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En busca de su libertad

Un documental reivindica la figura poliédrica de la escritora Carmen Laforet. Presentado en la pasada edición del Festival de Las Palmas tras su paso por el Barcelona Film Festival, donde obtuvo el premio a la mejor banda sonora, ‘Por qué no escribo nada’ está inspirado en las vivencias de la autora de ‘La mujer nueva’.

Carmen Laforet con Rafael Alberti en Roma.

Carmen Laforet con Rafael Alberti en Roma. / LP/DLP

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Claudio Utrera

Claudio Utrera

Las Palmas de Gran Canaria

Rodada en decenas de escenarios naturales de la isla de Gran Canaria, Por qué no escribo nada es una docuficción que intenta, por encima de todo, desvelarnos un retrato de Carmen Laforet (Barcelona, 1921/Madrid, 2004) despojado por completo de todos aquellos lugares comunes que han rodeado su figura desde su nacimiento como mito de las letras españolas en la década de los años cuarenta para adentrarnos en terrenos poco transitados de su vida interior en los que podemos observar algunas de las profundas razones que la indujeron a alejarse, durante largos periodos de tiempo, del ejercicio de la escritura y a sufrir largas temporadas de silencio creativo junto a sus cinco hijos y su controvertido esposo, el periodista y crítico literario Manuel Cerezales, del que se separaría definitivamente en 1970 tras veinticuatro años de matrimonio.

Aunque nacida en Barcelona, de padre arquitecto y madre profesora de lengua, la trayectoria artística y vital de Laforet estuvo siempre estrechamente ligada a sus años de infancia y adolescencia en Las Palmas de Gran Canaria, ciudad que aparece, simbólica o trasversalmente, a lo largo de su escasa trayectoria literaria como uno de los ejes sobre los que girarían sus más de cuatro largas décadas de carrera como novelista. A sus 23 años, en el seno de un mundo dominado por un sistema social de fuertes raíces patriarcales, acompañado de una censura inclemente, se haría con el primer Premio Nadal de novela por su opera prima Nada, marcando así un nuevo rumbo para la novela española en un año, 1945, decisivo para remarcar la posición de las escritoras españolas -y de los escritores en su conjunto- ante el futuro de una nueva narrativa que intentaba salvar barreras, bajo el yugo inflexible de la dictadura franquista, aspectos tan irreverentes en aquellos tiempos como la reivindicación del acceso de la mujer a la independencia y a la igualdad en un panorama social profundamente quebrantado por el curso de los acontecimientos históricos que marcaron la vida de los españoles y españolas tras la Guerra Civil.

Por qué no escribo nada, escrita y dirigida por la cineasta catalana Isabel Fernández y coproducida por Al Pati Productions (Barcelona) e Imaco Producciones (Gran Canaria) recoge, mediante un inmenso despliegue de imágenes de archivo procedentes, en su mayoría, de los depósitos de Filmoteca Canaria y Filmoteca de Cataluña, que ilustran con una enorme precisión narrativa los diversos hitos biográficos que integran la controvertida trayectoria de una novelista extraordinariamente combativa ante la hostilidad ambiental reinante en nuestro país durante los duros años de la posguerra y contra las dificultades añadidas de su condición de mujer profundamente comprometida con el zeitgeist de su tiempo.

Mónica López interpreta a Carmen Laforet en ‘Por qué no escribo nada’. | LP/DLP

Mónica López interpreta a Carmen Laforet en ‘Por qué no escribo nada’. | LP/DLP

Isabel Fernández, coproductora a la sazón, que presentó su película en la vigésimo quinta edición del festival de Las Palmas, celebrada la pasada semana, nos lo dejó bien claro: «Este documental representa un trabajo de exploración y de exhaustiva documentación, tanto desde el punto de vista narrativo como formal: el retoque que me planteé en un principio era mostrar el relato del proceso vital y creativo de Carmen Laforet, desde sus propias declaraciones pues no existen ningunas memorias escritas de su puño y letra, pero el desafío era, si a través de la correspondencia, alguna publicada y otra aún por publicar que está en posesión de su familia, correspondencia bastante amplia porque una gran red de amistades tejida durante toda su vida mediante un contacto eminentemente postal, sumergirnos en esos documentos y reconstruir el puzle del relato de su propia vida, desde los textos, en los que cuenta a sus amigos cómo afronta su existencia diaria, todo que le va sucediendo en su combate cotidiano contra los sucesos de orden social, familiar e intelectual que ha de gestionar diariamente: la publicación de su primera novela, el Premio Nadal, la sorpresa que supuso para ella tener que enfrentarse al hecho de convertirse en una figura inmensamente popular y lo que la sociedad de su tiempo le exigía. Pero sobre todo lo que los medios le pedían constantemente tras haber recibido su inesperado galardón y el conflicto personal de tener que debatirse entre continuar respetando su intención primera de dedicarse de lleno a la escritura o atender a esa imagen pública que se había generado a su alrededor y que, naturalmente, se agrandaba con el paso del tiempo».

El discurso del proyecto y el de la propia película se fundamentaba por tanto en rescatar de cierto olvido la imagen real de una escritora excepcionalmente brillante que se negaba a continuar su carrera literaria por un camino pautado por el establishment y por los límites a la libertad que imponía una sociedad sostenida bajo parámetros coercitivos cuando a lo que siempre aspiró la autora de La isla y los demonios (1952) fue a volar libremente, sin márgenes que frenaran su poderoso impulso creativo.

«Me gustaría», reclama la directora, «que este documental cumpliera con los tres objetivos que movieron desde un principio la realización de este proyecto: restaurar la imagen pública de la escritora y la de su enorme peso específico en el mundo de las letras o sea, que contribuyera a esclarecer la grandeza artística y humana que siempre la acompañó entre los círculos más liberales de la literatura española de su tiempo y que su escasa producción no siga impidiéndole el reconocimiento general al que se hizo acreedora desde su debut en 1945 con Nada. Mi tercer propósito es que mi trabajo contribuyera a visibilizar aún más el documental como género totalmente normalizado en el campo de la distribución, que se permita, como en el resto de Europa, su expansión por las salas comerciales del país».

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