Entrevista | Oliver Laxe Cineasta
Óliver Laxe, cineasta: «Si ‘Sirat’ es un ticket para una terapia de choque, mi próxima película va a tener más terapia que choque»
El cineasta Óliver Laxe (París, 1982) protagonizó este jueves el primer encuentro de las ‘Jornadas sobre el Oficio Cinematográfico’ en el marco del 25º Festival de Cine de Las Palmas de Gran Canaria.

El cineasta Oliver Laxe, este jueves, en el Hotel Cristina by Tigotan en Las Palmas de Gran Canaria. / Tony Hernández
¿Cómo se vive en la orilla después del tsunami de Sirat?
Pues muy bien. Yo vengo de mi casa, en Galicia, y poco a poco he ido volviendo a la normalidad. Aunque siempre he estado en la realidad, ahora ya estoy descansando más. Yo tengo una vida muy enraizada en Galicia, así que no me ha costado mucho volver a la realidad porque ya estaba en ella. Pero he vuelto a tener mi vida de siempre, con mis vecinos, limpiando la casa, ordenando mis papeles, trabajando en la huerta. No tengo ningún tipo de depresión posparto: estaba muy bien en el tsunami, y estoy muy bien en la orilla después del tsunami.
Supongo que no se puede volver a cruzar un Sirat sin antes ordenar la casa y cultivar el jardín.
Todas las religiones están en esos gestos, ¿no? (Risas). Sin duda, soy ese tipo de persona. Durante este año, mi vida ha sido desordenada y ahora necesito limpiar a fondo y ordenar las ideas.
Antes mencionabas esa naturaleza «enraizada» en tu tierra y tu próximo proyecto en ciernes supone un regreso a las raíces, ¿que nos puede avanzar?
Sí, así es, es curioso porque va de una raíz, que es el origen del ser humano desde el inicio de los tiempos, y luego es como una liana que sube al cielo. Lo que preparo va de cómo los seres humanos intentamos subirnos a esa escalera para llegar al cielo. Esa podría ser la imagen que lo resume y espero tener un guion de aquí a finales de año.
Si Sirat planteaba un rito de paso hacia la muerte, ¿qué rito entraña tu próxima película?
Esta pregunta es muy interesante porque la película, en sí, va a ser un rito. Cuando uno ha visto Sirat ha pagado el ticket para una terapia de choque. Morimos cuando vemos Sirat. Y eso es bueno. La próxima película va a tener más terapia que choque. Pero va a ser de nuevo una invitación a que el espectador, a través de su cuerpo y su mente, suba esta liana hasta el cielo y sienta el cielo en su piel. Ojalá sea así. Los artistas somos pretenciosos con nuestras intenciones, aunque luego nos quedemos a medio camino. Pero la intención tiene que ser ambiciosa.
¿Tú crees que ser pretencioso es ser ambicioso?
Absolutamente. Vivimos en unos tiempos en los que parece que la única solución que tenemos es mirar más adentro o al cielo, que es un poco lo mismo.
Pero también eres disruptivo.
Soy disruptivo a mi pesar, soy provocador a mi pesar. Creo que mi gesto también es tierno. Sinceramente, tengo ganas de cuidar y de servir. Eso está muy por delante a la hora de empezar un proyecto. La noción de servicio es muy importante para mí.

El cineasta Oliver Laxe, este jueves, en el Hotel Cristina by Tigotan en Las Palmas de Gran Canaria. / Tony Hernández
Pienso que los espectadores vimos Sirat sin saber que pagábamos ese ticket para una terapia de choque. Pero ahora ya sabemos que lo pagaremos para tu próxima película. ¿Desde qué lugar esperas que volvamos a tu cine?
Para mí es muy excitante pensar en eso. Me gusta mucho, porque en España no hay tanta tradición de cine de autor. Sí empezó con Almodóvar, por ejemplo, y es interesante porque ya sabes a lo que vas: vas a ver una película de Almodóvar. Y creo que eso va a suceder un poco conmigo. Desde luego, va a ser una experiencia que no va a dejar indiferente a nadie. Yo creo que hoy el espectador está un poco aburrido, ¿no? Y necesita experiencias de este tipo.
En este sentido, ¿concebiste Sirat como un salto al vacío desde el comienzo?
Sí, yo podría haber hecho una película mucho más comercial, más clara, políticamente correcta. Eso es fácil. Si no lo he hecho es porque he considerado que no era coherente con cómo quiero relacionarme con el espectador. Yo he preferido saltar al vacío.
¿Y cómo te relacionas tú con ese vacío como cineasta?
Depende de la película, pero te diría que como una madre. Por ejemplo, Sirat fue una película difícil de parir. Me gustaría que vieras que hacer una obra de arte es como tener un hijo, que es el mismo canal. Cuando tu casting no está cerrado es como cuando tu bebé tose y ya te empiezas a preocupar. Yo soy como una mamá, tengo un vínculo con la obra muy estrecho. Siento cualquier movimiento, cualquier patada que da en mi estómago. Entonces, con la edad, la fe y la experiencia -porque no era mi primer parto-, ya voy sabiendo responder, pero Sirat fue un parto duro. Y fue un parto duro porque yo estaba mucho más cerca de que la película fuera un fracaso a que estuviera nominada a dos Oscar, ganara un premio en Cannes o fuese un éxito en taquilla. La película era muy arriesgada y era muy fácil que mi gesto fuera malinterpretado. Y hubo mucha gente que lo malinterpretó, pero es normal, yo asumía que eso podía pasar.
Pero, realmente, no pasó del todo.
Claro, no pasó, porque si no, la película no hubiera dado la vuelta que ha dado al mundo. Al final, afortunadamente, esa angustia que tuve, esas preocupaciones, eran normales y parte del proceso. Al final, el niño nació vivo, bonito, y sobre todo, parece que va a vivir muchos años.
Una vez manifestaste que «hoy en día no hay nada más contracultural y punki que hablar de fe». ¿Cuál es la fe que te mueve?
Creo que es mi sensibilidad. Cada cineasta tiene una sensibilidad diferente. En mi caso, yo tengo una sensibilidad trascendental y es lo que me interesa, así que es mi responsabilidad seguir esa senda. Pero cada cineasta tiene su cantera en la que pica piedra. En mi caso, desde luego, soy de los que siente que no hay una hoja de esas palmeras que están ahí fuera que no se mueva por una razón perfecta. Todo está medido al milímetro y toda la realidad está pensada. Y creo que esa realidad nos cuida, aunque a veces nos sacuda. Creo que la vida está bien escrita, aun con toda mi solidaridad con la gente que sufre, obviamente. Pero yo tengo fe en esta idea.
Con todo, tu próxima película ya cuenta con numerosos productores y financiadores interesados. ¿Te preocupa que esos apoyos puedan tratar de condicionar tu libertad creativa?
No porque, a ver, ese el sueño de cualquier cineasta (risas), pero confío en que voy a saber elegir bien. Y si tengo que hacer una película con menos dinero, la haré con menos dinero, que es lo que he hecho toda mi vida. Pero creo que estoy en un buen momento, en el que hay gente que va a confiar en lo que haga y que me va a dar libertad en ese sentido. Yo tengo fe en ello. Para mí, conseguir esto es algo que nunca hubiera soñado. La situación es inmejorable. Y puede que salga mal, pero voy a tomar riesgos.
¿Hay que saltar?
Hay que saltar.
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