Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Octavio Pineda, poeta: "La imagen del faro revela muchos de los elementos de la poesía"

El Doctor en Filología Hispánica y Teoría de la Literatura y Literatura Comparada, y responsable de Ediciones del Cabildo de Gran Canaria, acaba de publicar el poemario ‘Luz fija variada con destellos’

En el centro, el poeta Octavio Pineda, junto a José Miguel Perera y Nayra Pérez Hernández en la presentación del poemario.

En el centro, el poeta Octavio Pineda, junto a José Miguel Perera y Nayra Pérez Hernández en la presentación del poemario.

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google
Nora Navarro

Nora Navarro

Las Palmas de Gran Canaria

¿Cómo se enciende la idea del faro que alumbra los versos de Luz fija variada con destellos?

Todo comienza en torno a 2013, cuando regresé a la isla después de vivir nueve años fuera. Alquilamos mi pareja y yo un piso situado en la planta 12 de un edificio desde donde se podía contemplar la bahía del puerto, y sobre todo las montañas de La Isleta. Al anochecer se proyectaba el faro en nuestro ventanal, y se reflejaba en un espejo del salón. Debido a su recurrencia, comencé a interesarme por su lenguaje nocturno, que aparecía de forma rítmica y encriptada. Acudí a lecturas, para entender su funcionamiento, también su significado y su necesidad. Igualmente, recorrí ensayos, novelas y poemas. Casi sin querer me di cuenta de que tenía ya un número importante de textos en el cuaderno con una idea común. Y la lejana semilla comenzó su camino hasta que di por concluido, más de diez años después, este poemario recién publicado.

La luz, las olas, el desorden, el naufragio, el silencio o el horizonte son imágenes que jalonan esta travesía poética, ¿te atrae el potencial metafórico que entrañan el mar, como abunda en la tradición de la poesía en Canarias, y los faros?

Sí, y diría que es un imaginario constante que también atraviesa la poesía canaria. Sin embargo, la figura del faro, aunque se localiza en numerosos textos, se representa como un elemento secundario, más escenográfico que protagonista. Lo que predomina en nuestra literatura isleña es la luz, principalmente, y las posibilidades del mar, tanto para quienes lo significan como un territorio expansivo, como para los que lo esquivan por su carácter asfixiante. Ahí el faro es el perfecto cómplice de ambas posturas. A modo de bisagra de nuestro mundo insular, es un elemento marino en tierra, y una visión terrenal en el horizonte oceánico, es quien trata de ordenar el desorden, y, sobre todo, quien busca unificar la comunicación sobre un mar de idiomas…

"Lo que predomina en nuestra literatura isleña es la luz, principalmente, y las posibilidades del mar"

Distintos fragmentos de las crónicas del farero y periodista José Rial (1888 – 1974), destinado en numerosos faros del Archipiélago, se intercalan a lo largo del poemario. ¿Cómo descubriste su obra?

En la ya desaparecida Librería Azulia, adonde iba de vez en cuando para buscar algún libro sobre faros, su dueño, José Luis González Ruano, me habló sobre él. Cierto es que conocía la historia de Josefina Pla en Lobos, pero no sabía que el farero que sustituyó a su padre era tan interesante. Posteriormente, indagando en el portal de la ULPGC Memoria Digital Canaria, descubrí la producción literaria y periodística de Rial, quien llegó a Lobos con su familia y luego fue destinado también en La Isleta y en Tenerife. Durante sus años de farero escribió novelas con dicha temática de fondo, entre las cuales Memorias de un solitario, publicada en 1935, me sirvió para terminar de completar la construcción, o la estructura, del poemario.

Al igual que en el artículo Letras en el faro, que publicaste en el suplemento Cultura de LA PROVINCIA en noviembre de 2023, ¿esta ha sido también una manera de reivindicar su legado, casi desconocido en el Archipiélago?

Sin duda, aquella investigación sobre los faros me llevó a numerosos lugares de su vida y de su obra, y a entender el valor de su legado, es curiosamente el abuelo de Alberto Vázquez Figueroa, y el padre de José Antonio Rial. Todo ello coincidió con la recepción de su archivo en la Fundación Juan Negrín, y la realización en 2023 de una exposición de su obra, titulada: José Rial (1888-1973). Lucha, compromiso y reconstrucción. Impulsado por la parte de filólogo que tengo, escribí su periplo y presenté la necesidad de releer su obra, puesto que no solo era farero y periodista, sino que es una de las figuras más importantes del exilio canario en varios países latinoamericanos, antes de volver y morir aquí en 1973. Aproveché las páginas del suplemento Cultura de este periódico para homenajearlo en el 50º aniversario de su fallecimiento.

Cubierta del poemario de Octavio Pineda.

Cubierta del poemario de Octavio Pineda. / LP

¿En qué medida constituye el símbolo del faro una alegoría o metáfora del lenguaje, «que alumbra y oculta», como apuntas en la nota de autor al final del libro?

Pensé en la pertinencia de una nota de autor, que finalmente coloqué en la última página. En cierto modo, comparto la senda del poeta peruano Eduardo Chirinos, que estudié en mi tesis, quien solía hacerlo, más que como una explicación como una confesión, una especie de alivio por plasmar los motivos de escritura de la obra. En cuanto a lo que me planteas de la metáfora del lenguaje, estás en lo cierto. Bajo mi punto de vista, la idea de que la luz del faro represente un lenguaje universal, un lenguaje que para unos es encriptado y para otros cobra sentido, que desprende entre destellos y eclipses el significado de advertencia y de llamada, me parece enormemente interesante. Invita a que pensemos sobre el lenguaje mismo y el decir poético.

«‘Decir’ en poesía, siempre conduce a cuestionarse, y a la vez esa reflexión ya es expresión»

¿Dirías que la metapoesía es un signo común de tu obra?

Es una de las ideas que vuelven una y otra vez, uno de los elementos más recurrentes de lo que he ido escribiendo. Pero diría que ocurre en casi toda la poesía contemporánea, atraviesa su lenguaje. «Decir» en poesía, siempre conduce a cuestionarse, y a la vez esa reflexión ya es expresión. En el caso de los faros, su imagen, su expresión, su significado, revela muchos de los elementos de la poesía, dejando que se mantenga en la sombra de lo que digo, estableciendo un ritmo, un lenguaje, y dando pie a cierto aislamiento.

"Eugenio Padorno fue un referente intelectual y creativo para nuestra generación"

Luz fija variada con destellos ve la luz al abrigo de -precisamente- la colección Faro de la Puntilla, impulsada por el maestro Eugenio Padorno, fallecido el pasado diciembre. ¿Qué significado reviste para ti formar parte de esta nómina?

Decía Nayra Pérez Hernández, con la que coincidí en la presentación de su excelente poemario Para bailar la calima, que la figura de Eugenio Padorno nos dio cobijo en nuestros años de universidad, sobre todo a quienes formamos parte de la revista Calibán. Y es que fue un referente intelectual y creativo para nuestra generación, también después de salir de dicha universidad. La colección, que nació bajo su dirección en la editorial Mercurio de Jorge Liria, y con el diseño y la maquetación de Sergio Hernández, ya tiene una nómina de autores increibles, y muchos de ellos son los discípulos de Padorno. Y sigue con fuerza, ahora de la mano de José Miguel Perera. Salvando las distancias, me parece que replica a su manera aquella histórica Colección para treinta bibliófilos, de Juan Manuel Trujillo, de los años 40, tanto por su formato como por su intencionalidad.

Tu poemario anterior, ¿Qué piensa el león del horizonte? Decalcomanías y otros poemas (2017), galardonado con el prestigioso Premio de Poesía Pedro García Cabrera, traza una intersección entre poesía y arte, versos y pintura, en la estela de Óscar Domínguez. ¿Siempre procuras buscar un hilo conductor o cohesión interna en tus obras?

Así es, y me parece que este poemario se relaciona estrechamente con ¿Qué piensa el león del horizonte?, pero no por sus textos o por sus temas, sino porque ambos expresan una misma búsqueda. Los dos relacionan la poesía con el arte, y a su vez aplican un relato en su interior. En el último poemario tengo el acompañamiento de la novela de José Rial. El verso indaga así en el argumento, explorando las diferentes formas del delirio de aquel farero que va perdiendo el juicio en la soledad. Es una síntesis del decir, tanto lírico como narrativo, atravesado por un tipo de lenguaje encriptado que es curiosamente universal. Te confieso además que me cuesta escribir desde el testimonio, o desde un yo demasiado presente, y la estructura bimembre que agrupa dos caminos, me permite mayor movilidad en la expresión y la creación.

«Mis dos hijos y mi pareja son claramente las luces que me guían, y evitan los naufragios»

¿Cuáles son los faros poéticos y vitales de Octavio Pineda?

Por un lado, en mi vida personal, no hay duda de que mi familia. Mis dos hijos y mi pareja, a quienes señalo como faros en mi travesía en la dedicatoria, son claramente las luces que me guían, y evitan los naufragios. Por otro lado, en el campo profesional y el literario, que por suerte están unidos, hay lugares a los que acudo siempre. Baudelarie en su poesía habla de los faros como influencias. Si hago una mirada panorámica a lo más recurrente que viene de muy atrás, en lo poético siempre reside César Vallejo, y gran parte de la poesía latinoamericana, en narrativa, la literatura de Europa Central y del Este, también el ensayo sobre literatura y poesía. Pero también señalaría como elementos clave los textos que trabajo en la parte profesional, sobre la literatura canaria del siglo XIX y principios del siglo XX, como me ocurrió con Rial, Fray Lesco, o los Hermanos Millares, pero también con Alonso Quesada, Pino Ojeda o Saulo Torón, es allí donde encuentro buenos puntos de anclaje para la navegación.

Y para terminar con una imagen común de tu humus poético, ¿cuáles son los próximos horizontes que enfilas?

Por la etapa que estoy viviendo, además de por las sensaciones que siento, tiendo a pensar que mis luces en poesía están ahora durmientes. El impulso creativo está latente, pero en reposo. Lo poco que tengo escrito e inédito, a lo que le podría otorgar un valor personal, está disperso y sin una estructura que lo conecte, así que me toca navegar a ciegas, o bien detenerme a esperar los destellos. Tardo mucho tiempo en componer y corregir, y revisar, por lo que entiendo que volveré a ser paciente y a esperar a que me lo pidan las palabras cuando se alineen las cosas. Estos dos últimos poemarios me ocuparon muchos años, fueron cocinándose con mucha calma, lo cual implica que si tiene que llegar, llegará.

Tracking Pixel Contents