Entrevista | Javier Cámara Actor
Javier Cámara, actor: «La naturalidad fresca que hay en la calle es muy difícil de interpretar»
El actor de cine y teatro, conocido por películas comoTruman, aterriza en Las Palmas de Gran Canaria el próximo viernes 24 de abril en el marco del 25º Festival Internacional de Cine de Las Palmas de Gran Canaria. Participa en las Jornadas del Oficio Cinematográfico, donde compartirá mesa con los actores Laia Costa y Asier Etxeandia.

El actor español, Javier Cámara. / Francisco Guerra

Usted fue jurado en el Festival Internacional de Cine de Las Palmas de Gran Canaria hace diez años. ¿Cómo afronta la vuelta después de una década?
El plantel de comentaristas y de gente que va a dar su opinión sobre el cine y sobre la dirección es fantástico. Me apetece mucho marchar con mis compañeros y mis compañeras, ver a Carlos del Amor. Y volver al Festival de las Palmas, que es una preciosidad de festival. Es un festival arriesgado. Siempre buscando nuevas voces, nuevos estilos, nuevos puntos de vista. Me encantó.
¿Diría que ese ser arriesgado es uno de sus puntos fuertes que lo puede diferenciar de otros festivales?
Totalmente. Yo no sé lo que habrá cambiado, porque hace diez años que estuve allí. A mí me pareció arriesgadísimo. Daba voz a películas que en otros festivales yo no había visto. Daba voz a gente personalísima con unos puntos de vista maravillosos, distintos. Conocí a varios cineastas gallegos que estaban saliendo en ese momento, como Luis Patiño, gente súper interesante. Las Palmas era una avanzadilla del cine que ahora está en la pantalla. Apostó por gente muy importante en la que nadie confió tanto.
Carlos del Amor modera estas jornadas del oficio, una especie de mesa redonda en la que está con Laia Costa, con Asier Etxeandia , también directores como Oliver Laxe. ¿Qué cree que puede salir de aquí?
La verdad que somos gente distinta y muy entusiasta. Nos gusta mucho lo que hacemos. Imagino que si hay que motivar a alguien que en el público, que esté intentando dar sus primeros pasos, intentando animarse en esto, iremos con toda la energía para decirles que la próxima generación son ellos y ellas y que tienen que dar el paso. Contarles nuestra experiencia, contarles nuestro viaje. La verdad que los viajes siempre son muy personales. Pero siempre se puede encontrar algún punto en común que les pueda ayudar.
Con viaje se refiere a trayectoria profesional.
Claro, la trayectoria de cada uno es muy personal. Es muy complicado que algo que a ti te ha servido en tu trayectoria, sirva a otro. Y contar tu trayectoria de una forma como demasiado personal no sé si servirá a nadie. Pero siendo un poco empático y recordando los momentos complicados del inicio y cómo fueron los inicios con la gente, también se reconcilia uno mucho con esta profesión, viendo que, para todos, los principios siempre han sido muy complicados.
¿Qué diría que es lo que más ha cambiado en el oficio cinematográfico, en su caso, en el oficio de ser actor? El rodaje de la película 53 domingos fue de cinco semanas. Ahora, por ejemplo, los rodajes son más cortos.
Yo ahora soy más consciente. Durante mucho tiempo, me preocupaba por mi trabajo exclusivamente, por hacerlo bien, por intentar hacerle caso al director, por conocer la técnica. A lo largo de los años, vas oyendo, vas viendo. Ahora estamos delante de las generaciones mejor formadas, que tienen mucha facilidad para coger un teléfono móvil y hacer una película. Por un lado hay como facilidad técnica y, por otro, hay un embudo muy complicado que se ha abierto con el cine dirigido por mujeres. Muchas directoras han entrado en el cine gracias a las ayudas y a los incentivos y a las situaciones que están pasando para que haya un 50% de género que pueda empezar sus películas. Pero sí creo que hay muchas más cosas por hacer. Lo interesante es que la profesión cambia muchísimo y hay que estar muy atentos a eso. Ya no como actores, sino desde la gestión, desde la producción, desde los ministerios, desde las plataformas. Todo eso cambia pero la forma de actuar cambia muy poco.
Sobre Carmen Machi, con quien actúa en la película 53 domingos, ha contado que es una maravilla perderse en sus ojos. ¿Hasta qué punto esta mirada es importante durante un rodaje?
El trabajo del actor no es un trabajo solitario. A no ser que estés haciendo un monólogo. Pero si estás haciendo un monólogo en el teatro, la mirada del espectador es el otro actor. No estás nunca solo. El teatro no se puede hacer solo. Hay un público que te escucha, que te respira y que te mira y te responde. Lo mismo pasa en el cine o en la televisión. Los compañeros, los trabajadores, la gente que hace cine está pendiente de tu trabajo. Lo mejor que te puede pasar es que tengas a gente fantástica delante que te mire, que te respire, que te responda, que entre en ese juego teatral. Por eso hablaba de actrices como Carmen Machi, como Ana Wagener, como María Pujalte, como Nathalie Poza, Anna Castillo o actores como Eduardo Fernández, como muchísima gente maravillosa, como Laia Costa, en este caso. Hay gente muy brillante que te hace mejor como actor. Este trabajo lo haces tú solo porque estudias en una escuela y estás ahí trabajando tú solo. Pero lo que tienes que tener en cuenta es que se lo estás diciendo a alguien, ya sea a otro actor o a un público. Y esa respuesta que recibes es la que te hace crecer, al personaje y al actor.
Hablando de otros cambios que ha habido en el oficio, 53 domingos es una película que llegó directamente a Netflix. ¿Qué cree que se gana y que se pierde cuando una historia se deja de pensar para esta experiencia colectiva que es ir a la sala de cine?
A veces Netflix organiza películas que sí que van a salas. Me acuerdo de Roma, o me acuerdo de la película de Bayona, que tuvo grandes éxitos en el cine también. No sé en qué tipo de contrato tienen con Cesc [Gay], si a él le interesaba ir a pantallas del cine o no. A mí me hubiese encantado. Sobre todo cuando la comedia vive un momento precioso en el cine en España. Pero son contratos que se hacen con las plataformas.
Comenta que la comedia está viviendo un momento precioso en España, ¿por qué lo dice?
El cine en general. Se puede mirar el momento de Cannes, por ejemplo, este año, con esos cuatro cineastas [Almodóvar, Sorogoyen y Los Javis] y con Aina Clotet. Y por la taquilla de Santiago Segura y otras películas, como Altas capacidades, Amarga Navidad... Siempre hay sorpresas en el cine y aunque haya crecido muy poco el público en las salas, parece que se va como solidificando algo que era un problema después de la pandemia. Lo mejor que tenemos es que las mujeres han entrado con una fuerza maravillosa en la pantalla y que las nuevas generaciones y los actores jóvenes están preparadísimos. Hablan muchos idiomas, hay gente con mucha ilusión, gente muy preparada. La cultura ahora mismo vive un talento fantástico. Lo único que hay que hacer es darle alas para que vuele alto.
¿Han influido en esto las plataformas como Netflix o las propias redes sociales?
Y el teatro. Sobre todo el teatro. Los teatros están llenos. ¿Te acuerdas de aquella frase que hablaba de la crisis del teatro? Que decía que el teatro está en crisis. Pero el teatro lleva 3.000 años y está más vivo que nunca. Ahora con la inteligencia artificial el teatro está todavía más vivo. La gente necesita una representación viva, fidedigna, real, natural, el frente a frente. Enfrentarse a la realidad con un actor delante. Nuestro trabajo está vivo y hay que seguir manteniéndolo así, dando las gracias a que las nuevas generaciones vengan todavía más preparadas.
Ha dicho en alguna ocasión que no ha estado seguro de que es actor hasta hace relativamente poco, después de 35 años en la profesión. ¿Qué le hizo sentir que pertenecía al oficio?
Sí que me he sentido actor, lo que pasa es que es cierto que cuando estás siendo actor no sabes lo que va a sentir el público cuando lo vea. Si va a ver que tú lo has hecho bien o mal. Estás todo el rato en tela de juicio porque tú eres tu primer crítico. Sí que me he sentido actor hace mucho, pero es verdad que ves la dificultad de muchos compañeros, de mucha gente que está intentando mantenerse en esta profesión de la forma más coherente y más segura y es muy complicado. Como actor, he tenido el síndrome del impostor que a veces nos persigue un poco. Pero después de 30 y tantos años, hace bastante tiempo ya que siento que soy actor. De hecho, siento que no me podría dedicar a otra cosa.
Con todos los personajes que ha hecho a lo largo de su carrera, tanto en el teatro como en el cine, ¿diría que usted es un actor de lo cotidiano?
Creo que la naturalidad fresca que hay en la calle es muy difícil de interpretar. Somos sobrinos o sobrinos-nietos de una generación que en los años 60 y 70 formó parte de una familia cinematográfica y teatral. Una familia absolutamente brutal. Con Fernán Gómez a la cabeza, o Landa, por ejemplo, que vuelve con fuerza con su documental, López Vázquez, Marisa Ponte. Toda esa gente generó una naturalidad y una frescura a la hora de interpretar, que esperemos ser fieles familiares lejanos de lo que fueron ellos y su talento. Lo que consiguieron fue es complicado.
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