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Cine

De 'One Piece' a una cárcel en Gran Canaria: Taz Skylar rueda 'La Cathédrale' en la Escuela de Arquitectura de la ULPGC

El director canario Eduardo Cubillo explora la «magia» de la justicia restaurativa en un thriller psicológico que enfrenta al primer violinista de una orquesta con el hombre condenado por la muerte de su hija

Taz Skylar durante el rodaje de 'La Cathédrale' en la Escuela de Arquitectura de la ULPGC.

Taz Skylar durante el rodaje de 'La Cathédrale' en la Escuela de Arquitectura de la ULPGC. / Quique Curbelo

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Martina Andrés

Martina Andrés

Las Palmas de Gran Canaria

Es verano, tiempo de que pasen cosas inusuales, planes y sucesos que se salen de la rutina y que aliñan, con su aire de sorpresa, el a veces insulso devenir de los días. Es momento de reinventarse, tal y como ha hecho la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC), que en lugar de albergar las aulas y los pasillos de una facultad, se muestra ahora como una cárcel dentro del rodaje del thriller psicológico La Cathédrale escrito y dirigido por el canario Eduardo Cubillo.

Esta metamorfosis arquitectónica refleja -como ya vienen haciendo rodajes de producciones como Días de agosto o Tal vez, entre otras muchas- que Canarias se ha convertido en tierra de hacer cine, y más en una época en la que prima el buen tiempo. Así, en medio de este escenario de cámaras, micros y aires de brutalismo, la película despliega una trama cargada de tensión y misterio. El relato sigue a Héctor, el primer violinista de una orquesta, que lleva diez años atrapado en una espiral de culpa tras la trágica muerte de su hija. Siguiendo el consejo de su antigua psicóloga, Héctor decide dar un paso hacia lo desconocido: participar en un proceso de justicia restaurativa con el hombre que fue condenado por el crimen. Lo que arranca como una confrontación entre personajes atormentados, se transforma en una búsqueda incómoda de la verdad, especialmente cuando un antiguo violín reaparece en escena, arrastrando al protagonista a una red de secretos que pondrán en duda todo lo que creía saber sobre su hija y sobre sí mismo.

Para dar vida a esta atmósfera psicológica, la producción cuenta con un elenco en el que están presentes actores como el canario Taz Skylar, conocido por su éxito en la serie de Netflix One Piece, que asume aquí el papel de criminal confeso. El intérprete, vestido de negro y con el pelo del mismo color, reivindica con orgullo sus raíces y describe a su personaje como alguien que lidia con una identidad no aceptada y una enfermedad cotidiana. «He tenido que gestionar el miedo a que este personaje se me quede pegado, porque es una energía muy particular», confiesa.

Cubillo, que ha pasado de la realidad del documental -con títulos como Ubuntu- a la complejidad de su primer guion de ficción tras tres años de trabajo intenso, muestra abiertamente su admiración por el actor, al que vio por primera vez en el programa La Revuelta. Trabajar con él es, en sus palabras, «un regalo para cualquier director»: «Está lleno de búsqueda, va buscando constantemente cómo mejorar. Solo hay que abrir las puertas y él va y te regala magia. No puedo decir sino maravillas de este señor», afirma.

Habitar el drama

El director también destaca la capacidad del actor para habitar el drama desde una profundidad muy particular. Acostumbrado a ser alguien al que le «encanta estar vacilando», en palabras del propio Skylar, de repente, en el set, se vuelve invisible. «El primer día del rodaje, Taz llegó con su sentido del humor y cuando se metió en el personaje él estaba aislado en su movida. Cuando llegaba, ya era el personaje. No lo hacía desde un habitarse haciéndose daño o con esa profundidad de algunos métodos que colapsan, sino que estuvo esperando dentro del personaje sin hacerse sufrir. Tú lo miras en la cámara sin hablar y ya tiene un brillo en los ojos, ya le tiembla algo… Eso tiene mucha verdad», manifiesta.

En este viaje, lo acompañan figuras de la talla de Marta Nieto, que encarna a la psicóloga de este complejo proceso de reconciliación. Para la actriz, participar en La Cathédrale ha supuesto un reto fascinante, tanto por la complejidad de los personajes -a los que describe como «oscuros y duales»- como por la oportunidad de explorar la «alquimia» que supone la justicia restaurativa, que también Cubillo define como un proceso lleno de «magia».

Bajo la guía del director, Nieto se preparó a fondo entrevistando a expertas en la materia para comprender cómo una simple conversación puede permitir que una víctima exprese su dolor cara a cara frente al agresor. «En esta película nada es lo que parece», advierte la actriz, subrayando que el guion la atrapó desde la primera lectura por su capacidad de sumar sorpresas constantes y por la fuerza de un secreto que mueve los hilos de su personaje.

Junto a ella, también está el británico Will Keen, en el papel protagonista, y Peter Vives que se mete en la piel de Julián, un director de orquesta obsesionado con la música de Sibelius. Vives destaca la fascinación que siente por el poder y el volumen de dirigir a tantos músicos a la vez. Para el actor, rodar en Gran Canaria es un «lujo», tanto por la energía y profesionalidad del equipo local, como por la riqueza y variedad de una isla que lo ha enamorado de nuevo a través de rincones como Tejeda, Vegueta o la playa de Las Canteras.

Más localizaciones isleñas

La Cathédrale llega de la mano de la productora Inefable Productions (ISII Group) que ha decidido rodar su primera ficción íntegramente en inglés para acceder a mercados internacionales de una manera diferente, junto con la distribuidora Deep Com Roots.

El rodaje, que se extiende durante ocho semanas entre Gran Canaria y Tenerife, ha encontrado su centro neurálgico en la Escuela de Arquitectura de la ULPGC. Según explica Daniel Alonso, director de producción, la elección de este edificio responde a su imponente estética brutalista, donde el hormigón y los arcos de seguridad permiten recrear con total veracidad un centro penitenciario de acceso restringido. «Buscamos siempre edificios que tengan una arquitectura significativa», señala.

El equipo ha recorrido también parajes tan emblemáticos como el barrio de Vegueta, la plaza de la Casa de Colón, la zona de Teror, Siete Palmas o el Auditorio de Tenerife, que serán fácilmente reconocibles en la película.

Alonso advierte sobre el fenómeno de «morir de éxito» que vive Canarias: la enorme cantidad de producciones simultáneas -«unas cinco o seis por isla», en sus palabras- complica en ocasiones la obtención de medios y personal, además de los retrasos que puede generar el transporte de materiales por barco. Augura que cada vez harán más falta distintos profesionales del cine formados en el Archipiélago, para hacer frente a la demanda de una industria que no deja de crecer.

Vuelve el verano y, con él, la capacidad de la Isla, ese continente en miniatura, para transformarse ante el objetivo de una cámara. Mientras el equipo técnico ajusta los micrófonos y las claquetas, un miembro del equipo pide silencio a los presentes. Al grito de «¡motor!», el silencio transforma el el edificio: «¡Shhh! ¡Estamos rodando!».

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