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Entrevista | Natalia Menéndez Directora de teatro y dramaturga

Natalia Menéndez, directora de teatro y dramaturga: "Nos interesaba plantear una reflexión sobre el hecho de ser una persona malquerida"

La exdirectora del Teatro Español y las Naves de Matadero de Madrid firma la adaptación de 'Malquerida', de Jacinto Benavente, que inaugura la próxima temporada del Teatro Cuyás con Aitana Sánchez-Gijón como protagonista

Natalia Menéndez.

Natalia Menéndez.

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Nora Navarro

Nora Navarro

¿Por qué decide adaptar el clásico La Malquerida y qué variaciones esenciales introduce en su revisión?

En mi lectura de La Malquerida me pareció que sería interesante poder hablar de las pasiones desmedidas y de la violencia que pueden crear, o mejor dicho, la ceguera que pueden crear. Creo que es interesante hablar de cuestiones como vigilar y no ver, de los silencios incómodos que se producen en la familia y que se producen en las sociedades, que son muchos temas que siguen hoy vigentes. Luego, en cuanto a las claves más concretas de la adaptación, yo sentí fundamentalmente que en el texto había que dejar atrás un costumbrismo que ahora mismo no se entiende y que tampoco se sabe interpretar. También optamos por reducir los personajes por una cuestión de producción, lo cual nos permitió aclarar un poco más la línea los personajes que se quedaban y darles más carne, más interés, y se añadieron además un par de escenas para que los personajes lucieran mejor.

¿A qué se debe la decisión de despojar el artículo "la" del título y dejar sencillamente Malquerida?

Al principio pensamos que, ya que habíamos hecho una adaptación muy clara, era una manera de no "engañar" al público. Luego vimos también que ese título, así tal cual, nos permitía jugar con la cuestión de quién es realmente malquerida, porque ¿cuántas malqueridas hay en la obra? Nos interesaba plantear una reflexión sobre el hecho de ser una persona malquerida. Precisamente, justo acaba de editarse nuestra adaptación del texto, bajo el mismo título de Malquerida, de la mano de la editorial andaluza El Toro Celeste, que ha querido publicarla incluso con fotos del espectáculo, por si pudiera interesar acceder a este texto e identificar estas cuestiones.

¿Cómo ha sido el trabajo con Aitana Sánchez-Gijón, quien se reencuentra con esta obra casi 40 años después de debutar en el papel de la hija, y que ahora asume en el papel de la madre, Raimunda? ¿Y cómo ha ido con el resto del elenco?

Aitana y yo teníamos muchas ganas de trabajar juntas desde hace tiempo, ya que no lo habíamos hecho nunca. Entonces, me pareció la mejor ocasión posible precisamente por eso, por darle la vuelta a ella misma con respecto a la obra y que pudiera interpretar tanto a la hija como a la madre. A ella le interesó la adaptación y hemos trabajado juntas, codo con codo, súper a gusto, las dos muy ilusionadas, y la verdad es que se ha producido muchísima magia durante el proceso. Y con el resto del reparto ha sucedido lo mismo, porque como Aitana es tan trabajadora y vive muchísimo los ensayos, ha sido un viaje colectivo muy hermoso, en el que todos han seguido la estela de la capitalina (risas).

¿Su versión trata de mirar a sus personajes son compasión, evitando los maniqueísmos a favor de mirar sus claroscuros y complejidades?

Claro, porque yo creo que el ser humano es muy complejo, y que tiene cuestiones que se tiene que hacer mirar y que tendrá que revisarse, pero también tiene otras partes que son muy hermosas. Por eso no quería que cayéramos en algo tan ramplón y facilón como separar entre buenos y malos, porque todo el mundo puede tener motivaciones para hacer lo que hace, y luego ya podemos estar más o menos de acuerdo con lo que hace.

Los títulos que ha abordado a lo largo de su extensa trayectoria escénica abarcan autores clásicos canónicos, desed Shakeapeare o Molière a Calderón de la Barca, Tirso de Molina o Marguerite Duras. ¿Qué le atrae de los clásicos?

No lo parece, pero he abordado más textos de autoría contemporánea que clásicos, pero dentro de todos los clásicos, que han sido muchísimos, es verdad que siempre hay un pálpito que se mantiene, que está vivo, que me resuena y que me produce eco. Yo no abordo nada que no sienta que deba abordar, así que cuando leí La Malquerida, de Jacinto Benavente, me dije: me interesa muchísimo abordar este maltrato, esta violencia vital y familiar tan enorme. Pero me parecía muy interesante abordarla pero desde otro lugar, como hemos hecho, más contemporáneo. Eso es lo que más me interesa de estos textos que sobreviven al paso del tiempo. Al fin y al cabo, los buenos clásicos son como los corchos, que están flotando siempre en el agua y los distingues nada más cruzarte con ellos.

¿Diría que Jacinto Benavente, Premio Nobel de Literatura en 1922, ha sido un autor olvidado o infrarrepresentado?

Creo que se ha representado poco, aunque se representó muchísimo en su época, con Margarita Xirgu a la cabeza, que fue su actriz de cabecera y le estrenó prácticamente todas sus obras. Lo que sucede es que luego pasaron otros poetas, como Lorca o Valle-Inclán, que absorbieron todo el panorama teatral y, entonces, Benavente cayó un poco más en el olvido. Luego, pienso sinceramente que hay que darle una vuelta a sus textos y hacerle dramaturgia, porque late muchísimo una serie de temáticas muy vigentes que sugiere y provoca, pero que en sus textos creo que hay que trabajar en cuanto a la forma.

Entre 2005 y 2007 dirigió la aclamada puesta en escena itinerante de Don Juan Tenorio de Zorrilla en el histórico barrio de Vegueta, que es un proyecto que hoy sigue consagrado en la agenda cultural grancanaria. ¿Cómo recuerda aquella experiencia?

Yo arranqué ese proyecto junto con Dania Dévora, a quien le debo toda mi admiración, respeto y cariño. Ella vino a hacer ese montaje conmigo a Alcalá de Henares y me dijo: esto tenemos que llevarlo a Vegueta. Y lo llevamos a Vegueta. Ella lo propuso y yo dije que sí, que íbamos adelante y, efectivamente, lo dirigí tres veces en Las Palmas de Gran Canaría. Me pareció que el equipo que formamos era buenísimo y trabajar con Dania era una maravilla, porque como creadora me permitía mucho vuelo, además de que ella también era muy creativa. Es una experiencia que recuerdo con mucha alegría.

Este año vio la luz el ensayo colectivo Cómo se pone en pie una obra de teatro. Manual para ayudantes de dirección, que coordinó y editó para Cátedra. ¿Cuál es la virtud fundamental de este oficio, bajo su punto de vista?

Más que un ensayo, se trata de un manual. Y este matiz es importante porque yo creo que no se ha escrito nada en Europa con respecto a la ayudantía de dirección; ni manuales, ni guías, ni nada donde uno pueda aprender de esa profesión que es tan necesaria y que además tiene tanto trabajo. Entonces, lo que hemos hecho es como una guía donde se crea una sistematización sobre este trabajo y que parte de las relaciones que deben tener los creadores entre sí, porque la ayudantía de dirección tiene una parte creadora, una parte técnica y una parte coordinadora. En definitiva, hacen un trabajo ímprobo y me gustó mucho que lo editara Cátedra porque significa que quizás pueda atravesar fronteras y llegar a América, y que se lea en otros países, que me parecería muy interesante.

Con todo, en lo que va de gira, ¿cómo ha respirado el público Malquerida?

Yo estoy muy feliz con que Malquerida vaya al Teatro Cuyás y me parece muy emocionante poder arrancar temporada allí. Y honestamente, creo que el público hasta aquí ha disfrutado muchísimo de la obra. Todas las plazas en las que hemos estado han estado llenas y la gente reacciona fantásticamente bien. Yo creo que se sigue muy bien, porque es un montaje donde hay una intriga muy grande, así que el público se vuelca mucho y siente muchas cosas, así que está siendo una experiencia muy interesante y emocionante.

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