Teatro
‘Al vacío’, de La Inasible, alerta de la manipulación del lenguaje
Mónica Aguiar aborda un tema de plena actualidad en su nuevo montaje que llevará el próximo 19 de abril al Nuevo Teatro Viejo de Arucas dentro de una pequeña gira por las Islas

Los actores Toni Álvarez y Mónica Aguiar durante la representación el pasado 22 de marzo en Guía. / MIGUEL A. PADRÓN
La compañía teatral grancanaria La Inasible alerta de la manipulación en el lenguaje con su nueva obra, Al vacío, que se encuentra representando en Canarias. Se trata de un trabajo importante en la trayectoria de la actriz y directora Mónica Aguiar desde que volviera de Barcelona para establecerse en Gran Canaria. Pero sobre todo se trata de una obra de plena actualidad porque trata la ambigüedad de las palabras partiendo del libro del filósofo Appiah Mentiras que nos unen. Y lo es en un momento en el que Trump no para de sacudir a todo el planeta con sus contradicciones. «El lenguaje puede ser una puerta hacia el encuentro y un espacio de libertad que propicie la reflexión, pero también un lugar de desencuentro y de manipulación», señala la actriz.
«La identificación y apropiación de los discursos sin haberlos cuestionado y atravesado por la propia experiencia puede ser peligroso, corremos el riesgo de asumirlos de forma dogmática», añade. Desde ese lugar «no hay posibilidad de mirar al otro más allá de las etiquetas. Entiendo el teatro como un espacio abierto que permite generar esa reflexión, fuera de los juicios, donde el lenguaje puede ponerse en cuestión y abrirse a nuevas formas de mirar». Tras su estreno el pasado 22 de marzo en Guía, Al vacío pasará por el Nuevo Teatro Viejo de Arucas (19 de abril), el Espacio La Granja de Santa Cruz de Tenerife (20 de junio) y el Teatro Guiniguada de Las Palmas de Gran Canaria (3 de julio). «Es una obra que, a través de una puesta en escena y una estructura compleja, presenta situaciones muy cercanas y reconocibles que, precisamente por su identificación, despiertan también el sentido del humor», añade la actriz.

Mónica Aguiar durante un instante de ‘Al vacío’. | MEGUI HERNÁNDEZ
Dos universos
En escena conviven y dialogan dos universos que entremezclan el lenguaje contemporáneo, lo absurdo y lo poético. A través de dos personajes, un hombre y una mujer que intentan comunicarse, y un tercer personaje que observa e interviene. «Para mí siempre es complejo ponerle palabras a lo que hago para explicarlo, y, justamente eso tiene mucho que ver con esta obra. Creo que el teatro se tiene que experimentar desde los sentidos y está más cerca de ese lugar inasible de lo poético que de la lógica racional», asegura Aguiar. Desde 2020 hasta ahora, el recorrido de la compañía ha permitido consolidar un lenguaje propio que se ha ido definiendo con la práctica. «Este proceso no ha sido solo una profundización en una manera de hacer, sino también un descubrimiento progresivo del ‘color’ que define nuestras creaciones», asegura. «Cada nuevo proyecto representa un reto personal, una oportunidad de crecimiento que implica asumir un mayor riesgo en cada montaje».
Así, en la primera propuesta, Quién vive, ese reto fue «levantar una obra en solitario». En el segundo montaje, El lodo que fuimos, se amplió el equipo «manteniendo la misma metodología de trabajo, y se incorporó en la escena Isabel Cabrera». La obra recibió el Premio a Mejor Espectáculo» en el festival internacional XV Cenit que organiza el Centro TNT de Sevilla, y en esta última pieza, Al vacío, el desafío ha sido doble. «Por un lado, me he colocado en la escena en una posición más secundaria, lo que me ha permitido habitar, durante la primera fase de los ensayos, un espacio más centrado en la dirección, para luego compartir escena con Sara Álvarez y Toni Báez». Y por otro, «escribí el texto previamente al inicio de los ensayos, a diferencia de los trabajos anteriores, donde la dramaturgia surgía del propio proceso de creación».
Al vacío es la tercera obra de la compañía en seis años. «Nuestra manera de crear, basada en la investigación, necesita de un proceso que va desde la recogida de información, pasando por la práctica escénica como lugar de búsqueda durante los ensayos, hasta la posterior puesta en escena, con su integración y profundización. No trabajamos desde la lógica del mercado, y para mí eso también es una forma de cuidar y respetar al público». Por otro lado, «nos interesa profundizar en los contenidos que abordamos. Por eso, las tres obras forman parte de una investigación mayor que, a modo de trilogía, explora desde distintas perspectivas el impacto del sistema patriarcal en diferentes ámbitos de la vida».
Mónica Aguiar asegura sentirse en sintonía con otras mujeres creadoras canarias desde el riesgo, como Bibiana Monje, «que tiene una parte existencialista y de experimentación que puedo ver compartida», Aranza Coello, Romina R. Medina, Rosa Escrig y Guaxara Baldesarre con Carmela Rodríguez desde la producción, que además «iniciamos nuestros proyectos al mismo tiempo». Le interesa autores como Müller, Grotowski, Kantor y lo relacionado con la parte ritual del teatro. «El lenguaje de Pina Bausch me conmueve. Me interesa mucho la dramaturgia contemporánea, Angélica Lidell, María Velasco, etc. además del cine de Tarkovski, David Lynch, y libros como Los claros del bosque de María Zambrano o Seguir con el problema de Donna Haraway, entre otros», asegura.
La actriz finalmente habla del funcionamiento de un Nuevo Espacio Permanente de Creación (calle Obispo Rabadán, 22 en Las Palmas de G.C.) donde se producen encuentros los martes de 19,00 a 21 horas «Actualmente lo estoy abordando a través de talleres monográficos en los que los participantes experimentan un proceso creativo», señala. En este momento está en marcha Hacia una creación propia y donde durante tres meses los participantes aprenden a través de la vivencia del proceso de una puesta en escena. «Son ellos quienes generan el material, con mi acompañamiento y la retroalimentación del grupo. De esta manera, desarrollan su faceta como creadores y no solo como ejecutantes, conectando con su propio potencial creativo».
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