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Entrevista | Miguel Sánchez Zambrano Terapeuta sistémico, coach y farmacéutico

Miguel Sánchez Zambrano, terapeuta: «Condenar el amor sería condenar a Dios»

El autor de 'Homosexualidad. Las razones de Dios' presentó el pasado viernes en la ULPGC un libro que cuestiona la interpretación bíblica sobre la homosexualidad y reclama igualdad plena ante la Iglesia para el colectivo LGTBI

Miguel Sánchez Zambrano.

Miguel Sánchez Zambrano. / LP/DLP

Martina Andrés

Martina Andrés

Las Palmas de Gran Canaria

¿Qué objetivo persigue con su libro Homosexualidad. Las razones de Dios?

Aportar mi granito de arena para lograr construir una nueva realidad en la Iglesia. Para que nos asuma a las personas homosexuales como iguales ante el resto de las personas heterosexuales, entendiendo que todos somos hijos de Dios e iguales ante él. Nuestro deseo es ser iguales ante la Iglesia. Lo mismo en cuanto al tema del sacramento del matrimonio. No ya la bendición de las parejas homosexuales, sino lo que significaría realmente de igualdad con las personas heterosexuales.

¿Hubo algún punto de inflexión en su vida que lo llevara a escribirlo?

A los 14 años sufrí abuso de poder y de confianza de índole sexual por un sacerdote escolapio. Yo estudiaba en los escolapios de Granada. De hecho, estoy en el listado de la comisión Gabilondo como víctima abusada de la iglesia. No físicamente, sino a nivel de poder y conciencia. A esa edad ya sabía que era homosexual, incluso había tenido relaciones. Entonces, ese sacerdote me condenó por serlo. Me dijo que Dios me condenaba a un infierno eterno. Eso produjo en mí una alteración de emociones tremenda, que desembocó al cabo de seis años en una crisis epiléptica. Somaticé aquella condena. Era un adolescente de 14 años sin juicio para poder responder a aquellas palabras que me dijo. Muy creyente, educado en una familia católica, etcétera. Aquella condena había generado un foco epiléptico, una división. Lo que ocurre en la mente es que hay una división mental entre lo que me dice el sacerdote, que Dios me condena, y por otra parte, mi propio juicio personal, en el que veo que no es posible que Dios me condene por como Él me ha hecho. Y siendo el amor de Dios que me quiere como Él me ha hecho. Pero por otra parte, los sacerdotes que son la máxima autoridad religiosa, me condena.

¿Cómo le hizo frente?

Fue un arduo trabajo de reunificación conmigo mismo, de muchas terapias. Un proceso de muchos años. Aquello ocurrió en el año 1972. Y estuve hasta el año 2016. Empecé con un tratamiento de 11 pastillas diarias. Estuve muy bien controlado médicamente, nunca volví a tener una crisis epiléptica. Me libré de la mili por ese tema, fue lo único bueno. En 2016 me hacen un profundo estudio mental y como que había desaparecido. Normalmente las enfermedades mentales no tienen cura. Así que le pregunté al neurólogo qué clase de explicación tenía esto y me dijo que si lo que yo había tenido fuera una herida, lo que me quedaba era la cicatriz. Ya no tomaba ninguna medicación, hago deporte 3 veces por semana. En fin, todo cambió. Sin embargo, me quedaba en mi propio auto-rechazo. Porque si pensaba en el origen, si Dios me rechaza, pues yo me tengo que rechazar. Tengo que vivir en lo que se llama homofobia internalizada. Yo jamás he recibido rechazo de nadie, ni de familia, ni de amigos, ni de compañeros de trabajo, jamás. Era yo mismo el que me rechazaba y ese rechazó interior lo somaticé con la epilepsia, que se curó en 2016. Pero me quedaba ese rechazo espiritual.

¿Y cómo gestionó este rechazo interno?

Hubo un proceso de justicia restaurativa. El sacerdote que me había condenado ya había muerto. Entonces, me preparé para un encuentro con el superior, con el provincial de los Escolapios actuales. Se desplazó a Granada para levantarme la condena, que todavía psicológicamente ahí estaba. Y fue un encuentro maravilloso. Me levantó la condena, me bendijo, etcétera. Y ahí se cerró también la herida emocional. Todo esto quería plasmarlo en el libro, para ayudar a las personas a tantísimas personas LGTB que sufren este rechazo, esta condena, de la Iglesia, de la familia y de la sociedad, que es la que está cambiando todo esto. La Iglesia todavía va un tanto lento.

¿Qué se explica en el libro con respecto a la actitud de la Iglesia con el colectivo LGTBI?

La condena de la Iglesia se basa en una serie de versículos de la Biblia. Hay versículos del Génesis, jueces, romanos... De esos versículos, la Iglesia hace una interpretación según la cual, condena a las personas homosexuales. Yo trato de desmontar la interpretación de la Iglesia, porque esos versículos no condenan las relaciones afectivas y amorosas entre dos personas, aunque sean iguales. No pueden condenar, porque condenar el amor sería condenar a Dios. Pero eso la Biblia no lo dice para nada, es la interpretación que hace la Iglesia. Hay textos a los que puede acogerse la Iglesia para acogernos a todas las personas. Desde ahí, voy a dibujar la igualdad con las personas heterosexuales. No solamente que no nos rechacen, sino que nos acojan. Basándome en textos bíblicos, trato de fundamentar cómo la Iglesia puede acogernos.

¿Cómo ve ahora la situación con el Papa León XIV?

Lo veo como creo que lo podemos ver todos. Primero, el Papa Francisco abrió una ventana al mundo, a la gente, a la aceptación. Estábamos en una habitación, con la puerta y la ventana cerradas, metafóricamente hablando, y el abre la ventana y podemos respirar. Pero Francisco no hace ningún cambio doctrinal. No cambia el catecismo, no cambia absolutamente nada. Hace algo fundamental, que es como el punto cero: hablar abiertamente de esta situación, de tantos millones de fieles LGTBI ante la gente en la Iglesia. El primer paso es abrir la ventana y poder respirar, pero la puerta no la abre. La puerta sería el cambio doctrinal, donde se lo acoja en igualdad con lo heterosexual en la doctrina de la iglesia. En una declaración reciente, León XIV dice textualmente que acogida sí y cambio doctrinal no. La acogida es lo que hizo Francisco. Por ahora, el actual Papa lo que declara es que sigue acogiendo, pero no va a cambiar un ápice de la doctrina. En la práctica real estamos exactamente igual.

Usted se define como terapeuta sistémico y ayudador. ¿En qué consiste este trabajo? ¿Ayuda a personas que han pasado por un proceso similar al suyo?

En mi trabajo como psicoterapeuta he ayudado a personas que no se aceptan. Desde que hice el proceso de justicia restaurativa, empecé como profesional. Llevo desde el año 2021, y trabajo en este ámbito de la Iglesia con el objetivo de juntar a una persona abusada por la Iglesia con el agresor. El objetivo es unirla con el ofensor y que reconozca el daño que hizo y lo repare. Luego está la libertad de la víctima de perdonar o no perdonar lo que le hicieron. Es un reconocimiento que la Iglesia ya ha aceptado.

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