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Crítica

Las expectativas de misterio truncadas por buenas dosis de filosofía barata

Trial of Hein

Trial of Hein / La Provincia

A priori un título como Trial of Hein, la primera película que se ha exhibido en el Festival de Cine de Las Palmas dentro de la sección de largometrajes que aspiran a la Lady Harimaguada de Oro, despertaba las más altas expectativas entre los amantes de ese cine de misterio en el que toda una suerte de extraños sucesos se producen en un lugar exótico, hostil e inescapable para los protagonistas. Algo parecido a Midsommar de Ari Aster o La bruja de Robert Eggers. Y pongo como referencia estas dos obras maestras porque nunca perdí la esperanza de que el film de Kai Stänicke fuese un remedo contemporáneo de ambos títulos.

Me explico. Desde hace un par de décadas se ha puesto de moda un cine oscuro que comienza con una primera parte insoportable en la que se presenta a los personajes que rodean a los inocentes turistas de una forma amenazante, pero con un desarrollo envuelto en el tedio más absoluto ya que se resuelve con una sucesión de tópicos a cual más sonrojantes. Pero, luego, con un cambio de timón radical en el argumento, el director logra en la última media hora que esa extraña familiaridad que rodea a los protagonistas se resuelva con un peligro de dimensiones sobrenaturales que desequilibra la balanza y que deja al espectador totalmente noquedado.

Vamos, que del bodrio, por arte de magia, se pasa a la obra maestra. Y puede que el ejemplo más contundente de todo esto sea la inolvidable The Wicker Man de Roy Hardy. Y esa era mi esperanza durante las más de dos horas que duraba el filme del realizador germano.

Porque, al igual que en los títulos anteriormente nombrados, el primer largo del director alemán se va desenvolviendo con la sensación por parte del espectador de que algo terrible, de dimensiones cósmicas, podía ocurrir en cualquier momento, en el sentido en el de que nada era lo que aparentemente parecía. Incluso el fotograma que la distribuidora utiliza para promocionar el filme da la sensación de que nos vamos a encontrar con las vivencias de una pobre alma de cántaro que se ve atrapada en una secta tóxica que vende a sus incautos miembros la salvación en otra vida a los males de esta tierra.

Pero la decepción fue bíblica al percibir que lo que habíamos visto en la pantalla era tan solo el regreso al hogar de un a especie de hijo pródigo al que, por pequeños pecados del pasado, todos intentan ignorar de forma premeditada. Incluso se organiza un juicio por los miembros de la comunidad para analizar si lo que cuenta son vivencias del Hein real o del Hein intruso que intenta usurpar su personalidad. Y todo se ve rematado con una reflexión final a modo de desenlace sobre identidad y aislamiento más simple que el mecanismo de un botijo.

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