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Carreras torcidas

El portero que no volvió a volar

Francisco Ceballos tenía un acuerdo con el Barça en 1936, pero acabó mutilado en la Guerra Civil | Repartió el ‘Gordo’ de Navidad en Telde en 1978 como vendedor ambulante

Francisco Ceballos, en una imagen del álbum familiar. | | FOTO CEDIDA A MANEL TOMÀS

El 23 de diciembre de 1978 él le cambió la vida a más de uno. Hasta aquel día la fortuna había esquivado a Canarias en el Sorteo Extraordinario de Navidad de la Lotería Nacional. Nada de nada: el ‘Gordo’ ni se asomaba a las islas. Eran tiempos de boleto en mano, de números en cartera, de días donde el bombo mandaba, muchas veces de manera íntegra, su mayor premio a un único lugar, a un único pueblo, a una única administración. No rumiaba entonces la era digital y eso de comprar números por internet no era siquiera una imaginación.

La suerte que esquivó a Francisco Ceballos Sosa durante parte de su vida la repartió aquella mañana del 23 de enero. Toda una paradoja. El motivo: el número 15.640. Su estampa era clásica en Telde, su lugar natal, pero también en otros lugares de la Isla, sobre todo en Las Palmas de Gran Canaria, donde también llegaban sus décimos. Ceballos, al que muchos conocían como Pancho o Panchito, era uno de aquellos Caballeros Mutilados por la Patria que habían perdido alguna extremidad en la Guerra Civil Española, víctimas de la desgracia de un conflicto bélico que revolcó al país.

Sus muletas, forradas de cuero, lejos de darle un aspecto de debilidad, le imprimían fuerza. Los lamentos no iban con él y se movía con una agilidad asombrosa. Durante años cargó con décimos de lotería de aquí para allá para complementar su pensión como mutilado de guerra. La suerte que no tuvo desde que le llamaron a filas tampoco le tocó aquel 23 de diciembre de 1978. No se quedó con ningún décimo y tampoco con ninguna de las participaciones de 200 pesetas que vendió. “Otra vez será”, contestó al redactor de LA PROVINCIA que acudió aquella mañana a buscar agraciados por Telde.

Detrás de aquel vendedor de sombrero y bigote fino estaba en cuerpo un portero de fútbol. Y de los buenos. Tanto que antes de que España se partiera en dos en 1936 su nombre estaba en la agenda del FC Barcelona. Nunca fardó de aquello, tanto que ni siquiera sus descendientes conocían la historia. Una trama que desveló Manel Tomàs, historiador del club catalán, junto al periodista Frederic Porta en el libro Barça Insólito, una colección de relatos cortos azulgranas.

Ahí, Tomàs explica que Ceballos firmó con el Barça pocos meses antes de que el conflicto bélico entrara en ebullición. Movilizado por el bando franquista, al arquero le tocó el frente del norte, donde cayó herido y perdió una pierna. Nunca pudo debutar con el Barça. A partir de ahí su rastro se esfumó.

Mucho por descubrir

Quien encajó algunos elementos de esta historia para que tomara cuerpo fue Carmelo Pérez, director de proyectos de la Fundación UD Las Palmas. Tomàs necesitaba alguien en Gran Canaria que pudiera atar ciertos cabos, poner en contexto qué fue y quién era Ceballos. Pérez, natural de Telde, tiró de las memorias más longevas y vivas del municipio para cuadrar qué había sido de aquel portero que no volvió a volar, que ya no pudo saltar de palo a palo cuando regresó de la Guerra Civil.

Su barbero de confianza, el que acicaló su cabellera desde que era chico, fue su hombre. Barberías, lugares de tertulia y de fútbol. Él sabía que Ceballos había destacado como futbolista, que era un portero de cine, pero poco más. Al parecer, tampoco era muy dado a recordar lo pasado, muy dicharachero en temas que ya estaban enterrados. Tras varios intentos por seguir su pista, supieron que Las Huesas era el lugar para buscar a sus descendientes. De eso hace unos cinco años.

Su barbero de confianza, el que acicaló su cabellera desde que era chico, fue su hombre. Barberías, lugares de tertulia y de fútbol. Él sabía que Ceballos había destacado como futbolista, que era un portero de cine, pero poco más. Al parecer, tampoco era muy dado a recordar lo pasado, muy dicharachero en temas que ya estaban enterrados. Tras varios intentos por seguir su pista, supieron que Las Huesas era el lugar para buscar a sus descendientes. De eso hace unos cinco años.

Puerta por puerta, Carmelo Pérez y su barbero rastrearon las huellas de Ceballos, hasta que dieron con una de sus hijas. Cuando le contaron el pasaje y el motivo de esta búsqueda, el asombro fue total. Una perplejidad absoluta: nunca les contó en vida ese capítulo de su existencia. Sí sabían que había jugado al fútbol, que destacaba, pero a Francisco Ceballos no le gustaba demasiado hablar del pasado, remover en la crudeza de la Guerra Civil, que le arrebató una pierna, pero también la gran oportunidad de su vida sobre el césped: abrirse camino en el fútbol profesional.

La desgracia que se cebó con él se convirtió en la fortuna que abrió a otros con el número 15.640 en la Navidad de 1978 y que celebró en la administración de lotería El Templo de la Fortuna, cuyo dueño era todo un futbolero: Manuel Ruiz Melián, exentrenador del Telde –fallecido en 2014–. «Serán unos dos millones por persona», decía entonces Ceballos de un premio que entregó por Telde y la zona del Puerto en la capital. En total, de los 200 millones que cayeron en la Isla, unos 100 salieron de los boletos que vendió Ceballos. Las caras de la suerte.

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