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Entrevista | José Luis Villacañas Historiador y filósofo

José Luis Villacañas: «Los actos de Trump son un síntoma de debilidad extrema»

El catedrático de Filosofía de la Universidad Complutense de Madrid, José Luis Villacañas Berlanga, intervino en el Aula Cultural Manuel Alemán con la conferencia ‘Cuáles son los senderos que se bifurcan’

El catedrático de Filosofía e Historiador, José Luis Vallacañas.

El catedrático de Filosofía e Historiador, José Luis Vallacañas. / La Provincia

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En su conferencia en el Aula Manuel Alemán usted trató el tema de la polarización de las actuales tendencias políticas. ¿En qué se ha inspirado?

Yo estaba escribiendo un capítulo adicional a mi último libro Los Senderos que se bifurcan sobre los momentos en que la humanidad tiene que tomar un camino u otro. Porque la Humanidad está en un cruce de decisiones existenciales. Y en ese libro acababa con el sendero que se bifurca entre Fukuyama y Trump. Fukuyama había propuesto el final de la historia, mientras que Trump nos pone delante de un escenario en el que la historia vuelve a ponerse en movimiento con todas sus tragedias, sus incertidumbre, sus riesgos. Pero una vez que Trump ha irrumpido de esta manera, movilizando de nuevo la historia, es evidente que nos está poniendo ante tesituras muy profundas y decisiones muy poderosas. Y en este sentido tenemos que decidir. Tenemos que ver en qué posición nos colocamos. Porque la impresión que quiere dejarnos es que todo esto va a ser un gran enfrentamiento entre Estados Unidos y China y obliga todo el mundo a posicionarse en alguno de estos dos senderos.

¿Y cuál cree que es la postura más sana ante esta situación?

Mi conferencia se centró en mostrar la necesidad de no caer en ese juego e intentar por todos los medios y con todas las fuerzas que tengamos a nuestra disposición intentar un camino alternativo, un sendero diferente. Es identificar hacia dónde nos quiere llevar esta falsa dualidad entre China y Trump, porque en el fondo prácticamente ambos están diseñando regímenes que son casi completamente simétricos.

¿Se puede plantar cara a Estado Unidos sin pagar un precio muy caro?

Se le se le puede se le debe y se le hará frente. Como decían los clásicos desde el siglo XIII, al tirano se le puede alabar, se le puede engañar y se le puede matar. Y digo matar en el sentido figurado, en el sentido de que se puede acabar con él. Y esto se puede y se debe hacer. Porque tenemos que reconocer que lo que está haciendo en estos momentos Trump no es no es un síntoma de fortaleza, sino un síntoma de extrema debilidad. Un filósofo al que estudio con cierta frecuencia es Hegel que expone en su filosofía del derecho acerca de la actitud de los pueblos y los estados que fueron importantes, que fueron mundiales, que fueron hegemónicos y que están en situación o se ven en situación de perder esa hegemonía. Y Hegel dice que estos pueblos y estos gobiernos, cuando después de haber sido enormemente poderosos se ven en un momento de debilidad, en un momento en que pueden perder esa hegemonía, se comportan como si estuvieran amenazados. Y lo primero que hacen es incorporar principios de gobierno completamente ajenos a lo que es su propia historia. Esto es destruir desde dentro sus aspiraciones constitucionales. Y esto es lo que está haciendo Estados Unidos. Y como dice Hegel, esto se manifiesta en que inician formas violentas de comportarse, guerras sin ton ni son, guerras que no se que pueden empezar pero no sabe muy bien cómo acabar. Y todo esto es síntoma de que ya han perdido su tiempo histórico profundo. Y por lo tanto, no debemos ser pesimistas.

¿Y qué consecuencias está teniendo a nivel global?

Al ser una cuestión de debilidad, la conducta errática y sonámbula de Trump lo único que va a hacer es unificar Y creo que esto se ha visto desde Groenlandia hasta eh podemos decir hasta Australia. Y los países que tienen un espíritu democrático y que desean mantener al mismo tiempo la democracia social, la democracia política, la democracia cultural y la democracia de tantas otras cosas, saben que tienen que unir sus esfuerzos rodeando Estados Unidos. Y no entrando en la trampa belicista en la que efectivamente nos meten miedo con Rusia o con China como si ellos fueran los enemigos cuando realmente el enemigo, el que se está comportando como un enemigo, porque se está comportando como un vencedor, es específicamente Estados Unidos. Los que tenemos una concepción democrática de la vida tenemos que combatir junto con los norteamericanos que se oponen a él. Contra la conducta errática a este cleptócrata, a este individuo que está confundiendo permanentemente los intereses de Estados Unidos con los intereses de su propia familia y de sus propios amigos.

Pero estamos viendo que cada vez aparece una mayor oposición a Trump en su propio país.

Cualquiera que tiene ojos en la cara en Estados Unidos se da cuenta de hasta qué punto Trump significa la ruptura de la democracia norteamericana. Significa la destrucción de la Constitución norteamericana y significa la destrucción del conjunto de alianzas que Estados Unidos ha ido tejiendo desde la Segunda Guerra Mundial. Siempre apoyando los valores mínimos de la legalidad internacional y de las Naciones Unidas. Y en este sentido creo que la batalla no es una batalla en soledad por parte de los demócratas del mundo, es una batalla que tiene profundos aliados en Estados Unidos, a los que tenemos que respetar y a los que tenemos que animar.

¿Hasta qué punto ese comportamiento es consecuencia simplemente de que maneje el poder un lunático infantil?

Tenemos que distinguir claramente entre el narcisismo patológico de Trump y lo que podemos llamar los intereses de cierta mirada propia del estado. Trump es el final de una estrategia del estado profundo norteamericano, y una buena parte del proyecto y del programa del Partido Demócrata forma parte de ese estado profundo. Y la vanguardia de los que están identificando el peligro de Trump, también son críticos de manera muy profunda del establishment propio del Partido Demócrata. También son críticos de esto que podíamos llamar el neoliberalismo progresista de la era Obama, de la era Clinton. Y también era una manera, ciertamente, de defender los intereses imperiales de Estados Unidos. Por eso creo que eh lo que está sucediendo en Estados Unidos esta agitación real.

Pero han surgido muchas voces importantes oponiéndose.

Líderes como el alcalde de Nueva York exigen también una renovación del programa del Partido Demócrata. Y creo que este es el momento más inspirador para nosotros y el momento más optimista. Que no se trata de volver a Biden. Se trata de saber entender un mundo plural que no puede estar administrado por la violencia expansiva de ninguna de ningún tipo de aspiración imperial. Ni el imperialismo de Rusia, ni de China. Se trata de avanzar hacia un mundo estable, donde efectivamente mente, aceptemos, la unidad de la tierra y la necesidad de una legislación internacional y aceptemos la estabilización de los grandes espacios de la tierra.

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