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Carreras torcidas (IX)

Los caídos en el frente

Más de 20 futbolistas que partieron desde Canarias hasta la Península cayeron como soldados en la Guerra Civil | El número de jugadores muertos es mayor que en otras zonas

En la imagen, tropas embarcadas en el Puerto de Las Palmas, en 1936, que partían hacia los distintos frentes donde muchos canarios combatieron. | | ARCHIVO LP/DLP

En la imagen, tropas embarcadas en el Puerto de Las Palmas, en 1936, que partían hacia los distintos frentes donde muchos canarios combatieron. | | ARCHIVO LP/DLP

El fútbol canario, presa de la lejanía, vivió un desarrollo totalmente distinto al del resto del territorio español. Eso no quitaba que en 1936, cuando la Guerra Civil estalló, el balompié ya era desde hacía tiempo un pasatiempo para la sociedad canaria, sobre todo en las capitales, donde los duelos entre sociedades rivales daban tardes de divertimento y mucho de lo que hablar durante la semana. Pero todo eso explotó.

En los años 30, el fútbol ya era un deporte de masas en Canarias. De aquel auge había disfrutado y sido partícipe Arturo Santana (Santa Cruz de Tenerife, 1905). Sus padres habían emigrado a Cuba y él se instaló en el Puerto de La Luz con unos familiares. Allí descubrió el ‘foot-ball’ y se forjó como un defensa férreo en el Porteño, antes de pasar a defensa de época en el Santa Catalina. Su fama en el Real Club Victoria se acrecentó. Fuerte, alto y ponderoso, encontró un hueco en la guardia de asalto cuando decidió colgar las botas. Aquel puesto, que parecía un trabajo estable y seguro, le costó la vida por culpa del alzamiento militar que arrancó en Canarias en julio de 1936, fracturó España y sumió al país en una Guerra Civil tortuosa.

Porque Santana fue detenido por las fuerzas militares por su puesto de guardia de asalto. Enviado al campo de concentración de La Isleta, bajo unas condiciones mínimas de higiene y salubridad, enfermó. De allí solo salió para ingresar en el Hospital San Martín, donde falleció en 1937 bajo unas circunstancias que, como tantos otros sucesos de la Guerra Civil, nunca se esclarecieron. Nadie escapaba al horror de la batalla y menos aún de las represalias.

Un proceso lento

El ejemplo de Arturo Santana, aquel defensa de ímpetu que emocionaba a la afición isleña al fútbol, es solo uno de los casos de cómo la Guerra Civil truncó el balompié en Canarias. “Es la única baja perfectamente definida en la relación de futbolistas en el bando republicano”, comenta José Ignacio Corcuera, miembro del Centro de Investigaciones de Historia y Estadísticas del Fútbol Español (Cihefe).

Desde finales de los años 70, Corcuera se propuso un cometido: identificar cuántos futbolistas fueron llamados a filas para entrar en la Guerra Civil y las bajas que el conflicto causó en el balompié patrio. Un rastreo que le llevó a bucear en los archivos de todas la Federaciones Regionales, fondos militares y hemerotecas de toda España. Canarias no fue una excepción.

Arturo Santana, ex del Victoria, sufrió la represión hasta la muerte por ser guardia de asalto

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Los clubes de las Islas, llenos de jóvenes deportistas fuertes y sanos, se convirtieron en un vivero para el bando sublevado que se levantó en armas contra el gobierno legítimo de la II República. “En Canarias hubo movilizados, muchos, pero también alistados. En el caso de las Islas, lo que más sorprende fue la cantidad de bajas que tenían para ser una zona que estuvo tan distante de los grandes frentes de la guerra. Evidentemente contribuyó con bastantes soldados, pero si nos ponemos a comparar el porcentaje de caídos total con el número de futbolistas caídos, su porcentaje es muchísimo mayor que el de cualquier otro territorio”, explica el investigador vasco.

El rastro republicano

En total, al menos 20 futbolistas con ficha federativa en las Federaciones de Las Palmas o Tenerife cayeron en el campo de batalla. Todos por el bando sublevado. La explicación es, a juicio de Corcuera, sencilla. “Perseguir las bajas del bando republicano e identificarlas es complicadísimo. Se ocultaban. Así como en el bando nacional haber tenido una baja significaba el acceso a una paga, un puesto en la administración pública o el reconocimiento en el pueblo con una calle, una placa en el estadio o demás, si habías estado en el bando republicano lo mejor era ocultarse. En el bando republicano, lo mejor era pasar desapercibido, no quedar marcado como ‘rojo’. Era mejor dejarlo pasar. Cuesta un mundo investigar esas bajas, aunque en Canarias prácticamente no las hubo en batalla”, argumenta.

Símbolo de aquel reconocimiento público que imperó en el franquismo con los ‘Caídos por Dios y por España’, la Federación Española de Fútbol elaboró un lista para homenajear a los futbolistas muertos en la contienda. Los republicanos fueron obviados. Solo hubo un bando.

El caso más conocido de todos aquellos hombres canarios y futbolistas que, bien reclutados o bien alistados, se fueron al frente es el del tinerfeño Ángel Arocha. Goleador de raza, salió de Tenerife para convertirse en un mito del Barça: 236 goles en 240 partidos. Pasó al Atlético de Madrid, donde jugó de 1933 a 1936. Al estallar la guerra se alistó en el ejército franquista.

Isleños como Mesa o Paco Campos, que sirvieron en el bando sublevado, llegaron al Atlético Aviación

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«Todos llegamos bien. Viva Price. Arriba España». Con ese telegrama comunicó al Price tinerfeño que tanto él como otros compañeros habían llegado a la Península en noviembre del 36. Con galones de cabo en el Grupo de Intendencia de Canarias, cuarta Compañía, la muerte le sorprendió cerca de Balaguer (Lérida) en un bombardeo del Frente Popular.

Y aunque las competiciones oficiales estaban paradas, durante la Guerra Civil hubo fútbol. «Todo el mundo zanja este tema con una frase: de 1936 a 1939 se suspenden las competiciones o, directamente, que no hubo fútbol. Y no es cierto. La mayoría de partidos tenían carácter recaudatorio además de otros torneos no reconocidos oficialmente, pero también se jugó hasta en los distintos frentes», explica Corcuera.

Sobre todo en el la 35 Unidad de Automóviles de Aviación, donde andaba el Alférez Salamanca, un entusiasta del fútbol que sembró la semilla del Atlético Aviación con varios canarios que reclutó para su causa, que tras el fin de la guerra, revitalizó a un Atlético de Madrid que había quedado hecho trizas. Por allí aparecieron hombres que vivieron la guerra como el grancanario Machín –al que preferían llamar Machorro, un nombre más viril-, Paco Campos –que sirvió en distintos frentes en el bando sublevado hasta llegar a la Aviación en Zaragoza–, Arencibia – nacido en Cuba y que no entró en batalla por una lesión de la que se recuperaba– o Pepe Mesa –que visitó el uniforme de sargento–.

Federación de Las Palmas

-Domingo Sosa: RC Victoria

-Francisco Suárez: Peña Athletic

-Basilio Arocha Padrón: Athletic

-Manuel García Santana: Atheltic

-Juan Quevedo Suárez: Levante

-Alejandro Toledo Suárez: Marino

-Juan Frade Molina: Marino

-Sebastián Ramírez Suárez: Marino

-Fernando Rojas: CD Gran Canaria

-Francisco Santana: CD Español

-Manuel Macías Santana: Artesano

-Francisco Arbelo Santana: Artesano

-Manuel Méndez Hernández: Apolinario

Federación Tinerfeña

-Ángel Arocha Guillén: CD Price

-Manuel Domínguez de la Cruz: Estrella

-Marcial Dorta Morales: Estrella

-Miguel Pérez López: Estrella

-Antonio Hernández: CD Vera

-Cristóbal Abrante García: CD Vera

-Ramón Rodríguez Borges: CD Vera

-Miguelín Sosvillas: Mensajero

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