Análisis
Rebelión en la granja
Sin negar su condición de panfleto acusatorio del stalinismo, la novela de Orwell, ‘Rebelión en la granja’, no deja de ser una magnífica descripción del surgimiento del derecho al servicio del poder y cómo este lo utiliza para controlar y coaccionar a la población.

Rebelión en la granja. / La Provincia
La historia de este libro es una de las más curiosas que le han podido pasar a cualquier obra literaria. Nacido inicialmente como un vitriólico panfleto en contra del estalinismo ha ido evolucionando hacia una denuncia del totalitarismo y el fracaso de todas las revoluciones, un llamamiento al conformismo, al inmovilismo, ya que los amos que vendrán serán peores que los derrocados pues ya se sabe que no hay peor cuña que la del mismo palo. Como una fórmula mágica o Bálsamo de Fierabrás político literario la novela de Orwell se aplica tanto al castrismo de Cuba como al orteguismo de Nicaragua. Pocas veces la he visto aplicada al Chile de Pinochet o a la Argentina de Videla o sin ir más lejos a la religiosa Polonia de Duda (que persigue y expulsa a los homosexuales) o a la Hungría de Orban. Normal si pensamos que fue escrita contra la izquierda. Orwell no solo denunció el totalitarismo y el estalinismo sino que, y así lo explica en el artículo La libertad de prensa, inédito hasta 1971 y que pensó como prólogo a la primera edición. En él explica los problemas que tuvo para publicar su libro. La URSS aún era aliada de los británicos en la lucha contra el nazismo y el establishment no quería publicar nada que pudiera ofender a Stalin y los soviéticos. La izquierda apoyaba esa alianza y desmentía o justificaba vigorosamente cualquier noticia sobre los procesos de Moscú. Contra esa postura y quienes la defendían cargó vigorosamente Orwell.
Pero cuando un libro es bueno, está bien escrito y estructurado y atrapa al lector desde las primeras páginas, suele tener un recorrido distinto o paralelo al que se le destinó inicialmente. Obras satíricas como Los viajes de Gulliver se convierten en clásicos de la literatura juvenil y obras pensadas para entretener al hijastro en las noches del Pacífico se convierten en clásicos de la novela como La Isla del Tesoro. Las obras de arte caminan independientes de lo que sus creadores o el propio entorno social quieren. Cada nuevo lector tendrá una impresión distinta pues las circunstancias habrán cambiado. En el plano individual significa que no leemos de la misma forma Los tres mosqueteros en la adolescencia que en la madurez. El entorno cambia, muta constantemente y con esa mutación y cambio se transforma la visión que podemos tener de algunos libros considerados como obras de arte. Rebelión en la granja es uno de ellos. Sin negar su condición de panfleto acusatorio del estalinismo no deja de ser una magnifica descripción del surgimiento del derecho al servicio del poder y como este lo utiliza para coaccionar y controlar a la población. De paso les diré que la insistencia en llamar panfleto a esta magnífica novela no es denigratoria, sino vindicatoria del arte del panfleto. Panfleto es Una modesta proposición para resolver el problema de Irlanda de Jonathan Swift y varios de los escritos de Voltaire.
Recuerden que apenas derrocado el señor Jones, los animales proclaman siete principios: 1.Todo lo que camina sobre dos pies es un enemigo.2. Todo lo que camina sobre cuatro patas, o tenga alas, es un amigo.3. Ningún animal usará ropa.4. Ningún animal dormirá en una cama.5. Ningún animal beberá alcohol.6. Ningún animal matará a otro animal. 7. Todos los animales son iguales. Al tomar el poder los animales empiezan a construir un derecho encaminado a defenderlos de los hombres y a preservar su libertad y esencia de animales, lo que les ha empujado a la rebelión. Podría decirse que tienen una visión positivista del derecho pues establecen un poder soberano, el de la Asamblea de los Animales y la coacción que el derecho ejerce al ser proclamados los siete principios de forma positiva y reclamar su obediencia universal y natural.
Esos nobles principios, una vez ascendido al poder el cerdo Napoleón y eliminada toda oposición, son sustituidos por otros, parecidos pero sutilmente distintos, entre los cuales el que más llama la atención será el de: Todos los animales son iguales, pero unos son más iguales que otros. Y llama la atención porque se ajusta como un guante a la única revolución que nadie censura en occidente, antes bien, ahora que ha cumplido los doscientos cincuenta años, la Revolución Americana, se ha visto colmada de homenajes aduladores como símbolos de pleitesía al decadente imperio yanqui. Una rebelión, la de las trece colonias que se hacía en nombre de la libertad y la igualdad de todos ante la ley, precursora de la gran revolución francesa de 1789, pero que mantenía incólume el sistema esclavista en el que se basaba la economía de esas trece colonias. Para la revolución americana ni siquiera unos hombres serían más iguales que otros, simplemente unos no serían ni siquiera hombres, degradados al nivel del salvaje en el caso de los nativos y al de animales de carga en el de los negros. Los colonos americanos lucharon por su libertad, la suya, como hombres libres e iguales pero no la libertad de mujeres, indios y negros. Serían necesarios cien años y una guerra civil para que los negros alcanzaran la libertad. Las mujeres no empezaron a conquistar la igualdad sino después de la segunda guerra mundial. En cuanto a los indígenas han logrado derechos pero continúan siendo ciudadanos de segunda para la mayoría de la población. La hipocresía de la rebelión de los esclavistas blancos para extender su poder de opresión de pieles rojas y negros, ahorrándose de paso los impuestos a pagar a la corona, con la excusa de la libertad y la razón, es el marco perfecto para una lectura actualizada de la obra de George Orwell.
Pero nuestra sociedad no está libre de la misma hipocresía igualitaria. Si bien la constitución declara que todos somos iguales ante la ley, unos son más iguales que otros. No hablo solo de la Monarquía y de la infame condena de Pablo Hasél, sino de aquellos que tienen un régimen jurídico especifico, ideado inicialmente para mantenerlos a salvo de presiones, chantajes y fuerzas ajenas y que se ha convertido en un régimen especial que permite cometer delitos que tardaran en juzgarse, si es que llegan a juzgarse, cuando no se archivan. Un ejemplo cercano es la reciente negativa de los tribunales a incluir en la causa Kitchen a la exministra pepera Dolores de Cospedal. Otro es la existencia de un delito tan ridículo como el de ofensa de sentimientos religiosos que permite a un clérigo de cualquier religión insultar o denigrar a feministas, homosexuales y ateos, pero impide que estos puedan responder en los mismos términos. O la doble vara de medir que permite a un desconocido M. Rajoy insultar a la selección de un país vecino sin consecuencias ni castigo. Lo dicho, volvamos a leer Rebelión en la granja para entender mejor la sociedad en que vivimos.
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