Más aceite da un ladrillo

Aceite de oliva, uno de los sectores prioritarios para Consumo. / EL PERIODICO
Luis Rivero
Esta expresión se emplea para ponderar la poca generosidad, el egoísmo o el mínimo espíritu de colaboración de un individuo. En el hablar de las islas se registran varias formas, como esta que a la frase principal se le añade la coletilla «en una seca rabiosa» [la seca es un término ligado a la tradición agropecuaria para referirse a los efectos devastadores de la ausencia total de lluvias (sequía), lo que introduce un elemento ajeno, la escasez, que obliga a acumular aún más y refuerza la actitud mezquina del sujeto referido]. Otra variante es la comparativa «más aceite da un ladrillo si se sabe raspar/arrascar bien» o esta otra que dice «dar/gastar menos que aceite da un ladrillo» que ponderan igualmente la tacañería extrema de un individuo. Aunque de origen impreciso, parece tratarse de una expresión idiomática de uso general en español («sacar aceite de un ladrillo») y equivale a la locución «pedirle peras al olmo», muy usual en castellano, y similar a la que dice «sacar de las piedras panes».
Se trata de una frase que se sitúan entre aquellas que transmiten la idea del absurdo o la imposibilidad, pues queda fuera de toda duda que resulta imposible extraer aceite de un ladrillo, lo que la convierte en una hipérbole o exageración. El recurso habitual para expresar estas ideas absurdas, disparatadas o imposibles es la construcción de metáforas que buscan a menudo el elemento de cercanía con la realidad; objetos y animales con los que el hombre se relaciona cotidianamente y que forman parte del entorno doméstico y del mundo rural. En esta categoría entran el mobiliario y utensilios de la casa, aperos de labranza e instrumentos y herramientas en general. Así, por ejemplo, como parte del imaginario doméstico surge la expresión «beber como un garrafón» o en cuanto a los aperos se puede decir «ser más bruto que un arado» o respecto a otras herramientas «comer como un serrucho». Estos objetos con los que se establece la comparación hacen destacar la facultad o característica que se les atribuye y por asociación de ideas surge la metáfora [p.ej., el garrafón sugiere una notable capacidad de contener líquido y mediante este símil se asocia con el que bebe mucho]. En otras ocasiones la alegoría se construye con referencia a un animal, como «es más difícil que matar un burro a pellizcones», comparación que resulta tan exagerada como imposible.
La frase «más aceite da un ladrillo» recurre a un elemento o material constructivo del que, ni de lejos, podría resultar verosímil la extracción de aceite. Con lo que se reduce al absurdo la posibilidad de contemplar que el individuo al que se refiere (la comparación) sea capaz de abrir la mano y mostrarse mínimamente generoso y condescendiente frente a otra persona. Con lo que se quiere expresar que es tan agarrado, tan tacaño y egoísta que no cabe esperarse de él un mínimo gesto de liberalidad. La frase se puede emplear como respuesta a una pretensión rechazada: «más aceite da un ladrillo» (que aquí sería sinónimo de «no le pidas peras al olmo») o en forma comparativa «dar menos/gastar menos que aceite da un ladrillo», algo que parece imposible (que el sujeto en cuestión de muestras de generosidad) pues sería más fácil obtener aceite de un ladrillo. En este sentido es afín a las expresiones: «ser más agarrado que un pasamanos»; «ser más agarrado que una lapa» o «ser más agarrado que un luchador», para significar que alguien es muy pero que muy tacaño.
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