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Análisis

La guayarmina olvidada

Maruja Salgado nos cuenta la historia del crimen y la biografía, hasta lo que se pueda descubrir, de Abenchara, secuestrada por orden de los Reyes Católicos

Maruja Salgado, con ejemplares de su libro.

Maruja Salgado, con ejemplares de su libro. / LP/DLP

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Javier Doreste

Javier Doreste

Esta es la investigación de un crimen de estado. La peor clase de crímenes pues se cometen por los encargados de mantener la justicia en las sociedades que rigen. Y no vale la excusa, tenebrosa, de la razón de estado. Uno de los motivos de la Revolución Francesa de 1789 fue la existencia de las lettre de cachet, órdenes firmadas por el rey o uno de sus ministros que mandaban a encerrar de por vida o hasta que le pluguiese al responsable a cualquier disidente o personaje molesto. Sin control judicial ninguno ni habeas corpus ni nada. Un secuestro en nombre de la razón de estado.

Y en nombre de esa razón de estado, por capricho colonial, los Reyes Católicos ordenan el secuestro de la Guayarmina de Gáldar, Abenchara, esposa del Mencey que sería más tarde Fernando Guanarteme. Poco importa que cayera en manos de los castellanos de manera casual. Lo que importa es que una vez ejecutado el secuestro, los reyes, en vez de ordenar la liberación de la rehén deciden mantenerla en su poder en el Alcázar de Córdoba, su residencia por entonces. La intención es usarla para presionar al Guanarteme a que rinda la isla de Gran Canaria al poder castellano. Y la villanía real llega al punto de utilizar que la víctima esté embarazada. Tanto mejor, discurren los católicos, dos rehenes en lugar de una. Tampoco debería asombrarnos mucho este proceder; hace poco los yanquis se apoderaron del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, de forma ilegal e invasiva, jaleados por algunos españoles que pedían una intervención similar en España.

No debería llamar la atención esta villanía real. La católica Isabel accede al trono de Castilla por la fuerza de las armas, arrebatándoselo a la legítima heredera, difundiendo además la sospecha de su bastardía. ¡Cómo si deslegitimara el acceso al trono! Recuerden que Francisco de Asís rechazó ser padre de varios de los hijos de Isabel II, entre ellos el futuro Alfonso XII, y sólo los dineros ofrecidos por el General Serrano le convencieron de presentarlo en la corte como hijo seminal suyo y por tanto heredero legítimo al reino de España. Lo cuentan con detalle escritoras como Nieves Concostrina o la catedrática Isabel Burdiel, autora de una monumental y completa biografía de Isabel II.

No olvidemos que estos católicos reyes, tan encumbrados por los ideólogos del franquismo y sus herederos, son los que traen la Inquisición, expulsan a los judíos e impulsan las políticas de persecución de herejes, disidentes y no católicos, moriscos, conversos y Estatutos de Sangre que empezaron en las academias toledanas en torno a 1482. La corona y su cómplice necesario la Iglesia Católica se apropió de los bienes de los judíos expulsados y el sistema de retribuir la delación afianzó el poder de la Inquisición, premió el chivatazo y llenó las arcas de los reyes y obispos.

¿Qué se podía esperar de esos reyes? El mismo Fernando conspira con su yerno Felipe el Hermoso para apartar a su hija Juana del gobierno. Muerto el yerno encerrará a la reina Juana en el castillo de Tordesillas. Por cierto que el extranjero Carlos I Habsburgo ordenará la continuación del encierro de su madre a su llegada a la península. ¡Qué ejemplo de amor paternal y filial! Encierran a la legítima reina de Castilla y Aragón, única heredera directa de los católicos, así mangonean el trono. Es mujer y cuenta poco en los cálculos reales salvo como hembra paridera.

Salgado nos cuenta la historia del crimen y la biografía, hasta lo que se puede descubrir, de Abenchara. Su repudio de Fernando Guanarteme y sus casamientos posteriores, qué fue de la hija que nació en el alcázar de Córdoba cuando su cautiverio y de los otros hijos que tuvo. Yo no lo haré aquí, sería como contar el final de una película de misterio. Si me adentraré en la cuestión principal, aparte del secuestro, que plantea la autora. ¿Por qué ha sido borrada de la historia de Gran Canaria Abenchara? Alguna ya la apunta la autora y a mi entender son cuatro:

Primero porque Abenchara contradice el discurso dominante de la bondad y justicia de los Reyes Católicos, ejemplo de buena gobernanza para su pueblo. Si se expulsó a los judíos no fue para no tener que pagar las deudas contraídas con ellos ni para quedarse sus bienes ni por racismo, fue por el bien de España, la unidad nacional, etc. Una acción cargada de villanía como el secuestro de la esposa embarazada de un rey de nación invadida contradice esa versión aunque se quiera edulcorar con una placa en el mencionado alcázar de Córdoba. El acto rebela lo cruel de unos reyes que se quieren presentar como paradigma renacentista, precursores de modernidad e impartidores de justicia.

Segundo porque la historia de Abenchara, al repudiar a su marido Fernando Guanarteme, al no aceptar el pacto de este con los castellanos, contradice la versión de que Gran Canaria no fue conquistada sino incorporada como un reino casi igual al de Castilla. No hubo traición, pues del Guanarteme sino una estrategia para salvar a su pueblo de la esclavitud y el genocidio. Abenchara no acepta el pacto y con su acto lo denuncia. Si se piensa bien el Guanarteme no traiciona a su pueblo, para él sólo serían súbditos sujetos a su dominio expresado en actos como el derecho de pernada. El Guanarteme, al pactar con los castellanos salva a su clase, a su clan, a su familia, consiguiendo para ellos la libertad y el derecho a equipararse con los castellanos, facilitando los matrimonios entre canarias y conquistadores.

En tercer lugar porque Abenchara contradice el mito de la aborigen seducida por el extranjero. Iballa entre nosotros, Malinche en México, Pocahontas en la América anglosajona, todas ellas transmisoras del mito del mestizaje consentido para la historia oficial, aunque en algunos sitios como México se considere a Malinche una traidora, colaboradora con los extranjeros genocidas, hija de Eva la que expulsó a los hombres del paraíso. Vieja tradición de achacar todos los males del mundo a las mujeres.

Y sobre todo porque Abenchara es, antes que guayarmina o aborigen, una mujer, y como tal no debe ocupar lugar visible en la historia. Las mujeres siempre son relegadas al cuarto de atrás y si ocupan algún lugar destacado será negando su feminidad y encarnando valores masculinos como Agustina de Aragón o Juana de Arco o traedoras de desgracias sin cuento como Malinche o Helena de Troya, recuerdo.

De todo esto nos habla Maruja Salgado muy bien documentada y con buena prosa lo que hace de su libro algo digno de leerse y tener en cuenta. Porque nos trae la memoria olvidada de la conquista de las islas y plantea la cuestión de que papel se asigna a las mujeres en la historia. Porque es un libro valiente que se enfrenta a lo oficial, a lo consensuado. Mientras, entre nosotros, Pablo Hasél sigue en prisión.

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