Música
Así es una ruta por Gran Canaria con Quevedo al volante para escuchar 'El Baifo', su nuevo disco
El artista grancanario y su equipo organizan un tour en coche para escuchar los 14 temas de su nuevo lanzamiento acompañados de algunos de los mejores paisajes de la Isla

Adolfo Rodríguez

El restaurante El Padrino espera con las persianas echadas y un silencio que rompen los pocos coches que pasan a esa hora por Las Coloradas. Son las diez de la mañana, la brisa casi que despeina y las nubes cubren el cielo de la ciudad con un gris acostumbrado. Nada nuevo, si se tiene en cuenta el hecho de que Canarias ha registrado el mes de marzo más lluvioso desde el año 1961. Algo que comentan hasta los viejitos que apuran su cerveza delante de la barra plateada de cualquier bar de la capital.

Adolfo Rodríguez
El tiempo, ¿hay algo mejor de lo que hablar para romper el hielo? Es el tema de conversación universal. Así que no es raro que, al subir a una Ford Ranger decorada con una pequeña pegatina en la que se puede leer «El baifo», sea esa una de las primeras cosas a mencionar.
Al volante está Pedro Luis Domínguez Quevedo -más conocido como Quevedo- dispuesto a cumplir eso de «por la Isla te voy a dar una vuelta» que ya dijo en la canción con Bizarrap que le catapultó a la fama en aquel verano de 2022 que tan lejano se siente ya. Con chándal gris de Mowalola y gorra, el artista grancanario arranca y va calentando motores para lo que se viene: la escucha en exclusiva de su nuevo disco, a través de los altavoces, maridada con algunas de las mejores vistas de Gran Canaria.
Mientras esperamos al resto del equipo, un señor ataviado con uniforme de Emalsa se acerca al coche: «¿Eres Quevedo?», pregunta. «Sí, soy yo», le responde el cantante, que le da la mano a través de la ventanilla bajada. Después del saludo, el hombre se despide para continuar su paseo: «Muchas gracias por lo que estás haciendo».
'Está en casa'
Iniciamos la marcha en dirección a la primera parada, que no está muy lejos del punto de salida: el mirador de Las Coloradas. Antes de darle play al primer tema, Quevedo explica el origen de la canción y algunas claves del proceso creativo, inaugurando una dinámica que se repetirá a lo largo de todo el recorrido.
«La hice pensando en volver a casa y en volver a Las Palmas. Siempre me imagino esta vista o una vista parecida de toda la ciudad, desde un punto lejano, cuando pienso en volver a casa. Es por como lo veo desde el avión. Creo que es la vista perfecta, ahí con la playita», explica segundos antes de que empiece a sonar la melodía de Está en casa.
El baifo. El chiquillo. El caprichoso. También suenan estos tres términos que el artista usa para referirse a sí mismo y que, como comprobaremos más adelante, estarán presentes en casi todos los temas del que es su tercer álbum. «Siempre lo hago: la primera es como el típico tema de reflexión de todo, de cómo me sienta ahora mismo volver a vivir aquí en Las Palmas y todas las cosas que me preocupan», apunta Quevedo después de que suene la siguiente canción, Caprichoso, que comienza después de una transición casi imperceptible.
Descontrol "en familia"
«La segunda es la celebración, fiesta, descontrol, pero en familia. Siento que estas dos primeras son mucho lo que yo me imagino volviendo aquí, pero no son las canciones que más tienen que ver con las Islas», puntualiza.
La ruta continúa en dirección al norte y, mientras el cantante sortea el tráfico de La Isleta y, más adelante, el de Guanarteme -ni Quevedo se libra de los atascos de Las Palmas-, aprovecha para hablar de la siguiente canción, la que da nombre al disco: El Baifo. «En esta tercera, el estribillo les va a sonar. Tiene un sample de una canción muy especial de aquí. Se nota que la hice fuera de aquí, en Madrid. Llevaba sin pisar Las Palmas tres o cuatro meses. Se nota la nostalgia y que no estoy aquí viviéndolo mientras lo digo», reflexiona.
Salimos de la ciudad y nos incorporamos a la carretera del norte. Las nubes continúan cubriendo el cielo, aunque ya por poco tiempo. El día comienza a despejarse.
«Con la siguiente siento que la gente se va a quedar patinando», confiesa antes de que suene el cuarto tema, Gáldar, una colaboración con Tony Tun Tun que invita a no sobrepensar y a vivir el presente. Cuando pasamos el pueblo de Cueva Pintada, le toca el turno a Scandic, que lleva prácticamente desde que salió en el top de las canciones más escuchadas del país.
La favorita
Llegando al Faro de Sardina, es el momento de escuchar la que Quevedo define como su canción favorita, Al golpito, una colaboración con Nueva Línea que se aleja del sonido del reguetón más clásico que venía predominando en las primeras canciones del álbum. «Después de mucho tiempo escuchando todo, es la que más me mueve por dentro y la que me imagino en cualquier contexto. Siento que es bonita y también la veo como un mensaje para mí», confiesa.
Se intuye frío y viento en el faro, así que nos ponemos el pulóver y bajamos del coche. Es el momento de cambiar de acompañantes para seguir escuchando el disco. Con el artista venezolano Jader, que ha estado muy presente en el proceso creativo de El Baifo- vamos hasta las inmediaciones de Tejeda.
«Nosotros somos una extensión de Pedro», explica haciendo alusión tanto a él mismo como al resto del equipo. «La música está sobresaturada, es muy difícil que alguien se pare a escuchar algo, que dure en el tiempo y envejezca bien. Lo que buscamos es que la música que hagamos la escuchemos en diez años y digamos 'qué buena'. Pedro es una cabra literal. Lo que hace es chicle, es innovador, es pegajoso», apunta.

Adolfo Rodríguez
Los chiquillos de Los Brezos
Jader también hace referencia a ese camp en Ibiza en el que los chiquillos se reunieron hace ahora un año, unos días de explosión creativa en los que todos se sintieron como al principio: haciendo música para divertirse y pasar el tiempo. «En Ibiza salió la mitad del álbum. Ni borracho salió allí. Nosotros nos conocemos en cuarentena. Yo hacía pizza, Juseph trabajaba en Jack & Jones… La conexión fue a través de un amigo que tenía una casa en Los Brezos y nos dijo 'chiquillos, vénganse, hacemos un asadero'. Empezamos en una casa, con un ordenador, un cacho de carne y cien cervezas. Comenzamos a hacer música ahí. Ibiza fue un paso atrás en el tiempo», rememora.
Tras el relato de Jader y escuchar los temas 2010 y pico y Algo va a pasar (con La Pantera, Lucho RK y Juseph), el coche se para en un mirador en el que revolotean cientos de mariposas y desde el que se aprecia a la perfección un Teide con la cumbre nevada. Después de la pausa y con el día completamente despejado, nos encaminamos a la finca del chef estrella Michelín Borja Marrero, para conocer de primera mano el producto made in Canarias.
En el camino suenan Flakito, el tema más reciente, compuesto hace alrededor de un mes, y el afro de Hookah y calor, dos canciones más tranquilitas, llenas de buena vibra y que sirven para que el disco respire.
La sobremesa
Frente al roque Bentayga, después de comer queso, papas con mojo y otras delicias de la gastronomía isleña, es el turno del mejor momento de cualquier comida: la sobremesa. Esta es especial, porque todos los asistentes a este listening tour por la Isla aprovechamos para hablar de El Baifo -y de otras cosas- con su creador. Quevedo confiesa que tiene ganas de volver a girar, aunque espera poder descansar un poco tras la salida del disco. «Me lo pasé muy bien», manifiesta acordándose de su anterior gira.
También hace mención a su admiración hacia Bad Bunny -«todo el mundo sabe que a mí me encanta, es mi inspiración máxima»-, y pone el foco en cómo los artistas llevan inspirándose en otros toda la vida: «Yo no me levanté un día y dije 'quéeeeedate'», apunta entre risas.
Tras el postre y las preguntas, llega el que es, probablemente, el momento más emocionante del día: la escucha de la canción Mi balcón, mirando al roque, con los acordes del timple sonando y los rayitos de sol en la cara. Silencio y pelos de punta viendo la Isla tan verde y bonita.
A falta de tres canciones para terminar, desde Tejeda ponemos rumbo al mirador Degollada de Becerra. En el camino, suenan por los altavoces La Graciosa, el tema con Elvis Crespo que se dio a conocer de forma oficial durante el espectáculo de drones del pasado lunes, y Ni Borracho, canción que a estas alturas ya muchos definen como un himno y que no ha dejado de sonar en los mogollones este carnaval.
Llegamos al mirador y las vistas son impresionantes: el roque Bentayga, el Teide al fondo, el cielo de un azul intensísimo y la cumbre en toda su plenitud. Con el sol empezando a caer, es el momento perfecto para escuchar la última canción, Hijo de volcán, una colaboración con Los Gofiones en la que, al igual que en otros temas de este disco, también aparece el timple de Hirahi Afonso.
Esta es la canción «más pura y honesta del disco», donde Quevedo se transforma en Pedro y muestra su lado más vulnerable, hablando de Dios, de su gente, de su intuición, de la fama y de otros temas que le rondan la cabeza a sus 24 años. Edad que parece quedarle pequeña si se compara con el éxito cosechado.
«Quiero hacer música para las Islas y que mi gente se lo goce antes de que se lo goce el mundo», explica el artista. Esta es su filosofía, una que combina humildad y amor por su tierra, un amor que lo mantiene con los pies en el suelo y que también le permite, en un día como este, mirar al horizonte desde las cumbres de su querida Gran Canaria. Y, desde ahí, al mundo. Porque, al contrario de lo que puedan pensar fuera, desde esa altura nada se le queda pequeño.
- Juan Espino, el mejor luchador español de todos los tiempos
- El origen del barrio de Casablanca: una herencia marcada por la esclavitud
- Cazado en Gran Canaria un conductor que realizaba transporte ilegal de viajeros desde el aeropuerto
- El Gobierno da el primer paso para traspasar a Canarias la competencia de los aeropuertos que no son de interés general
- Abraham El Jaber, 91 años y sigue al pie del mostrador en una de las tiendas históricas de Arucas
- Los veterinarios coinciden: los perros que se alegran al ver a sus dueños volver a casa no es un síntoma de felicidad
- El restaurante de Las Palmas de Gran Canaria donde ofrecen un menú del día por ocho euros: es uno de los más baratos de la capital
- El sueño de tres calles de Guanarteme: vivir sin 150 guaguas pasando cada día