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Música

Salitre Records, la nueva alianza que busca profesionalizar el talento musical desde Canarias

Jorge Castro y Alejandro Flores presentan el 28 de julio a las 17.00 horas en el Castillo de Mata la primera fase de un proyecto que busca impulsar a los artistas y bandas emergentes del Archipiélago

Concierto dentro de la iniciativa Descubriendo Arte.

Concierto dentro de la iniciativa Descubriendo Arte. / Alejandro Flores

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Martina Andrés

Martina Andrés

Las Palmas de Gran Canaria

La primera regla de Salitre Records es que, hasta hace muy poco, nadie sabía exactamente qué era Salitre Records. En el ecosistema digital de las bandas emergentes canarias, un aura de misticismo y un par de publicaciones crípticas bastaron para llenar su bandeja de entrada con una pregunta recurrente: «¿Qué están tramando?».

Entre sus dos impulsores, lo llaman una especie de «club de la lucha», aunque detrás de la intriga y el misterio lo que se encuentra es la urgencia compartida por Jorge Castro, estudiante de Economía y representante, y Alejandro Flores, videógrafo y músico de El baúl de Vagamundos, por lograr que los músicos y bandas de Canarias puedan despegar desde su tierra.

El próximo martes 28 de julio, a las 17.00 horas, los muros del Castillo de Mata de Las Palmas de Gran Canaria se transformarán durante unas horas en un espacio para el encuentro entre artistas en el que tendrán la oportunidad de conocer la iniciativa y agarrar el micro para contar qué es lo que sus propios proyectos musicales necesitan.

Para Castro y Flores, el problema actual reside en la falta de estructura, ya que ambos coinciden en que talento -más allá de la música urbana- hay de sobra. Los impulsores de Salitre Records observan con cierta amargura cómo el relato del éxito en las Islas parece estar ligado a tener un billete de ida a Madrid o Barcelona.

Es lo que llaman el «efecto del sueño americano», tal y como apunta Flores, pero made in Canarias: músicos que abandonan sus estudios y trabajos en el Archipiélago para lanzarse al vacío en la capital, donde se encuentran con otras 200.000 bandas compitiendo por los mismos contactos.

Salitre Records nace para hacer frente a esa idea, defendiendo que Canarias tiene el clima, la condición de tricontinentalidad -por su conexión con África, América y Europa- y el contexto sociocultural necesario para que un artista no tenga que elegir entre su tierra y su carrera. «Hay mucho talento que no es visible porque se mantiene en la sombra [...]. Hay gente a la que se le queda muy pequeña la Isla para lo que quieren proyectar», reflexiona Castro.

Fase 1: el contenedor

El proyecto que hoy es Salitre se empezó a perfilar siguiendo otros derroteros. Así, en noviembre del año pasado, la primera idea de Castro fue la de alquilar una casa y meter a cinco bandas a convivir durante seis meses para grabar una especie de «Gran Hermano o Operación Triunfo de bandas locales», pero con un «enfoque más real y menos guionizado», en palabras de Flores.

Sin embargo, la experiencia de ambos -por un lado la de Castro como representante de una banda del norte de la Isla, y por otro la de Flores curtido como videógrafo y fotógrafo-, les hizo bajar los pies a tierra debido al coste que tendría un despliegue de esas características.

Tras descartar esta primera idea, aterrizaron en lo que hoy es la fase uno del proyecto de Salitre Records: «el contenedor», un estudio itinerante capaz de moverse por toda la geografía insular para grabar el proceso creativo y, sobre todo, el directo de las bandas emergentes con una calidad profesional de 4K y sonido multipista.

«Nosotros lo que buscamos es que desde aquí se pueda tener proyección. No somos tampoco una sede de Sony ni de Warner, pero queremos suplir el vacío que hay aquí que creemos que no está cubierto», explica Flores.

Ese vacío al que se refiere el videógrafo tiene una traducción económica muy concreta: para una banda emergente que quiera presentar un producto competitivo, los números suelen ser el primer gran obstáculo. Grabar un disco en condiciones mínimas de calidad puede suponer un desembolso de unos 1.000 euros, pero si a eso se le suma una producción audiovisual profesional -necesaria hoy para cualquier plataforma como Instagram, TikTok o Spotify-, la cifra escala rápidamente hasta los 3.000 euros.

Salitre Records nace para ser el intermediario que derribe ese muro. Su propuesta busca ser una producción de realización multicámara (entre cuatro y cinco puntos de vista) y sonido multipista editado, permitiendo que el artista obtenga un material de alta fidelidad que capture la energía real de su directo y que luego pueda utilizar en redes sociales y plataformas musicales para ayudar a que su carrera tenga un primer impulso.

Para Castro, el valor del trabajo artístico se ha diluido en fórmulas que considera poco profesionales: «Lo que veo mucho es que hay formatos como la taquilla inversa, con todo el respeto a esta fórmula, que al final hacen un poquito que el valor del artista esté en la mano de quien viene a verlo», comenta, señalando la precariedad de dejar en manos del azar si un músico percibe 50 céntimos o 20 euros por su esfuerzo.

Esta falta de estructura profesional se traduce, a menudo, en una gestión basada exclusivamente en los números que un artista puede acumular en redes sociales. Flores relata con frustración experiencias propias y ajenas en las que la calidad musical queda en segundo plano frente a las estadísticas de Instagram: «A puertas de aceptarnos un bolo, de repente nos dicen que han visto que no tenemos 1.000 seguidores, que tenemos 800, y que por eso no van a hacer el concierto», relata.

El rugido del underground

Aunque el género urbano en las Islas vive una edad de oro desde 2020, Castro y Flores tienen claro que su proyecto debe mirar hacia los márgenes que aún no tienen estructura. «La parte urbana ya tiene ruedas, ya tiene sus espacios y colectivos. No hay un vacío que cubrir en concreto ahí», explica este segundo. Por el contrario, detectan una ebullición de bandas de rock, metal, jazz y punk que, a pesar de su enorme potencial, permanecen en la sombra.

Mencionan a grupos como Kermes -a quienes definen como un «soft rock» con aires de finales de los 90- o Bífidos, como ejemplos de formaciones que necesitan ese impulso para romper las fronteras de la insularidad. Flores, en su labor como fotógrafo de eventos, ha sido testigo de la fuerza de estas escenas: «Hay una escena punk y metal de chavales de 16 o 17 años que, con muy pocos recursos, consiguen realizar eventos que funcionan donde otros sitios no lo hacen».

Para ellos, para estas bandas y artistas, Salitre quiere ser la herramienta para que ese talento deje de ser un secreto a voces en salas pequeñas y empiece a proyectarse hacia fuera.

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