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Cine

Identidad, memoria y pertenencia: ‘Trial of Hein’ inaugura la sección oficial del Festival de Cine de Las Palmas

El director Kai Stänicke debuta con un filme sobre el regreso a un lugar de origen que ya no reconoce al protagonista, articulado como un juicio donde la memoria individual choca con el relato colectivo y pone en cuestión la identidad y la pertenencia. La película se puede volver a ver el miércoles a las 18.00 horas en el Cine Yelmo Las Arenas

El director alemán, Kai Stänicke.

El director alemán, Kai Stänicke. / Tony Hernández

Martina Andrés

Martina Andrés

Las Palmas de Gran Canaria

«¿Qué parte creamos para los demás y quiénes somos realmente? Vivimos en esta dicotomía». La pregunta, lanzada por el director alemán Kai Stänicke funciona como una grieta por la que se cuela su primera película, Trial of Hein (El juicio de Hein), que aterriza hoy en la capital grancanaria.

El largometraje ha sido el encargado de abrir este lunes la sección oficial del 25º Festival Internacional de Cine de Las Palmas de Gran Canaria, una cinta que se instala en el territorio inestable donde la identidad deja de ser un refugio y pasa a ser un campo de batalla.

La sinopsis

Hein vuelve a su lugar de origen tras 14 años fuera, pero se encuentra con una comunidad que no le reconoce como quien dice ser. A partir de ahí, el relato del largometraje se articula como un juicio, externo e interno, en el que su protagonista se cuestiona quién es y la legitimidad de sus propios recuerdos. «Esta es una película que habla del hogar, del retorno al lugar de origen», explicó Stänicke desde el Auditorio Alfredo Kraus.

El título original remite al concepto alemán Heimat, una palabra difícil de difícil traducción que, además de relacionarse con el término «patria» o «tierra natal», apunta a una sensación profunda de arraigo. «Va mucho más allá, tiene que ver con el sentido de pertenencia», señaló el director.

El proyecto, que comenzó a gestarse hace una década, ha sido un proceso largo y atravesado por distintas etapas vitales. «La primera idea surgió hace diez años. Tomó mucho tiempo escribirlo todo», apuntó Stänicke. En este sentido, la pandemia fue un punto de inflexión que le permitió poner la vida en pausa y concentrarse en el guion: «Paró todo el mundo y pude escribir este texto», recordó.

A ese proceso creativo se sumó, más adelante, la dificultad de conseguir financiación, alargando aún más el recorrido de una película que el propio director define como «un viaje muy largo» y profundamente personal.

Raíz autobiográfica

El propio Stänicke creció en un pequeño pueblo alemán donde, en sus palabras, «las cosas eran bastante cerradas» y no terminaba de encajar. «No tenía acceso a quién era yo realmente», confesó. Trasladarse a una ciudad más grande fue su válvula de escape para poder construir otra vida y reconocerse. Huir fue su fórmula para encontrarse a sí mismo.

Una historia que tiene su paralelismo con la de otro invitado al festival que el pasado viernes estuvo en las Jornadas del Oficio Cinematográfico: el actor Javier Cámara, que se fue de su pequeño pueblo de La Rioja a estudiar arte dramático a Madrid. La historia de uno que es la historia de muchos: «Quería coger mi experiencia personal y hacerla universal», añadió el director alemán.

La historia de Hein, además, se sitúa en una isla, una elección consciente que está cargada de simbolismo: «Ese territorio rodeado de agua representa el fin del mundo. Es un lugar al que es muy difícil acceder pero del que también resulta muy difícil escapar», explicó, haciendo alusión a un carácter cerrado se traslada también a la puesta en escena.

Así, el juicio se desarrolla en un espacio concebido como una especie de teatro comunitario donde todo el pueblo observa y participa. «En un pueblo, todo el mundo conoce la vida de todo el mundo, simplemente no hay escapatoria», resumió, poniendo el foco sobre una problemática que hoy se sigue perpetuando con la exposición constante en redes sociales.

Experiencia queer

En Trial of Hein hay un relato en el que distintos niveles se superponen: la memoria individual, la versión colectiva y la identidad que se construye entre ambas. «Uno cree saber cuál es su realidad, pero muchas veces viene determinada por lo que opinan los demás», apuntó el cineasta.

En este cruce, aparece también una lectura vinculada a la experiencia queer, atravesada por la necesidad de adaptarse a entornos que no siempre permiten ser uno mismo. «Nos vemos abocados a desempeñar un papel que no está del todo en línea con lo que somos. A Hein le pasa esto: tiene que identificar qué partes son reales y cuáles son aquellas que ha tenido que crear por su propia seguridad», señaló.

El lenguaje

Por otro lado, el trabajo con los actores estuvo marcado por otro de los retos del proyecto: el lenguaje. La película utiliza un alemán antiguo, anclado en el pasado, que obligó a los intérpretes a encontrar una forma de hacerlo verosímil desde lo emocional. «El desafío era conectar con ese idioma y traerlo al presente desde la experiencia», explicó Stänicke, que combinó un proceso de casting para los personajes principales con la incorporación de intérpretes conocidos en Alemania para los papeles secundarios.

También el sonido juega un papel clave en la construcción del universo de la película. Rodada entre septiembre y octubre de 2024, bajo un clima inesperadamente soleado, el equipo tuvo que recurrir al diseño sonoro para contrarrestar esa luminosidad y construir una atmósfera más áspera. «Quería que la isla fuera un lugar inhóspito, rudo, oscuro», explicó Stänicke.

Tras su paso por festivales internacionales y la buena acogida del público, el director se mostró satisfecho con el recorrido de una obra que propone una reflexión abierta sobre la identidad y la pertenencia.

«Esta es mi casa, tengo derecho a estar aquí», se le escucha decir a Hein en un momento de la película, una afirmación que resume el núcleo del filme y que recorre toda la historia.

El largometraje tendrá un último pase este miércoles, a las 18.00 horas, en los Cines Yelmo Las Arenas.

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