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Artes escénicas

'Pole dance', cabaret y ópera en un convento de Teror para recorrer la historia de España del siglo XX

LÓperArs estrena los días 10 y 11 de julio, de la mano de Mario Méndez, el espectáculo 'Anatomía del XX' donde la música, la danza, el movimiento y la memoria colectiva se dan la mano en un «vodevil contemporáneo»

Mario Méndez, director del montaje 'Anatomía XX'.

Mario Méndez, director del montaje 'Anatomía XX'. / LP/DLP

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Martina Andrés

Martina Andrés

Las Palmas de Gran Canaria

«Un convento es una casa de la espiritualidad, un lugar de emociones. Al final la cultura es identidad, es emoción. La cultura habla de todas las vivencias y todas las particularidades del alma humana. Es el lugar perfecto, idóneo, para crear esta magia». La magia de la que habla el actor, director e impulsor de LÓperArs, Mario Méndez, es la que se hará con el Convento de la Congregación de la Dominicas Misioneras de la Sagrada Familia de Teror los próximos 10 y 11 de julio en el estreno absoluto de Anatomía del XX, un espectáculo que mezcla música, danza, movimiento y teatro para contar la historia de España desde finales del siglo XIX hasta los años 80 del siglo pasado.

Esta propuesta surge de una «química familiar estupenda», en palabras del director artístico del montaje, que emitió sus primeros destellos el año pasado cuando LÓperArs impulsó la iniciativa Un viaje por la historia de Gran Canaria que, entre otros lugares, pasaba por el mencionado convento para sumergirse en algunos pasajes del relato histórico de la Isla. «Nos enamoramos mutuamente. Empezamos a trabajar juntos y ellas propusieron contratarme», explica Méndez en relación a las monjas.

Así, este flechazo artístico desembocó en una colaboración con la Asociación de Inserción Sociolaboral Incluye y el proyecto Espacio Sostenible Verode, que busca convertir este espacio centenario en un referente de economía social y sostenibilidad, además de un lugar en el que adentrarse a través de la música de Falla, el pole dance o la estética del cabaret, en los episodios más relevantes del país «a través de historias de amor», tal y como apunta el director artístico.

Cronología de la obra

Anatomía del XX parte del «ambiente monárquico» de los salones del siglo XX, de esa «apariencia» y «amor contenido», en palabras de Méndez. «Una persona entraba a un gran baile con la pareja que le tocaba porque eran negocios familiares. Entraban, pero de repente se enamoraban del bailarín o de la chica de enfrente. Todo eso llevaba un proceso: esas miradas, ese 'Dios mío, lo deseo tocar, quiero estar con él o con ella pero no puedo'. Todo eso se va a ir resolviendo y lo vamos a ir contando a través de esa evolución del siglo XX», apunta el director del espectáculo.

Tras esa primera fase de rigidez social, la obra transita por «el deseo irrefrenable» de la Segunda República hasta caer en el vacío de la Guerra Civil y la posguerra. Este bloque, el de «la herida», es quizás el más simbólico. Méndez recurre a la música del compositor grancanario Lothar Siemens y a la pieza Don Quijote vencido, interpretada por el barítono Nicolás Suazo, para plasmar la metáfora de la pérdida española.

En este momento del espectáculo, la escena se torna descarnada: una bailarina de pole dance entra en escena representando a la propia España, cubierta como si fuera una virgen inmóvil en tonos rojos y amarillos y simbolizando a un pueblo que «sobrevivió y siguió funcionando a pesar de esa rigidez», tal y como explica el director.

El hilo conductor de este viaje de 75 minutos es un cronista, figura encarnada por el actor Raúl Maro. Méndez lo describe como un «Pepito Grillo» o personaje omnisciente, el dueño del teatro donde los bailarines «serán como una pareja de víctimas de la guerra», en palabras del director. La transgresión llega cuando el propio cronista asume números de cuplés babilónicos, tradicionalmente femeninos, recuperando la esencia de la revista musical de los años 70 y 80 donde se mezclaba el humor, la lírica y la actualidad del pueblo.

«Vodevil contemporáneo»

Para transformar el espacio, Méndez ha diseñado una puesta en escena que él mismo denomina como un «vodevil contemporáneo». El jardín de las Dominicas se convertirá este fin de semana en un escenario vivo con una cortina roja gigante, bombillas de tocador, biombos y mantones de Manila, evocando el ambiente de los teatros de variedades.

Más allá de lo artístico, Anatomía del XX tiene un profundo calado social. Los beneficios de las entradas (disponibles en Eventbrite) se destinarán a ayudar a las monjas de la congregación a mantener su edificio histórico y continuar su obra social. Méndez defiende este modelo frente a la rigidez de los teatros institucionales: «Los teatros ya tienen su institución creada y eso es lo que nos hace peligrosos... La ópera y la danza viven de las rentas y somos las últimas en las estadísticas. En cambio, lugares como este están deseando trabajar por el tejido cultural y social, les encanta adaptarse a los nuevos tiempos. No te ponen peros, sino que reman a favor».

«El problema, entre comillas, de convertirse en institución, es que nos olvidamos de dónde viene el arte. Y el arte viene de la gente, viene del pueblo, de la identidad», añade.

«Iglesia sin etiquetas»

Con un elenco de primer nivel que incluye a Tania Lorenzo, Rosa Delia Martín y David Barrera, y un vestuario firmado por nombres como Emilio Salinas, el espectáculo promete ser una experiencia catártica. «A través de las emociones se puede contar todo, no entienden de clases sociales, de estamentos, ni de artes 'cultas' como la ópera o la danza. Lo que quiero contar es que todas las artes están hermanadas y que podemos hacer viajes en cualquier lugar, aprovechando también el patrimonio y la historia de esos espacios», apunta Méndez.

En el convento también se rendirá homenaje a la primera manifestación del colectivo LGTBI de 1973, tras lo que el espectáculo culminará con una gran fiesta creando «un ambiente de Locomía», donde se repartirán letras de canciones para que el público se convierta en parte activa de la historia.

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