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De Mali a El Hierro: la exposición 'Travesías' dibuja el mapa de los menores migrantes en Casa África

El fotógrafo Juan Luis Rod y el periodista José Naranjo impulsan una muestra con 13 historias de diferentes chicos y chicas que puede visitarse hasta el próximo 19 de junio en Las Pamas de Gran Canaria. Desde la organización, se anima a los centros educativos a solicitar visitas guiadas para el alumnado

Parte de la exposición 'Travesías' en Casa África.

Parte de la exposición 'Travesías' en Casa África. / Quique Curbelo

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Martina Andrés

Martina Andrés

Las Palmas de Gran Canaria

Un chico vestido con un chaque negro aferra con fuerza su tabla de surf bajo el acantilado de Famara. Una chica calzada con botas de fútbol entrena para el Cardones femenino. Otro joven estudia un módulo de jardinería en la capital grancanaria después de pasar cinco años viajando para llegar. Abderramán, Binta, Saliou: Marruecos, Senegal, Guinea.

Esta es un parte del recorrido que proponen el fotógrafo Juan Luis Rod y el periodista José Naranjo desde Casa África en Travesías. Menores migrantes, el largo viaje, una muestra que busca «huir de esa mirada reduccionista de la frontera», en palabras de Naranjo, y que va al antes y al después del periplo de sus protagonistas.

La exposición, que se puede visitar hasta el próximo 19 de junio en el marco del programa África Vive, pone así el foco en qué es lo que empuja a esos niños y adolescentes a abandonar sus casas -y a sus amigos, sus familias, sus espacios conocidos-, y en lo que ocurre cuando pisan Canarias, donde el viaje, lejos de terminar, apenas comienza. En esta línea, en el proyecto fotográfico solo hay una foto en la que salgan cayucos, ofreciendo una nueva mirada sobre la migración que posa sus ojos en un instituto de La Aldea, en un estudio de radio en El Hierro o en un parque de un pueblo de Mali.

«Estamos acostumbrados a hablar de cifras, de menores, de cuántos chicos y chicas tenemos en los centros», reflexionó durante la inauguración el viceconsejero de Bienestar Social del Gobierno de Canarias, Francis Candil. Frente a ese lenguaje numérico que suele dominar las conversaciones sobre migración, Candil defendió la necesidad de «pegar un parón en seco» y detenerse en las historias individuales que se esconden detrás de cada dato.

«Cuando damos cifras de 5.000 o 6.000 menores nos olvidamos de que detrás de cada número hay una historia distinta», insistió.

Las expectativas

Historias atravesadas por matrimonios forzosos, guerras, violencia o simplemente por el deseo de estudiar, trabajar o imaginar un futuro diferente. Situaciones muy diversas pero marcadas por un denominador común: las expectativas «que saben que en sus países no van a poder cumplir», tal y como apunta Naranjo.

Lejos de la imagen homogénea que suele proyectarse sobre los menores migrantes, la muestra construye un mosaico de trayectorias radicalmente distintas. Hay adolescentes que sueñan con ser mecánicos, una chica que quiere ser banquera, otros que se refugian en la lucha canaria o jóvenes que aprenden a surfear frente al Atlántico después de atravesar el mar, como Abderramán.

Así, en Travesías aparece la vida de una niña que huyó de un matrimonio precoz, la de un chico sin padres que comenzó a viajar solo por África con diez años y llegó a Canarias con 15, o la de una joven a la que ridiculizaban en su pueblo por querer jugar al fútbol. Y también aparecen sus familias, las que los vieron partir y, en muchos casos, ahora se comunican con ellos por teléfono o por videollamada.

Entre orillas

El proyecto, financiado por el Gobierno de Canarias y comisariado por Juan Valbuena, ha requerido más de un año de trabajo entre Senegal, Gambia, Guinea, Mali, Marruecos y cuatro islas del Archipiélago. Además de las fotografías de Rod y los textos de Naranjo, la exposición incorpora un audiovisual de quince minutos y un fotolibro que recopila las historias de los trece protagonistas y de las familias que dejaron atrás. Además, desde Casa África, animan a los centros educativos a solicitar visitas guiadas para el alumnado en cultura@casafrica.es.

«Ha sido un viajazo personal y profesional», señaló Naranjo durante la presentación. El periodista quiso agradecer especialmente la confianza de los menores y de sus familiares, que les permitieron entrar en sus casas, recorrer sus pueblos y reconstruir el trayecto emocional y físico que desemboca en Canarias.

Ese recorrido atraviesa también las salas de Casa África. La narrativa visual de la muestra obliga al visitante a desplazarse continuamente entre continentes y biografías. Una fotografía tomada en Lanzarote desemboca de pronto en otra realizada en Guinea o en Malí. Los retratos de los jóvenes se mezclan con carreteras africanas, dormitorios, playas, talleres y campos de fútbol, componiendo una especie de cartografía fragmentada del viaje.

«Queríamos que la gente hiciera una travesía simbólica», explicó Rod sobre el montaje expositivo. Cada historia está vinculada además a un color específico que guía al espectador por las diferentes salas. Las cartelas en blanco aportan contexto, mientras las imágenes se conectan entre sí como puntos dispersos sobre un mapa.

'Quiero que se me vea'

Uno de los principales desafíos del proyecto fue decidir cómo representar a menores de edad. «Lo tuvimos claro desde el principio: no queríamos mostrar las caras explícitamente», recordó el fotógrafo. Sin embargo, muchos de los propios protagonistas pidieron aparecer de manera reconocible. «Ellos nos decían: 'Quiero que se me vea, que se me reconozca'». Finalmente, tras llegar a un acuerdo con la Dirección General de Protección a la Infancia, la mayoría aparecen tal y como deseaban.

Por su parte, el secretario general de Casa África, Justo Artiles, situó Travesías dentro del Plan Estratégico 2025-2027 de la institución y del eje temático dedicado a las migraciones. Artiles destacó que la exposición propone «una mirada totalmente diferente» sobre un fenómeno «muy presente en la sociedad canaria».

En medio del ruido político, de los bulos y de las siglas que convierten vidas complejas en etiquetas rápidas, la exposición intenta detener la mirada y volver a colocarla sobre las personas. Allí donde un niño o una niña deja de ser una cifra para convertirse en alguien que sueña con jugar al fútbol, aprender un oficio o sostener una tabla de surf frente al océano después de haber cruzado medio continente para llegar hasta ella.

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