Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Secciones

Entrevista | El Kanka Cantautor

El Kanka, cantautor: «Componer me aleja de darle vueltas a los demonios»

El artista malagueño presenta su último disco, 'La calma', este sábado 16 de mayo con un concierto en el Auditorio Alfredo Kraus

El artista malagueño, El Kanka.

El artista malagueño, El Kanka. / LP/DLP

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google
Martina Andrés

Martina Andrés

Las Palmas de Gran Canaria

¿Cómo afronta el concierto del sábado en el Alfredo Kraus con su nuevo disco, La calma?

Bien. Creo que si no hemos agotado entradas, nos falta poquito. Sé que se va a ser guay, que vamos a ver un montón de canariones ahí. Llevamos como unos 8 o 10 conciertos de la gira y la sensación es que el disco ha funcionado guay, que a la gente le está gustando, que se saben incluso muchos de los temas del disco. Es una ciudad en la que hemos estado muchísimo, que sé que hay cariño mutuo, conexión. La verdad que me espero lo mejor.

En sus comienzos estuvo por aquí, con lo de cantautores en Vegeta.

Sí. Tocando en el salón de una casa. Eso para mí me lo llevo. Era muy especial.

¿Cómo diría que ha evolucionado su música desde ese salón hasta ahora?

En realidad la música evoluciona igual que uno evoluciona. Sí que veo proyectos que se plantean a lo mejor con cada disco, como Rosalía. La tía empezó con un disco de flamenco, luego se inventó una movida llevando el flamenco a otro sitio, luego hizo un disco superecléctico, hasta con música lírica. Es una artista que se plantea conceptualmente una evolución de forma explícita. En mi caso no es así. Yo quiero hacer las mejores canciones que pueda. Las canciones más emocionantes, más divertidas, más bellas. Y en esa búsqueda estoy. Por supuesto, no escribo exactamente igual, ni me interesan las mismas cosas a la hora de escribir ahora que tengo 43 años que cuando tenía 23. De forma natural me van gustando otras cosas. Escucho mi primer disco y escucho este último, y digo, hostia, soy yo. Me reconozco en los dos. Reconozco mi estilo y mi forma de hacerlo. Pero hay una evolución que se da de forma natural. Igual que con 23 años me gustaba salir por la noche hasta las seis de la mañana y ya no me gusta tanto. Una evolución orgánica.

Una evolución que le ha llevado hasta el lugar que da título al disco, a esta calma.

Yo siempre digo que estoy en la búsqueda. Tengo mis momentos, y de entrada darse cuenta y estar en la búsqueda ya es algo. Siento que quizá en este momento histórico o social, más que nunca, estamos inquietos, nerviosos, crispados, polarizados. Siento que es necesario pararse, respirar, reflexionar, hacer cosas que no respondan a estímulos inmediatos. Todo esto que pasa con las redes es algo incluso un poco compulsivo. Y es algo en lo que estamos todos. También hay que tirarse una hora leyendo, darse un paseo, estar en la naturaleza. A cada uno lo que le sirva para parar un poco esa rueda tan estimulante en la que vivimos. No escribo la canción desde una atalaya donde yo ya he encontrado la estabilidad, ni muchísimo menos. Sino que comparto mi búsqueda, que es como la de cualquiera.

¿Qué fue lo que primero que necesitó silenciar o parar para ponerse a escribir las canciones de este disco?

Soy bastante prolífico. Yo soy un neurótico de puta madre, con muchas taras. Pero por lo que sea, y no me preguntes por qué, el proceso creativo en general lo llevo bastante bien. No soy un artista neurótico, soy una persona neurótica. Me llevo bastante bien con el proceso. No me cuesta sentarme delante de la hoja en blanco, no me cuesta avanzar aunque la canción no me esté gustando. Pienso que si avanzo a algún sitio, llegaré a algo que me guste. Apenas hay épocas donde no esté con alguna cancioncilla o alguna idea. Entonces, no necesito silenciar gran cosa, afortunadamente. Paradójicamente, siento que me llevo tan bien con la música y con el proceso creativo, pero no me he llevado siempre tan bien con la profesión.

¿Por qué?

Es una profesión muy particular, muy bonita, por supuesto, y a veces incluso muy sencilla. Pero otras veces es muy dura, todo lo que tiene que ver con viajes, con excesos, con trasnoches y todo lo que tiene que ver con la inestabilidad. Yo no sé qué disco va a funcionar, cómo me va a ir el año que viene. Eso nunca se sabe. De repente, a la gente el año que viene no le gusto más y me dan por culo (risas). Todo eso genera el contraste entre estar en un concierto, ahí en el Alfredo Kraus, con un montón de gente, en esa comunión tan gigante, recibiendo toda esa energía del escenario. Terminas eso y luego te vas al hotel, completamente solo, lejos de tu casa. Es un contrastillo que a mí me cuesta. No puedo terminar el concierto e ir a acostarme. Necesito un rato, tomarme una cervecita, hablar con un músico o lo que sea.

Hablando de contrastes, el disco se llama La calma, pero dentro hay una canción que se llama Ansiedad, que podríamos decir que es un poco como la antítesis de esta calma. La define como un tropiezo en el corazón o también como el miedo del miedo, y al final dice que se deshace solo si la miras de frente. ¿Cuál es la mejor forma de hacer eso?

Ojalá tuviera yo una fórmula mágica. Creo que nada de lo que haga es milagroso, pero todo ayuda. Yo soy de los que piensan que un proceso de ansiedad o un ataque de pánico es un síntoma de otra cosa. Yo lo llevo peor cuando no sé bien la causa. Por ejemplo, si casi tengo un accidente con el coche y casi la palmo en la carretera, entonces tengo ansiedad. Yo esa ansiedad la entiendo perfectamente, cuando yo me paro en la gasolinera a echarme agüita en la cara pensando que iba a morir. Tiene sentido. La putada es cuando me monto en el coche y eso ya me da ansiedad. Digo, coño, ¿pero qué pasa? Eso me hace rayarme de más porque no entiendo lo que está pasando. Pienso que la ansiedad siempre responde a alguna causa consciente o inconsciente. Y es interesante ver qué pasa ahí. Yo creo en eso. En hacer terapia o lo que sea para ver un poquito cuál es la causa. Yo hago meditación, por ejemplo. Me sienta muy bien porque siento que es un entrenamiento para no pensar de más, para volver al cuerpo. Y tener una vida un poco más ordenada, más amable. A mí la música me viene muy bien. Cuando estoy componiendo estoy bastante concentrado en eso. Y a mí eso me aleja de darle vueltas a los demonios. Cada uno tiene que buscar su fórmula.

En sus canciones utiliza el humor y la ironía. ¿También lo hace en este último disco?

A ver, yo soy de Málaga, por eso la tontería. Por supuesto, hay gente extremadamente graciosa en Navarra y gente superaburrida en Málaga. Pero sí que es cierto es que en Andalucía, no solo en Málaga, hay una cierta predisposición a decir una tontería todo el rato. Hay algo ahí que se desarrolla en el lenguaje más cotidiano. Yo voy a la carnicería y es muy normal que el tío o la tía de allí me suelte una pamplina y que yo le responda con otra. El humor está en el orden del día y forma parte del código genético. No lo puedo evitar, yo soy así también, soy un tío muy pamplinoso. Me gusta reírme, me gusta hacer reír. Y de forma natural se me cuela en las canciones.

¿Se sigue poniendo nervioso en los conciertos ahora que ha vuelto a girar?

Sí. Por más años que lleve, esa sensación la tengo. Me acuerdo del concierto más multitudinario que hice, que fue en Bogotá, en Colombia. Era un festival gigantesco y me dijeron que había unas ochenta y pico mil personas. Ese día te puedo asegurar que me temblaban las piernas. A mí una cosa así tan bestia sí que me corta más que una salita pequeña. Pero te puedo asegurar que en la salita pequeña también estoy nervioso. Al final uno quiere hacerlo bien, tiene ciertas responsabilidades, está mirando a mucha gente. Creo que es normal que siempre haya al menos una tensión, antes de enfrentarse a esa locura que nos enfrentamos.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents