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La escuela Humor Lab prepara su segunda edición para impulsar el 'stand-up comedy' en Canarias

El taller impulsado por Jessika Rojano arranca su nuevo curso en septiembre con dos líneas de trabajo, una de iniciación y otra avanzada

La muestra final de la primera edición de Humor Lab.

La muestra final de la primera edición de Humor Lab. / LP

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Patricia Ginovés

Patricia Ginovés

La comedia en Tenerife sigue ganando espacio y da forma a su propia estructura a través de iniciativas como Humor Lab, el taller impulsado por la humorista tinerfeña Jessika Rojano, que en septiembre arrancará su segunda edición tras una primera experiencia marcada por la buena acogida y la consolidación de una pequeña comunidad creativa en torno al stand-up comedy. Lo que comenzó en octubre del pasado año como un curso de iniciación de apenas mes y medio terminó convirtiéndose en una cita semanal gracias al entusiasmo de los alumnos y a la predisposición de la profesora. "Arrancamos como un taller puntual, pero los propios alumnos pidieron continuidad y decidimos mantenerlo todos los jueves", explica Rojano. Desde entonces, el grupo se ha reunido durante dos horas semanales en La Laguna, donde han trabajado las bases de la escritura cómica y la puesta en escena.

El balance de esta primera edición es positivo tanto en participación, con más de una veintena de alumnos a lo largo del curso, como en resultados. La muestra final, celebrada el pasado 25 de julio, evidenció el crecimiento de los participantes porque, tal y como afirma Rojano, "se lo toman muy en serio. En el escenario demostraron un nivel y una profesionalidad sorprendentes", asegura la humorista, quien subraya además la aparición de una "cantera" emergente en Canarias.

Falta de referentes

Humor Lab nació para dar respuesta a una carencia detectada por la propia Rojano en el ámbito local. "En Canarias no existía una escuela específica de stand-up comedy a pesar de que había gente con interés", señala la humorista, que a lo largo de su carrera ha tenido diferentes experiencias en micros abiertos. Más recientemente, el contacto con personas que querían iniciarse, pero que no se atrevían a dar el salto, fue determinante para poner en marcha este proyecto. "Me di cuenta de que lo más importante para empezar es tener una comunidad que te apoye, gente en tu mismo punto con la que compartir el proceso", expresa.

Esa idea de comunidad se ha convertido en uno de los pilares del proyecto. Las sesiones de Humor Lab combinan ejercicios prácticos, teoría y espacios de exposición en formato de micro abierto. "No se trata solo de escribir en casa; en clase hay una especie de sala de guion donde todos aportan ideas y, así, ocho personas trabajando sobre tu texto lo terminan enriqueciendo mucho más", resume.

Reto formativo

Rojano apuesta por un enfoque flexible que respete la voz de cada alumno. "El stand-up tiene unas reglas básicas, pero cada persona llega a ellas de forma distinta. Mi trabajo es acompañar a cada uno de ellos sin imponer una fórmula general", afirma la humorista, quien añade que su metodología se adapta, de hecho, a los distintos perfiles de alumnos, desde quienes escriben de forma sistemática hasta quienes prefieren trabajar a partir de la improvisación o el registro oral. "Lo importante es encontrar el camino propio y luego pulirlo", concluye.

El perfil del alumnado en esta primera edición del curso ha sido diverso. La mayoría de los interesados llegan atraídos por la curiosidad, más que por la intención de hacerse profesionales. "Nadie empieza pensando en dedicarse a esto. Suele ser una afición que, con el tiempo, puede convertirse en algo más", apunta Rojano aludiendo a su propia experiencia. Sin embargo, la implicación de esta primera promoción de estudiantes ha sido alta y muchos optarán, a partir del próximo mes de septiembre, por continuar su formación.

Alumnos entregados

Es el caso de Sandra Hernández, alumna de 32 años de Tacoronte, que participó en la primera edición y repetirá en la siguiente. "Ha sido un aprendizaje increíble y he descubierto una nueva forma de expresar lo que me pasa en el día a día, esta vez desde la comedia", explica alumna, quien ha encontrado en Humor Lab una vía para acercarse al stand-up. "No sabía todo el trabajo que hay detrás de cada monólogo, ni la teoría que lo sostiene. Este curso me ha permitido entrar en un mundo que siempre me había llamado la atención", añade.

Para Hernández, uno de los aspectos más valiosos ha sido el trabajo en equipo. "El grupo ha sido muy diverso e intergeneracional, y eso enriquece mucho lo que hemos hecho porque hemos descubierto experiencias distintas que poco a poco se han ido transformando en humor, y hemos aprendido de cada compañero", señala la joven.

Nueva edición

La segunda edición de Humor Lab, prevista para septiembre, aspira a consolidar y ampliar el proyecto. La intención es abrir dos líneas formativas, una nueva edición de iniciación y otra de nivel avanzado para aquellos que desean repetir y matricularse por segundo curso consecutivo. En esta nueva etapa, el foco se desplazará progresivamente de la escritura a la interpretación porque, tal y como explica Rojano, "muchos ya cuentan con las herramientas para escribir, y ahora el reto es trabajar el cuerpo y la voz para encontrar la presencia escénica", señala la humorista. Se trata, así, de un paso natural en el desarrollo del stand-up comedy, donde el texto es solo una parte del resultado final.

La convocatoria permanecerá abierta hasta finales de agosto, y la inscripción se gestiona directamente a través de contacto con la organizadora. Pero más allá de la formación técnica, Humor Lab se presenta como un espacio de exploración personal. "Si alguien tiene la espinita de la comedia, este es el momento de probar", defiende Rojano quien, como su alumna Sandra Hernández, recuerda que no es imprescindible querer actuar.

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Fuente: El Día - La Opinión de Tenerife

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