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ENTREVISTA

Daniela Garsal conquista el urbano desde Canarias: “Las mujeres le han dado libertad a la música”

La cantante urbana canaria habla de la presión tras ‘8 cositas’, de su identidad artística entre Dublín y Canarias y del papel de las mujeres en una escena que todavía las juzga más.

Daniela Garsal

Daniela Garsal / Daniela Garsal

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Adolfo Rodríguez

Adolfo Rodríguez

Daniela Garsal atraviesa uno de esos momentos en los que una artista empieza a notar que la música ya no es solo un refugio, sino también una responsabilidad. Después de comprobar cómo canciones como 8 cositas han conectado con una generación que se reconoce en sus letras directas, irónicas y cargadas de actitud, la cantante urbana canaria mira hacia adelante con una mezcla de ilusión, vértigo y honestidad.

Porque sí, Daniela reconoce que tiene miedo. No lo disimula ni intenta envolverse en una seguridad impostada. Al contrario: lo dice con naturalidad. Antes de lanzar 8 cositas estaba “cagada”, preguntándose si el público iba a aceptar una propuesta que se alejaba de sus canciones más sentimentales y tristes. Era un cambio de registro, una manera de “darle la vuelta a la tortilla”, y no sabía si quienes la escuchaban iban a acompañarla en ese giro.

El resultado demostró que sí. La canción no solo funcionó en un primer impulso, sino que siguió creciendo porque el público se quedó dentro de ella. Pero ese éxito, lejos de relajarla, ha abierto una nueva presión: la de sostener el nivel, la de volver a sorprender y la de no quedar atrapada en una sola fórmula.

El vértigo después del éxito

Daniela Garsal no romantiza el camino. Sabe que cada canción nueva llega con una pregunta incómoda: ¿gustará tanto como la anterior? Para una artista emergente, el éxito puede ser una confirmación, pero también una carga. Lo que antes era una búsqueda íntima empieza a convertirse en una conversación pública, con números, expectativas y comparaciones.

Aun así, Daniela tiene clara una idea: el tropiezo también forma parte de la carrera. “Sin fracaso no hay éxito”, resume. En su caso, la palabra fracaso tiene un significado concreto y profundo: no poder vivir de su música. No habla de una canción que no funcione, de una etapa menos brillante o de un lanzamiento que no alcance los datos esperados. Para ella, el verdadero fracaso sería no poder convertir su proyecto artístico en una forma de vida.

Esa ambición convive con otra posibilidad que también le interesa: escribir para otros artistas. Especialmente, hacer melodías. Daniela cuenta que disfruta imaginando qué líneas melódicas podrían encajar con determinadas voces, qué tipo de topline le vendría bien a cada artista y cómo una canción puede encontrar su identidad desde una intuición musical.

Daniela Garsal

Daniela Garsal / Daniela Garsal

Dublín, Canarias y una identidad en construcción

Aunque hoy se la presenta habitualmente como artista canaria, Daniela Garsal no reduce su identidad musical a una sola geografía. Su formación emocional y sonora tiene varios puntos en el mapa: Gran Canaria, Madrid y Dublín. Y, al pensar en qué lugar ha marcado más su manera de entender la música, apunta a Irlanda.

De pequeña escuchó mucha música anglosajona. De hecho, reconoce que sigue consumiendo más música en inglés que en español y que muchos de sus referentes cantan en ese idioma. Esa influencia explica también su relación inicial con la escritura: cuando empezó a componer, lo hacía en inglés. Le salía más natural, porque tenía más interiorizado el vocabulario, la estructura y la forma de construir canciones en esa lengua.

El español llegó después, a base de práctica. Daniela tuvo que aprender la jerga, las maneras de rimar, los códigos de la música que quería hacer. Hoy no descarta volver a escribir en inglés, aunque no necesariamente para publicar canciones en ese idioma de inmediato. Lo plantea más como una herramienta personal, una forma de ampliar recursos y no limitarse creativamente.

“Ser canaria ni me ayuda ni me limita”

En plena conversación sobre la llamada canariedad y el foco que vive actualmente la música hecha desde las Islas, Daniela se muestra prudente. No siente que ser canaria le haya abierto puertas de manera automática, pero tampoco que le haya cerrado oportunidades. Su percepción es clara: ni le ayuda ni le limita.

La artista observa el momento actual con distancia. Reconoce que ahora Canarias está en el centro de muchas conversaciones musicales, pero también recuerda que el talento canario no acaba de aparecer. Siempre ha habido artistas de las Islas con mayor o menor proyección, aunque quizá no siempre se les haya mirado con la misma atención desde fuera.

Esa idea permite entender su posición: Daniela no reniega de la etiqueta, pero tampoco quiere que la etiqueta explique todo su proyecto. Es canaria, sí, pero su música se construye también desde otros lugares, desde otros idiomas, desde otros consumos y desde una generación que se mueve con naturalidad entre referencias locales y globales.

Mujeres que le dan voz al urbano

Uno de los puntos más potentes de su reflexión aparece cuando habla de las mujeres en la música urbana. Daniela no cree que el género urbano haya dado a las mujeres una forma más libre de expresarse. Lo formula al revés: son las mujeres quienes le han dado esa libertad a la música urbana.

Para ella, el cambio no viene tanto del género como de las artistas que se están atreviendo a decir lo que quieren decir. En un espacio históricamente dominado por hombres, las mujeres han empezado a ocupar el relato sin pedir permiso, aunque todavía carguen con una vara de medir más dura.

Daniela señala una doble exigencia evidente: a los hombres se les permite subir al escenario con una estética mínima, con un gesto aparentemente sencillo, incluso con una actitud despreocupada. A las mujeres, en cambio, se les pide más: más presencia, más espectáculo, más corrección, más justificación. Lo que en un artista masculino puede leerse como naturalidad, en una mujer muchas veces se convierte en motivo de crítica.

Su reflexión no parte del resentimiento, sino de una petición sencilla: que ellas también puedan hacer lo que quieran sin ser juzgadas de manera distinta. Que una mujer pueda permitirse la misma libertad estética, escénica y discursiva que un hombre.

El equipo como refugio frente a la industria

Daniela también ha dejado de romantizar la industria musical. Lo dice sin dramatismo, pero con contundencia. Con el tiempo ha aprendido a protegerse, a crear una burbuja de trabajo y a centrarse en su proyecto sin mirar demasiado hacia fuera. En esa burbuja sitúa a personas clave de su entorno profesional, como Silvia, Taste y D3llano.

Con D3llano, productor de temas como 8 cositas y Me gustan los 2, asegura haber encontrado una complicidad especial. Desde el primer momento entendió el sonido, la actitud y el tipo de canción que ella quería construir. Daniela destaca no solo su talento, sino también su capacidad para empatizar con las letras, aportar y entrar en el juego creativo sin juzgar.

Esa confianza parece ser una de las claves de su presente. En un momento en el que todo puede entrar en el algoritmo, Daniela prefiere rodearse de quienes entienden su música, su humor y su manera de contar las cosas.

Una artista que quiere vivir de lo que canta

Daniela Garsal está en ese punto en el que una carrera empieza a tomar forma real: ya no se trata solo de sacar canciones, sino de decidir qué tipo de artista quiere ser. No se ve, por ahora, dándose a conocer a través de un programa de televisión, aunque le hayan planteado opciones como el Benidorm Fest. Respeta ese camino, pero no lo siente como el suyo.

El suyo parece otro: seguir construyendo desde la canción, desde la melodía, desde la independencia emocional y creativa. Con miedo, sí. Con presión, también. Pero con una claridad difícil de fingir: Daniela quiere vivir de su música porque su música ya no es solo una parte de su vida. Es, como ella misma resume, su vida también.

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