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Entrevista | David Uclés Escritor

David Uclés, escritor: «He esperado 15 años a que un editor me llamara»

El lunes 4 de mayo, a las 19.00 horas, el Espacio Cultural Jesús Arencibia abrirá sus puertas al polifacético escritor en un diálogo abierto con la periodista Nora Navarro bajo el título 'El arte de inventar realidades'

El escritor, David Uclés.

El escritor, David Uclés. / Xavier Torres-Bacchetta

Martina Andrés

Martina Andrés

Las Palmas de Gran Canaria

La ciudad de las luces muertas llega después del impacto de su anterior novela, pero estaba escrita desde antes. ¿Por qué fue antes La península de las casas vacías y después esta?

La ciudad no fue antes que La península. La península siempre estuvo ahí. La península, empecé a escribirla a los 19 y terminaba a los 34. Y en esos periodos en los que apartaba La península, porque no me la publicaban, escribía otras cosas. La última vez que hice un gran parón de La península, empecé a redactar esta nueva idea, que es La ciudad de las luces muertas, que he estado trabajándola desde finales del 2021 hasta mediados del 2025.

¿Por qué fue antes La península y después esta?

Pues porque fue una decisión de mi agente. Entiendo que prefirió que publicara antes La península porque se acercaba la efeméride de la Guerra Civil y sobre todo porque llevaba tantísimos años esperando publicarla, que también era en cierta forma mi prioridad.

¿Cómo sabe o siente que es el momento de que una obra vea la luz?

Una obra nunca está terminada. Yo si ahora me dejaran reescribir La península, la reescribiría. Entonces eso no lo sabe el escritor, lo sabe el editor. Y por suerte tuve un editor que dijo que ya estaba lista y que podía publicarse.

Carmen Laforet, escritora con una gran vinculación con Canarias, es uno de los personajes de La ciudad de las luces muertas. ¿Cómo fue el proceso de documentación sobre su persona para incluirla en la novela y qué fue lo que más te llamó la atención de ella?

Quedé con su hija, con una de sus hijas, Cristina Cereza Laforet. Estuve almorzando en su casa y me estuvo enseñando los últimos documentos escritos por su madre. Allí me reveló que el acento de su madre, por ejemplo, era canario, porque ella se había criado allí. Y además de leer su obra, tuve el privilegio de poder leer los escritos de su familia respecto a ella y poder conocer a su familia.

Estuvo a punto de meter La península de las casas vacías en un cajón después de muchos años de intentos para publicarla. ¿Qué crees que le dio esa tenacidad para no dejar de escribir una misma novela durante tantos años? ¿La intuición, la vocación, otra cosa?

No solamente una misma novela, sino también las tres novelas paralelas que ya he publicado, porque La ciudad es la cuarta. He sido muy constante. Y he tenido mucha vocación en el sentido de que he disfrutado mucho escribiendo y por otro lado, siempre he tenido la ilusión de que llegara ese día en el que un editor me llamara y me publicara una obra. Y fíjate, soy un poco iluso, pero al final me ha funcionado. Aunque han sido 15 años esperando esa llamada.

¿En qué momento de la vida tuvo claro -si es que alguna vez le llegó esa certeza- que quería ser escritor?

Yo de pequeño quería ser pintor y músico y trabajaba para ello. Nunca quise ser escritor. Escribía cosas, pero no tenía esa vocación. Surgió tras la necesidad de inmortalizar las historias que me contaba mi abuelo de mi familia, de mi pueblo. Es decir, en torno a los 20 años, 21 años, cuando ya tenía unas 500 páginas de La península.

La ciudad de las luces muertas es una carta de amor a Barcelona a través del realismo mágico. ¿Qué es lo que más le enamora de esta ciudad? ¿Por qué eligió los códigos del realismo mágico para sumergirse en ella?

Que puedes ver en ella todas las diferentes épocas que la han modelado como ciudad. Puedes ver vestigios árabes, medievales, renacentistas, barrocos, modernistas, contemporáneos. Y eso es fascinante. No elegí nunca los códigos del realismo mágico para escribir mis novelas. Están en mí, es decir, está en mí contar una historia realista con toque onírico. Y ese estilo propio encaja dentro del realismo mágico. Pero nunca leí que era el realismo mágico y lo apliqué a mi prosa, al contrario.

Montserrat Roig y Mercè Rodoreda también aparecen en La ciudad… En alguna ocasión, ha confesado su debilidad por esta segunda. ¿Por qué es ella su escritora favorita -o una de ellas- del siglo XX?

Primero porque tiene la capacidad de sorprenderme, que es lo que más le agradezco a un autor o a una novela. Segundo, porque tiene la capacidad de emocionarme. Y tercero, porque ha escrito la obra más críptica, preciosa, lírica, dura y extraña de la literatura ibera, que es La muerte y la primavera.

En una entrevista reciente comentó que «el odio pertenece al mundo de las redes y de la prensa». ¿Hasta qué punto puede contribuir la literatura a frenar -si es que es posible- la polarización de la sociedad?

No sé hasta qué punto la literatura puede frenar esa polarización. Yo creo que son dos temas distintos. Por un lado, la pregunta señala que el odio pertenece al mundo de las redes y de la prensa. Pero me refiero al odio hacia mi persona. El odio convertido hacia mí ha sido generado por parte de cierta prensa muy de derecha y luego reproducido también por absolutamente toda la prensa por el clickbait, para buscar el click. Eso habla del mal estado moral y del mal estado espiritual de la prensa contemporánea.

¿Hasta qué punto la literatura puede frenar la polarización de la sociedad?

La literatura es un medio catártico que hace que te pongas en el lugar del otro. Por lo tanto, puede producir ese efecto deseado de que comprendamos al otro y así no estemos polarizados. Si comprendes al otro, entiendes por qué te estás lanzando dardos. Y o bien relativizas y te alejas de esa persona, o bien intentas cambiarlo. Por lo tanto, esa empatía sí que está presente en el arte y te la provoca el arte.

¿Siente que la gente cada vez lee más? ¿O estamos cada vez más absorbidos por las pantallas y el scrolling infinito?

Creo que no se lee menos que antes, pero creo que las nuevas generaciones tienen más difícil la posibilidad de engancharse a la lectura. Precisamente porque están muy acostumbrados al scrolling. No al scrolling, sino al estímulo instantáneo que te ofrecen las redes sociales. Por lo tanto, como su capacidad de atención ha mermado tanto y es tan pequeña, entiendo que el hábito de la lectura le va a costar más. Pero por eso, por la atención. No por falta de motivación. Tienen ganas de aprender. Quizás más que mi generación, incluso. Es una generación muy curiosa y que se encuentra con la sociedad un poco rota y tiene ganas de cambiarla. Pero la atención, eso viene de fábrica casi, porque se han criado con las redes y eso es más complicado que lo puedan enderezar o cambiar.

En el Espacio Cultural Jesús Arencibia Las Palmas de Gran Canaria el próximo 4 de mayo, también se va a hablar de Benito Pérez Galdós. ¿Hasta qué punto se siente conectado con la forma que tenía él de concebir la literatura?

Para mí Benito es un maestro del que aprendo leyendo. Generalmente de cualquier libro aprendo mediante su lectura. Pero Benito escribía maravillosamente bien, perfectamente. Por lo tanto, leer cualquiera de sus libros te enseña a escribir. Y destaco Marianela, que de su obra es mi preferida.

Las Palmas de Gran Canaria es finalista para ser Capital Europea de la Cultura en el año 2031. ¿Qué tiene que tener una ciudad para inspirarle literariamente más allá de los grandes eventos o reconocimientos institucionales?

Pues una idiosincrasia muy marcada y distinta a la del resto. Y creo que en este caso, Las Palmas de Gran Canaria la tiene. Eso es lo que yo necesitaría de una ciudad para condecorarla con tal título. E insisto, Las Palmas está preparada para ser la Capital Europea de la Cultura. Espero que tengáis mucha suerte.

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