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Los inconfesables secretos de la buena familia en ‘Sobremesa’

El montaje escénico producido por el Teatro Pérez Galdós y unahoramenos, se adentra en las estructuras familiares que se desmoronan durante una cena. Se estrena los días 26 y 27 de junio

Saray Castro, Rubén Darío, Griselda Ponce y Marta Viera en una escena de ‘Sobremesa’.

Saray Castro, Rubén Darío, Griselda Ponce y Marta Viera en una escena de ‘Sobremesa’. / LP/DLP

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Las Palmas de Gran Canaria

El montaje escénico Sobremesa, producido por el Teatro Pérez Galdós y unahoramenos, se adentra en las estructuras familiares que se desmoronan en el transcurso de una cena en la Nochebuena de 2001. La obra que dirige Mario Vega irradia sentimientos muy próximos a todos y todas: los inconfesables secretos y mentiras que se pudren en una familia conformada por dos hermanas, Silvia (Marta Viera) y Lena (Saray Castro) y el marido de ésta última, Tony (Rubén Darío) y la madre de ambas, Griselda Ponce. Alrededor de este cuarteto Vega formula en poco más de una hora de duración un afilado drama que pone al descubierto las complicadas y turbias relaciones entre los miembros de una familia que, a tenor del texto elaborado por las tres dramaturgas Irma Corea, Ruth Sánchez y Gemma Quintana, parece que se apresuran a vivir la que podría ser la última cena de sus existencias juntos.

El montaje, que verá la luz en el Teatro Pérez Galdós los días 26 y 27 de junio, supone la novena entrega teatral del proyecto de experimentación denominado Laboratorio Galdós internacional que se desarrolla desde el año 2018 coproducido por el teatro capitalino.

Al borde del precipicio y de la disolución tiene lugar una cena en medio de una escenografía neutra concebida por Mario Vega en la que posee un lugar prominente la mesa en la que se desarrolla la cena familiar, así como otros dos espacios domésticos de la vivienda en la que tienen lugar frecuentes escenas del montaje -un baño y una cocina-, pero que se ocultan voluntariamente al público, para que éste intuya lo que los protagonistas traman a través de imágenes capturadas por varias cámaras situadas en la trastienda de estos dos habitáculos.

Tony, Lena y Silvia intentan sostener una fachada de normalidad que amenaza con desmoronarse en cada brindis. Graciela, la madre, intenta controlar hasta el último detalle de la velada, ocultando tras su fuerte carácter argentino la frustración de una vida de sacrificios y una noticia que le quema. A su lado, sus dos hijas transitan sus propios abismos: Lena, la mayor, se refugia en un silencio gélido mientras se enfrenta a su futuro más próximo; Silvia, la menor, lucha contra el pánico de una noticia imprevista. Tony, el marido de Lena, es un hombre de orden que oculta una traición moral imperdonable.

Uno de los ejes centrales de Sobremesa gira alrededor de los silencios familiares. No tanto sobre el secreto en sí mismo como sobre los mecanismos que permiten ocultarlo durante años. «A mí me interesa mucho más lo que se construye alrededor del secreto que el secreto mismo», señala Vega.

La obra explora cómo una misma historia puede ser reconstruida de maneras muy distintas dependiendo de quién la recuerde. «La memoria no es una fotografía fija», añade el director.

Como también advierte una de las tres dramaturgas de la obra, Gemma Quintana, «la constelación de esta familia está atravesada por secretos, secretos del pasado y del presente, secretos que van a definir el futuro. Todas las familias tienen los suyos. El juego que propone Sobremesa es: cada secreto detona un conflicto diferente, cuál prevalece, adónde nos lleva cada revelación».

Sánchez, por su parte, supone «que todos y todas nos hemos sentado en una cena de Navidad incómoda, intentando mantener las formas. Creo que al público le puede cautivar verse reflejado en esa hipocresía tan humana del ‘aquí no pasa nada’». El ritmo de Sobremesa es una montaña rusa: «Pasas de la risa o la ironía de los comentarios cotidianos a una tensión asfixiante. Me parece que ese viaje emocional, sumado al enigma que envuelve a la familia, va a mantener al espectador pegado a la butaca”, concluye la dramaturga.

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