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Literatura

Los cuentos sobrevuelan la Plaza de Santa Ana

Ayer se celebró la XXII edición del Maratón de Cuentos en el popular enclave de Vegueta, organizado por la Biblioteca Insular de la capital

Momento del Maratón de Cuentos en Vegueta, ayer. | ÁNGEL MEDINA

Momento del Maratón de Cuentos en Vegueta, ayer. | ÁNGEL MEDINA

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LP/DLP

Las Palmas de Gran Canaria

El cuento narrado a viva voz exige sosiego. Las historias que se narran en los telediarios, la prensa escrita, el cine o el teatro, nada tienen que ver con las que se escucharon ayer en la Plaza de Santa Ana. La magia de la narración oral se desplegó una vez más en la 22ª edición del Maratón de Cuentos de la Biblioteca Insular, que durante todo el día ofreció numerosas propuestas al compás de los más de 300 relatos que se contaron sobre el escenario ubicado en el icónico enclave situado en el corazón del casco histórico de Vegueta.

El espíritu de Pinocho llenó la plaza junto a la voluntad de su creador, Carlo Collodi, quien dio vida en 1883 a las aventuras de famoso personaje de madera. 200 años han pasado desde el nacimiento de su autor y, por esa razón, la Biblioteca Insular de Gran Canaria decidió rendirle homenaje.

Para la directora del citado centro, Nieves Pérez, este maratón (uno de los cinco más importantes de España que tienen lugar alrededor del poder del cuento) tiene un efecto amplificador de las posibilidades de la narración oral y se contempla como un apoyo imprescindible en el programa de dicha biblioteca. «El maratón sería la fiesta que aúna a artistas, entidades participantes y a cualquier persona que desee contar una historia», apostilla. «Es una forma única de vivir y rememorar los comienzos de una tradición fundamental para la humanidad, la literatura oral», agrega.

El maratón contó con alrededor de 90 narradores, a los que se sumaron cientos de ciudadanos y ciudadanas anónimas, además del alumnado de una docena de centros escolares, miembros de la Casa Ucrania de Canarias, internos de los Centros Penitenciarios Las Palmas I y II o activistas de las asociaciones feministas Tanit y Marecia, entre otras entidades.

Este maratón es uno de los cinco más importante de España alrededor del cuento

El narrador grancanario, Juan Antonio González, que forma parte del Taller de Juglares, se introdujo por mera casualidad a este mundo de la narración oral.

Conoció al escritor y cuentista, Paco Abril, quien contaba historias apoyándose de ilustraciones que proyectaba. González acababa de finalizar la carrera de Magisterio y se dio cuenta de que ese oficio podría ser un buen recurso para fomentar la lectura en el alumnado. Cuando le invitaron a participar en el Festival Internacional de Narración Oral de Agüimes comenzó sus andadas como contador de historias. Para él, tanto el Maratón de Cuentos como otros festivales de naturaleza similar, son un encuentro intergeneracional en torno a la palabra.

«Es la muestra de lo enriquecedor que es la participación de muchas formas de contar».

Mientras algunos cuentistas llegaron por casualidad a esta disciplina, otros como el alicantino José Manuel Garzón la encontraron a través de la interpretación teatral. «Al descubrir este arte escénico me fascinó el impacto tan grande que tenía en el espectador y su cercanía con el público. Eso me atrapó», apunta.

Para Garzón, un maratón de cuentos «reivindica la cercanía, el diálogo, el encuentro, el análisis, la crítica, el pensamiento. Es una llamada a mirarnos los unos a los otros. En definitiva, una fiesta de culturas», explica el cuentista. «La oralidad es un arte en continuo movimiento y que se nutre mucho de las circunstancias que se den en el momento de la contada».

Esta edición contó con alrededor de 90 narradores, junto a cientos de ciudadanos

Por otro lado, la narradora canaria, Begoña Perera, acumula más de 15 años de experiencia y ha asistido regularmente a este Maratón de Cuentos. Aunque este año no pudo estar presente, concibe que este encuentro es la fiesta de la palabra porque congrega a escolares, mayores, jóvenes y profesionales de la narración oral. «Todo el mundo tiene algo que contar, y todos tenemos el mismo valor».

Para ella, al contrario de opiniones tecno pesimistas, la oralidad en esta era digital sí se está valorando. «Desde las escuelas se trabaja cada vez más en las representaciones orales, las historias de vida y la recopilación de relatos», subraya. Como todo arte, en el ejercicio de narrar radica una parte innata, con la que una persona nace y lleva intrínsecamente, y otra parte hay que trabajarla. «Resulta increíble que se mantenga la atención, pero cuando una historia te atrapa, te hace desarrollar tu imaginario...quedas embelesado y quieres más y más», concluye.

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