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Literatura

Tras el rastro de la amistad que unió a Galdós y León y Castillo

La Casa Museo León y Castillo de Telde exhibe una exposición que indaga en el vínculo entre dos de los personajes más relevantes e influyentes del siglo XIX español, comisariada por Jonathan Allen, profesor de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC).

Dos jóvenes amigos, Fernando de León y Castillo y Benito Pérez Galdós. |

Dos jóvenes amigos, Fernando de León y Castillo y Benito Pérez Galdós. | / LP/DLP

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María Sánchez

María Sánchez

Las Palmas de Gran Canaria

Hay amistades que sobreviven al tiempo y otras que, además, terminan formando parte de la historia. La que mantuvieron el novelista Benito Pérez Galdós y el político Fernando León y Castillo pertenece a esta última categoría. Forjada en la infancia, fortalecida en Madrid de la Restauración y mantenida durante décadas entre España y París, su estrecha relación se puede rastrear en la completa exposición denominada Amigos: Fernando de León y Castillo – Benito Pérez Galdós, 1842 – 1920, que se exhibe en la Casa Museo León y Castillo de Telde hasta el 18 de octubre.

Comisariada por el profesor de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC), Jonathan Allen, la citada muestra propone un recorrido por uno de los vínculos personales más relevantes de la historia de Canarias. Más allá de los logros políticos, diplomáticos o literarios que ambos alcanzaron, la exposición pone el foco en una amistad que nunca se quebró y que, según Allen, constituyó «un privilegio histórico para la sociedad canaria», ya que tanto Galdós como León y Castillo mantuvieron siempre un firme compromiso con la defensa de las islas. El recorrido abarca seis décadas de amistad a través de cartas manuscritas, fotografías, libros, publicaciones y otros documentos que permiten reconstruir su estrecho vínculo.

Cuando ambos coincidieron en Madrid siendo apenas unos jóvenes, nadie podía imaginar el futuro que les esperaba. «Ninguno de los canarios que vivía entonces en Madrid tenía claro que Galdós sería el novelista que fue», explica el comisario. Lo que comenzó como la relación entre dos estudiantes grancanarios acabaría convirtiéndose en el encuentro entre dos de las figuras más influyentes del siglo XIX español.

Amistad nacida en Triana

La historia de ambos comenzó mucho antes de alcanzar el reconocimiento público. Se conocieron en Las Palmas de Gran Canaria, mientras estudiaban en el Colegio San Agustín y recorrían las calles del barrio de Triana en fila de dos, uniformados y llegaban a lo que entonces era el muelle de San Telmo y veían la Bahía de la Luz, la playa…

La literatura también conserva el rastro de esa relación entre los escritores

El contexto en el que crecieron favoreció su formación intelectual. Procedían de familias acomodadas y pertenecían a una élite cultural que vivía el despertar de una nueva burguesía liberal. «Son niños de la élite cultural de Gran Canaria; llegan a Madrid muy preparados», señala Allen. Durante la década de 1850, la capital grancanaria experimentaba una intensa transformación cultural. Instituciones como el Gabinete Literario, la Sociedad Filarmónica o las primeras bandas de música contribuían a crear un ambiente cada vez más dinámico. Sin embargo, sería Madrid la ciudad que ampliaría definitivamente sus horizontes.

Según recuerda Allen, Fernando León y Castillo describió en sus memorias el impacto que le produjeron los teatros, los cafés, las tertulias y centros de debate como la Asociación Científica. Galdós, por su parte, encontraría en el Ateneo uno de los espacios donde comenzó a construir su pensamiento. «Fue allí donde conocieron el mundo», resume el profesor. Llegar a Madrid no era, ni mucho menos, un desplazamiento sencillo. A mediados del siglo XIX, trasladarse desde Canarias suponía una auténtica odisea.

Cartel de la muestra. | LP/DLP

Cartel de la muestra. | / LP/DLP

Fernando León y Castillo tardó más de un mes en completar el trayecto. El accidente sufrido por el barco inglés en el que debía embarcar le obligó a modificar completamente la ruta. Terminó viajando desde Tenerife en un vapor portugués que hizo escala en Madeira antes de llegar a Cádiz. «Fue prácticamente media vuelta por el Atlántico», explica Allen. Dos años después, en 1862, Benito Pérez Galdós emprendió el mismo camino. Aunque el viaje marítimo hasta Cádiz resultó más breve, todavía tuvo que completar el trayecto en tren y en diligencia, un transporte incómodo que recorría cientos de kilómetros diarios.

La exposición reconstruye estas travesías y muestra cómo ambos compartieron también sus primeros años en Madrid, donde residieron en el número 3 de la calle de las Fuentes. Allí comenzaron a perfilar dos trayectorias muy distintas. Mientras Fernando destacaba por su carácter práctico y su vocación política, Galdós dedicaba largas horas a escribir obras teatrales que todavía no encontraban reconocimiento.

Dos personalidades opuestas

Sus carreras terminaron cruzándose tanto en la prensa como en la política. Ambos vivieron la Revolución de 1868, conocida como La Gloriosa, un acontecimiento decisivo para el ascenso político de León y Castillo y que marcó también el contexto en el que Galdós desarrolló buena parte de su obra.

Allen identifica en esos años una segunda etapa de la amistad, compartida con otros canarios instalados en Madrid. Todos ellos mantenían una visión reformista y progresista de las islas y conservaron durante décadas estrechos lazos personales. Pese a esa afinidad intelectual, sus caracteres apenas podían ser más diferentes.

«Fernando tenía un vozarrón imponente, era un extraordinario orador y se desenvolvía perfectamente en las Cortes», explica Allen. Galdós, en cambio, sufría una timidez extrema. El profesor recuerda un episodio especialmente revelador: cuando le organizaron su primer homenaje público en Madrid, el escritor huyó hasta Toledo para evitar asistir. Sus amigos tuvieron que ir a buscarlo para convencerlo de regresar.

La literatura también conserva el rastro de esa relación. Según Allen, la figura de Fernando León y Castillo aparece de forma explícita y también simbólica en numerosas obras de Galdós. «Hay muchas referencias encriptadas», afirma. Una de ellas alude a «un canario que cuida a otro enfermo», una escena inspirada en los cuidados que León y Castillo prestó a su amigo durante algunos de sus momentos más delicados.

«Son niños de la élite cultural de la Isla, llegan a Madrid muy preparados», señala Allen

La distancia tampoco debilitó el vínculo. Cuando Fernando fue nombrado embajador de España en París, Galdós viajó hasta la capital francesa en trece ocasiones para visitarlo. Incluso durante sus recorridos por Inglaterra, Alemania o Italia encontraba la manera de reencontrarse con él. La correspondencia entre ambos estuvo marcada por una ayuda constante, tanto en el plano personal como en el profesional.

Uno de los episodios más representativos ocurrió en 1900. Galdós deseaba entrevistar a la reina Isabel II, exiliada en París, y recurrió a León y Castillo para conseguir el encuentro. La reunión estuvo a punto de torcerse por los nervios del escritor. «Entré en el palacio y me temblaban las piernas; ya me iba corriendo», escribiría después Galdós. Fue Fernando quien consiguió tranquilizarlo y evitar que abandonara la entrevista antes de tiempo.

Ese gesto resume una relación basada en la confianza mutua y el apoyo permanente. Durante décadas, ambos se acompañaron en los momentos decisivos de sus vidas, pese a desarrollar carreras muy diferentes y vivir largas temporadas separados por cientos de kilómetros.

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