lengua: «inglés no querer buen principio», se dice en el envite en tono burletero.
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