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Crítica

La crudeza de la vida real en una obra maestra del cine autorreferencial

Remake

Remake / La Provincia

Realizar el más sincero homenaje al cine dentro del cine a través de la historia de tu propia vida es algo que, a día de hoy, muy pocos habían logrado. Bueno, ha habido muchos intentos, pero no siempre con la credibilidad con la que nos sorprende Ross McElwee en su maravillosos Remake, título que aspira al Lady Harimaguada de Oro y que tras su primer pase de ayer, se confirma como una de las favoritas para llevarse el galardón. La manía del realizador norteamericano de rodarlo todo desde muy joven ha sido el material con el que se ha edificado su carrera artística y el ejemplo más sobresaliente fue su debut Sherman’s March, máxima referencia del ensayo autorreferencial.

Pero Remake es, sin duda, su obra maestra y, seguramente uno de los títulos más conmovedores y originales que se han realizado en 2025. Juntando escenas de su vida y de su familia, principalmente de su hijo Adrian, el cineasta norteamericano muestra cómo ha sido su evolución personal desde el nacimiento de su hijo hasta el fallecimiento de este por sobredosis cuando aún no alcanzaba los treinta años. Vemos un Adrian de niño especialmente inteligente, con un sentido del humor muy ocurrente que derrite al espectador en más de una ocasión. Un niño que se come la pantalla con la candidez típica de la infancia, pero con una serie de reflexiones no muy comunes durante los primeros años de vida.

Y todo su vínculo más cercano se daba cuenta de eso. Incluso la mejor amiga del realizador tiene un golpe de humor cuando conoce al bebé por vez primera . «Este niño es muy inteligente, llegará a ser algo grande». A lo que contesta el padre: «Será porque lo tengo siempre delante de la cámara». Y le replica la amiga: «Poner a alguien delante de una cámara todo el tiempo no lo hace inteligente, todo lo contrario, lo atonta». Lo cierto es que los momentos de risa son escasos porque poco después comienza la caída al infierno de Adrian con su adicciones a las drogas y ese círculo vicioso de deudas, robos y malas compañías que, por muchos intentos de rehabilitación que se intentaran, tiene su dramático final.

Por otro lado, el interés de una productora de rodar un remake (de ahí el título de la obra) de la ópera prima de McElwee, es una excusa para revisitar las vidas de todos los que se implicaron en dicha obra y mostrar las huellas que ha dejado en ellos el implacable y cruel paso del tiempo.

McElwee se lamenta de la serie de contratiempos o malas decisiones que acabaron con la vida de su hijo, pero pone sobre el tapete el negocio de los narcóticos y como amplios sectores de la sociedad están decididos a acabar con él por motivos lucrativos. Los últimos minutos, de pura poesía, quedarán en la mente del espectador esculpido a fuego durante mucho tiempo.

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