Teatro
'El último presidente': la obra que da vida a la voz de Juan Negrín en el Teatro Pérez Galdós
El montaje teatral se estrena este viernes 8 de mayo en la capital grancanaria de la mano de la Fundación Auditorio Teatro, Teatro La República y Crescénica, con colaboración del Ayuntamiento de Agüiemes y la Fundación Juan Negrín

Momento de una escena del montaje 'El último presidente' en el Teatro Pérez Galdós. / Raquel Berciano Cavero

El soldado, un muchacho de 20 años cuya ocupación es componer líneas de plomo como linotipista, le pregunta al doctor si de verdad van a ganar la guerra. Juan Negrín lo mira sin titubeos y le responde que no lo dude. El joven insiste, inquieto, y le recuerda que los fascistas tienen mejores armas. «Nosotros tenemos la razón. Salud y república, soldado», sostiene Negrín despidiéndose de él.
Este es uno de los diálogos que el público podrá escuchar en la obra de teatro El último presidente, una producción cien por cien canaria que se estrena el próximo viernes 8 de mayo a las 20.00 horas en el Teatro Pérez Galdós de la capital grancanaria.
Esta propuesta que se sube a las tablas propone habitar la conciencia de Negrín -político, presidente de la República, médico, científico, estadista- desde un territorio poco complaciente: la razón en tiempos de derrumbe, la soledad del poder y la fractura íntima del exilio.
Lado humano
Enmarcada en el ciclo Música y Literatura, esta es una obra que evita el trazo grueso y se adentra en la intrahistoria, buscando el lado más humano de su protagonista. El montaje, escrito por Miguel Ángel Martínez y dirigido por Nacho Cabrera, es fruto de la colaboración entre el Teatro Pérez Galdós, Teatro La República y Crescénica, además de contar con la implicación de la Fundación Juan Negrín y la colaboración del Ayuntamiento de Agüimes.
El proyecto nace de un texto que llega a la compañía casi como un desafío y, lejos de guardarlo en un cajón, deciden asumirlo como tal: «Hacía mucho tiempo que teníamos una deuda con personajes canarios por el tipo de teatro que hacemos. Negrín nos parecía uno de los objetivos prioritarios a abordar. Este texto, además, nos gusta muchísimo porque entra en la intrahistoria, en la profundidad del ser humano, más allá de lo que puede abordar el proceso histórico», explica Cabrera.
«No buscamos un héroe de cartón piedra, nos interesa un hombre que resiste mientras todo se derrumba, el que intenta aplicar la razón en un mundo que ha renunciado a ella», añade el director.
En esta línea, el Negrín que emerge sobre el escenario no es solo el presidente del Gobierno de la República entre 1937 y 1939 ni el político controvertido de la Guerra Civil. Es también el científico que abandona una brillante carrera académica para asumir una responsabilidad histórica en uno de los momentos más críticos del país. Nacido en Las Palmas de Gran Canaria en 1892, médico, profesor de fisiología y políglota en una época en la que eso era excepcional, su trayectoria condensa una renuncia: la del laboratorio por la intemperie de la política.
En escena, la guerra lo impregna todo aunque no se vea de forma directa. El exilio aparece como una experiencia profundamente personal: la de alguien que ha dedicado su vida a un país que deja de existir. La obra sitúa al espectador en ese instante de quiebre, cuando parece que ya no hay retorno posible.
La grabadora
Uno de los elementos más elocuentes de la propuesta es una grabadora de los años 40 que permanece en escena como un testigo constante de los hechos que se van sucediendo. Cabrera la concibe como una metáfora sobre las tablas: registra la acción desde la primera escena hasta la muerte de Negrín, como si tratara de atrapar una voz que apenas dejó rastro.
La ausencia de grabaciones reales de este personaje histórico obligó al equipo a imaginar cómo sonaba, a reconstruir su figura a partir de documentos, lecturas y materiales audiovisuales en un proceso de investigación que reivindican como parte esencial -y muy disfrutable- del trabajo.
Esa falta de huellas se extiende a personajes como Feli, la compañera de vida de Negrín, interpretada por María Filomena. La actriz subraya la dificultad de levantar un personaje del que apenas hay información, más aún tratándose de una mujer en ese contexto histórico. Algunas fotografías y el testimonio indirecto de una nieta, que la describe como una persona natural, sirven de punto de partida para una construcción que se apoya tanto en la documentación exhaustiva como en la intuición.
Por su parte, el actor Antonio Báez encarna a un Negrín atravesado por tensiones, pero del que tanto él como Cabrera subrayan una cualidad principal: «Era muy buena persona».
La propuesta se completa con la escenografía de Clemente García, las proyecciones de Manuel Jiménez y la iluminación de Miguel Ferrera, que acompañan sin imponerse y contribuyen a crear un espacio donde la memoria se activa sin necesidad de recreación explícita.
El último presidente no pretende cerrar el debate sobre Juan Negrín. Más bien abre un espacio para pensar su figura desde dentro, lejos de los relatos simplificados y más allá de los hechos históricos.
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