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Carreras torcidas

La leyenda de Padrón el ‘Sueco’, el primer canario en jugar con la Selección

El primer canario en jugar con la Selección falleció exiliado en Francia | Formó parte de la resistencia en la II Guerra Mundial

Padrón, en el Santa Catalina. | | LP/DLP

Padrón, en el Santa Catalina. | | LP/DLP Edu López

Era casi un espectro. Nadie sabía nada de él. Su nombre ya tenía categoría de leyenda antes de esfumarse, pero alcanzó el rango de mito justo cuando se volatilizó sin dejar casi rastro. En la zona portuaria del Muelle Grande empezó a pelotear para labrarse una carrera que se consagró en los primeros años de vida del Estadio de Sarriá. Después, José Padrón Martín, Padrón ‘el Sueco’, sin pretenderlo, rodeó su silueta bajo un halo tan místico como único.

El 7 de julio de 1963, El Eco de Canarias publicaba a todo trapo en sus páginas de Deportes un titular tan esperado como inverosímil. Ya apareció ‘el Sueco’. Esas cuatro palabras formaban el encabezado del día. La pluma de Antonio Ayala ponía domicilio al primer canario en jugar con la selección española de fútbol. «Se encuentra en París y añora la Patria, pero la inseguridad del porvenir le retiene allí […] Al finalizar su carrera deportiva se quedó en París. Y ha vivido tan modestamente, tan en silencio, tan apartado del mundanal ruido, que se ha tardado años en dar con su paradero», continuaba la página. Un buen eufemismo para ocultar su exilio en Francia en años de la censura del franquismo.

José Padrón el ‘Sueco, tercero por la izquieda, en la mítica alineación de España que tumbó a Inglaterra en 1929 en el Metropolitano de Madrid (4-3). | | SEFUTBOL Edu López

Padrón cruzó la frontera a Francia en 1935. Ahí, con 27 años, andaba casi retirado tras los desengaños que se había llevado con el negocio del fútbol, que no con el balón. El último, en el FC Barcelona, en una temporada desastrosa donde el equipo catalán se salvó del descenso por la ampliación de la Primera División. «Padrón no interesa. Con la vida que lleva, es imposible jugar bien», sentenció el técnico austrohúngaro Jack Dombi, en un informe sobre el canario desempolvado por Manel Tomàs, historiador oficial del club catalán.

Militancia en el POUM

En esos días, Padrón ya se había acercado a una militancia directa en el Partido Obrero de Unificación Marxista (POUM). Sus convicciones eran serias. La tensión política del momento se palpaba. La represión de la revolución de octubre de 1934 había hecho mella y sembró temores en él a pesar de que en esos días era futbolista del FC Barcelona. Atrás quedaron los días de jarana, noches de bares y madrugadas de amoríos. Su conciencia de clase estaba más fuerte que nunca.

Antes de todo eso, en Las Palmas de Gran Canaria, aquel niño enclenque y menudo que moldeó Federico Silva en el Santa Catalina había pasado al Real Club Victoria: era el trampolín para el gran salto. Con 18 años, el equipo grancanario se lanzó a una de sus giras por la Península. Era 1925 y las diabluras de el Sueco ya eran un clásico en el fútbol canario. Su talento no pasó desapercibido en aquellos partidos donde el Victoria se codeaba sin complejos ante los grandes del momento del balompié nacional.

El Espanyol se fijó en las piernas de Padrón. Apadrinado por el sello del portero Ricardo Zamora y el entrenador Paco Brú, el equipo perico se lanzó a por su fichaje. El traspaso desde el RC Victoria fue complejo, pero la insistencia del Espanyol, empujado por el dinero de la familia De la Riva, llevó a Padrón a Sarriá. Junto a él otros dos canarios Rafael González, del Marino, y Rafael Oramas, del Santa Catalina.

La gloria en el Espanyol

El Sueco, enfundado con las líneas del Espanyol, no tardó en triunfar. Tanto que empezó a acercarse al FC Barcelona, el gran patrón del fútbol catalán. Las giras que el club perico emprendió por Sudamérica y Europa encumbraron más aún a aquel equipo, que encontraba en Padrón un verso libre, un genio que desbarataba defensas y olía el gol.

Pero si hubo un año para él fue 1929. Esa temporada, el Espanyol hizo historia al levantar su primer título nacional: la Copa de España. Padrón, sublime, anotó nueve goles en nueve partidos. En la final, sobre la piscina de Mestalla –el campo estaba impracticable– dejó una de esas muescas para tumbar al Real Madrid por 2-1. El título de Campeón de Cataluña, lo tenía.

Un mes antes, Padrón había debutado con la selección para ser un pionero en el fútbol canario: nadie lo hizo antes que él. Fue en Heliópolis, con un 5-0 a Portugal. Metió dos goles. Sin embargo, su gran día de los cinco partidos que jugó con la selección fue cuando España acabó con Inglaterra en el Metropolitano (4-3). Fue la primera vez que alguien tumbó a los ingleses fuera de las Islas Británicas.

Mientras, el Espanyol pagó el peaje de tener un señor equipo. Sin un duro, traspasó a Padrón al Sevilla de Ramón Sánchez Pizjuán, empeñado él en poner a su equipo en la élite. En Segunda División, Padrón brilló, pero al equipo se le resistía el ascenso. Su célebre fuga –desapareció antes de un partido por la deuda que el club tenía con él– sentenció su paso por Sevilla.

Fue el preludio de su fichaje por el Barça, la revolución del 34 y el paso a Francia, animado por su excompañero José Samitier, el hombre que años después contactó con él para que volviera a España, al menos para estar presente en la inauguración del Camp Nou en 1957. Una idea que desechó: con el dictador Francisco Franco al frente del país, nunca volvería al país.

En Francia peloteó por el Olympique de Arlés, Cannes y Nancy antes de ganar la Liga con el Sochaux. Mientras, en España corría la sangre en la Guerra Civil. Volver a casa ya no era una opción. Tenía mucho fútbol, pero el fascismo también llegó al país galo: Alemania ocupó la nación. Él siguió jugando, siempre oculto, cambiando de equipo a menudo. Su compromiso político le llevó a rondar los círculos comunistas franceses e integrar la resistencia.

Aquí es donde la leyenda de Padrón eleva su categoría. Algunas investigaciones colocan a José Padrón el Sueco como miembro de La Nueve, una compañía formada por unos 150 republicanos españoles en el exilio, que se integraron en la División Leclerc. El papel de La Nueve fue fundamental para liberar París de los últimos nazis y cruzar el Arco del Triunfo el 26 de agosto de 1944. Todos esperaban algo que no llegó: que los Aliados les devolvieran el favor en España.

Padrón volvió a jugar en el Stade Français y Racing Club. De aquella página del Eco de Canarias en 1963 al olvido. Hasta que José Rivero desveló 40 años después, tras una investigación en el papel de LA PROVINCIA, su final: murió el 3 de diciembre de 1966 en un hospital de París, soltero, sin descendencia y con 59 años.

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