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Análisis

Israel y el poder de sus narrativas

Este valiente y riguroso libro del profesor Younis debe ser leído con los ojos y la mente abiertos para entender los perversos mecanismos por los que se está cometiendo el genocidio del pueblo palestino

Israel y el poder de sus narrativas

Israel y el poder de sus narrativas / LP/DLP

Javier Doreste

Javier Doreste

José A. Younis ha escrito no solo un libro que analiza el discurso dominante del sionismo como caso práctico de manipulación a través del lenguaje sino un tratado teórico, basado en ese mismo caso práctico, de la manipulación del lenguaje y la información para mediatizar las mentes de la población en general. No sólo en los medios de información, prensa, radio y televisión, sino en los variados soportes existentes hoy en día: desde x a Facebook pasando por la modalidad que ustedes quieran. La construcción sistemática de la falsa noticia, lo que se llama fake news, bulos por encargo, criminalización del oponente, deshumanización del otro, mentiras que han convertido la política y la sociedad en un fango que impregna mentes y voluntades. Goebles fue uno de los impulsores de estas prácticas y hoy en día, sin diferencias notables, el aparato de propaganda sionista aplica los mismos esquemas al pueblo palestino.

Manejando una abundante bibliografía y acudiendo a las fuentes primigenias y originales, Younis va describiendo los mecanismos por los que el aparato de propaganda, medios de comunicación, redes sociales, etétera., van desgranando un discurso encaminado a eliminar cualquier oposición a la política genocida del estado de Israel. Condenando los brutales atentados de Hamas y expresando su solidaridad con el dolor de los familiares de víctimas y secuestrados, el autor denuncia con claridad y contundencia como la bárbara actuación de Hamas solo ha servido de excusa para que el mensaje sionista se infiltre en lo más profundo de la sociedad occidental.

Con justificaciones tan absurdas como: Israel tiene derecho a defenderse, cuando se crítica la destrucción sistemática y planificada de vidas palestinas en Gaza. El silencio ante esos crímenes contra la humanidad pierde toda dignidad. No vale callarse y es preciso construir otro sentido común, otro lenguaje y otro discurso que reivindique que todas las vidas son dignas de ser vividas y que ninguna, palestina o israelí, vale más o menos que otra.

Que hayamos normalizado la situación y asumamos, consciente o inconscientemente que las cosas son como son y no se puede hacer nada cambiarlas, es uno de los mayores triunfos de los que desprecian la vida humana y solo piensan en términos de codicia y religión. La prohibición de los actos cristianos en Jerusalén es una muestra de que Israel ha entrado en una deriva teocrática, en la que si no crees en mi dios, el que me eligió, puedes ser borrado de la faz de la tierra, a la manera en que la Biblia cuenta las barbaridades cometidas por los israelíes cuando llegaron a la supuesta tierra prometida, en el inicio de los tiempos.

Con rigor de científico social el autor analiza las distintas estrategias que persiguen la disociación de la opinión mundial mediante la construcción de la narrativa destinada a lavar la cara y justificar las acciones del estado sionista. Desde la disociación moral que diluye la responsabilidad de los bombardeos sobre Gaza, descritos como operaciones de seguridad o daños colaterales que convierten el crimen en un acto administrativo y técnico; la cognitiva mediante la que aún condenando la violencia y la guerra se justifican las acciones bajo lo que dijimos antes de «Israel tiene derecho a defenderse»; la que busca la des realización mediante la presentación de las ruinas del enclave palestino y la actuación de los tanques y soldados israelíes como un espectáculo lejano; la que mediante la saturación de imágenes y cifras de muertos consigue el entumecimiento moral de la ciudadanía, los muertos son cifras y no personas y, por último la que llama ontológica: la seguridad de Israel sólo puede garantizarse por la guerra que conlleva el exterminio del pueblo palestino.

Todo ello acompañado por el discurso que presenta el asunto como un choque de civilizaciones: los bárbaros árabes frente a los civilizados israelíes; los palestinos son como animales y su sufrimiento es innato y está marcado en su destino. No en vano la violencia palestina se etiqueta como terrorista y la israelí como defensa. Esta supuesta defensa encubre, en realidad, lo aterrador de la represión y se insiste en la deshumanización de la población palestina. Los medios de comunicación, bajo influjo y mediatización israelí, presentan la Intifada como una acción terrorista y no como un levantamiento civil anti colonial.

Al fin y al cabo, Israel se presenta como parte de la cultura occidental mientras que los palestinos se presentan como árabes analfabetos. Esto permite la hipócrita expulsión de los espectáculos deportivo y musicales de Rusia por su inadmisible acción en Ucrania y la aceptación en ellos de Israel pese a la ocupación y el genocidio. Israel es rico y los árabes son pobres. Lo que aprovecha Younis para recordar el sano discurso contra la aporofobia construido en su momento por la filósofa Adela Cortina. No es baladí esta cuestión, en el fondo la comunidad occidental se ve tentada a rechazar a los palestinos no tanto por la amenaza islamista con la que se les representa, sino porque son pobres y por tanto posible inmigrantes que buscaran refugiarse en Europa de la pobreza, el hambre y la guerra.

Hace poco el filósofo Daniel Barreto explicó en una conferencia titulada Hannah Arendt: el perdón como experiencia política, la importancia del perdón en la acción política, entendido desde la política y no desde la religión. Nos recordaba asimismo que ese perdón no podía alcanzar Auschwitz ni el universo de campos de exterminio nazis.

Vinculaba dicho perdón al concepto de justicia ananmnética, la que incluye la memoria de las víctimas, argumentando que la verdadera justicia no puede construirse sin recordar el sufrimiento pasado. Ese sufrimiento pasado de la Shoah está vigente en la sociedad israelí. Pero las acciones del estado de Israel han convertido el sufrimiento palestino ante el exterminio al que se le somete en un espejo, cruel, de esa misma Shoah. Los crímenes de Israel no podrán ser perdonados como no lo son los de los nazis, no solo contra los judíos, también contra eslavos, gitanos y homosexuales, por ejemplo.

Por eso, este valiente y riguroso libro del profesor Younis debe ser leído con los ojos y la mente abiertos para entender los perversos mecanismos por los que se está cometiendo y justificando el genocidio del pueblo palestino. Pero además debemos, al leerlo, mantener la empatía suficiente con ese pueblo para que podamos conmovernos ante el crimen.

Aquí, entre nosotros, Pablo Hasél cumple cinco años de cárcel por un delito de opinión. No lo olvidemos.

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