Análisis
Vuelco al fútbol
La asistencia masiva a la Copa de la Reina desautoriza a los que creen que el balompié es el césped para sus comportamientos discriminatorios

El beso de Rubiales a Jenni Hermoso, en 2023, con la reina Letizia y la infanta Sofía presentes. / EFE / Captura de televisión

No se debe a una colocación de los astros que el derrape de Florentino Pérez (“que pregunte esa niña, que los demás sois muy feos”) coincida en el tiempo con la celebración de la Copa de la Reina de fútbol. No, lo segundo, acaecido ayer en el Estadio de Gran Canaria, es una contestación a esa rueda de churros de machismos y micromachismos que se cuecen como un langostino salvaje en el fútbol patrio. El magnate del Real Madrid y plutócrata del tejido productivo nacional piensa a la manera de un José Luis López Vázquez en Lo verde empieza en los Pirineos, y más de 20.000 personas van al partido a apoyar a las mujeres futbolistas. Todo debería ser más normal, pero no lo es. Ellas están a la defensiva en los ámbitos más gruesos.
El 20 de agosto de 2023, en el Stadium Australia, Luis Rubiales Béjar, aún presidente de la Federación Española de Fútbol, tiró la mano a su paquete para celebrar el único gol de la selección femenina española. Al lado estaban la reina Letizia y la infanta Sofía. Ya con los genitales en paz, durante la entrega de medallas, le sobó el muslo a Athenea del Castillo y le plantó un beso en la boca a Jenni Hermoso. A él le pareció parte del proceso de descongelación de la testosterona, pero Spain ya es no es un país rancio, pese a ejemplares como Florentino, Rubiales, el historial de insultos a jugadoras y la estela continua de crímenes machistas. El toro vitorino fue condenado por un delito de agresión sexual.
La respuesta en masa al encuentro de la Copa de la Reina no se puede medir con los mismos parámetros de un partido convencional. La asistencia extraordinaria al choque entre el Barça y el Atlético es la exigencia para acabar con el reducto de una cultura del fútbol en la que tiene su peso el odio y el insulto, la mayoría de las veces con la complicidad de dirigentes que ceban a grupos de incontrolados que incendian los estadios. La Agencia de la Unión Europea para la Cooperación Policial (Europol) alerta sobre la implantación en los acontecimientos futbolísticos de los mensajes de xenofobia (ataques a Yamine Lamal o Vinicius) y discriminación por los vínculos entre la ultraderecha y el fanatismo deportivo.
El fútbol tiene que dejar de ser territorio apache. Resulta inconcebible que a lo largo y ancho de Spain el deporte rey reciba prebendas de todo tipo, algunas a cara descubierta y otras bajo mesa, sin que no se le exija nada a cambio para contribuir al bienestar ético. Su nivel de influencia es tan alto y las cifras que se manejan son tan desmesuradas que algunos confunden la inabarcable aceptación social y los miles de millones con que están investidos con la gracia que tiene el intocable. Alimentemos al monstruo. En una práctica tan estamental, tan nutrida de códigos tradicionales al estilo florentino (que no tiene que ver con Florencia), la competición de ayer pasa por ser interpretada como una intrusión, una anomalía, que no tiene cabida en los planes de desarrollo a perpetrar.
La UD , sin ir más lejos, es uno de los pocos club del país que carece de equipo femenino. Pero ello no es óbice para que un gobierno progresista en el Cabildo no sienta malestar por ello. Incluso que tenga al equipo amarillo de socio preferente. O que se saque la foto para la Copa de la Reina exhibiendo de cara a la galería su mejor feminismo. Hay que predicar con el ejemplo y apretar los dientes para que circulen mas contraprestaciones en valores. Hay un compromiso histórico con el equipo que nadie, ni el más demente, se atreve a cuestionar. Pero ello no quita que se acuda a la obligación institucional de ir hacia una perspectiva más allá del mero negocio y la rentabilidad.
La atención social a la Copa de la Reina demuestra, primero, que la resistencia al fútbol femenino acabará convirtiéndose en testimonial, arrinconada, sin que ello evite salidas de tono puntuales con las que el protagonista de la machirulada cae en el ridículo más absoluto. Un machismo deportivo que alimenta un fascismo cada vez más presente en los estadios de fútbol, que de carecer de la corrección penal necesaria acabara por desbordar a los organismos internacionales supervisores. Frente a ello, la mejor medicina es el comportamiento cívico y el cierre del grifo por parte de las cabezas visibles del fútbol a desparrames que suelen encender más de una hoguera, o provocar el sonrojo al constatar que la elites permanecen entre sus bolitas de naftalina mientras el mundo cambia alrededor de ellos.
La Copa de la Reina, como lo fue la sentencia que clavó a Rubiales en la lejanía, son lecciones que superan con creces los efectos de cualquier campaña de publicidad de alto coste. Todo lo que suceda en el fútbol en este país, y hay que asumirlo, se multiplica a la velocidad de la luz como corresponde a cualquier parcela de mitos, hitos, leyendas, narcisismo, orgullos heridos, pasiones, ataques al corazón, pasiones, discusiones... Tanto para lo bueno como para lo malo o nefasto. El ideal de la serenidad sería que esta “religión laica”, como la llamó Manuel Vázquez Montalbán, transite por la heroicidad sana, ya sea para la victoria como para la derrota, sea en masculino o en femenino.
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