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En el nombre de Olympia

El gimnasta dedica la medalla a su hija de dos meses | Su lesión en el talón de Aquiles en 2017 puso en jaque un gran meta olímpica

Ray Zapata muestra su presea de plata, ayer, en el podio del Centro de Gimnasia de Ariake.

Ray Zapata muestra su presea de plata, ayer, en el podio del Centro de Gimnasia de Ariake.

El pasado 31 de mayo, a menos de dos meses del inicio de los Juegos Olímpicos de Tokio, esos que llegaron con un año de retraso por culpa de la pandemia, a Ray Zapata le cambió la vida. No fue por una medalla olímpica: eso sucedió ayer. El motivo fue la llegada de su hija cuyo nombre no podía ser más revelador, casi vidente: Olympia.

«Se la dedico a mi hija, por supuesto, va 100% para ella», aseguró el gimnasta lanzaroteño ya con la medalla al cuello. Todo tras sacar un babero con el nombre de Olympia estampado. En Alcorcón, su lugar de residencia actual, Susana Sanz, pareja y madre de la pequeña, desvelaba de dónde había salido aquel babero,

«Nos lo regaló una muy amiga de Ray y yo quería que se llevase algo nuestro, pero sin que lo supiese. Algo que le diese suerte sin que pensase podía ser gafe. Se lo metí en la maleta, y al sacar una cosa de la maleta en Tokio lo vio... Nos ha contando que lo ha sacado porque era lo único que tenía para estar más cerca de casa, y para ir pasando los nervios agarrando a algo», comentó a Efe.

Lejos de ser un gafe, el babero fue casi un talismán para espantar cualquier infortunio. De eso Ray ya sabe bastante. Como cuando calentando en la final de la Copa del Mundo de París en 2017 se rompió el tendón de Aquiles. Una lesión complicada, más en la gimnasia, donde los talones son los muelles. Aquello le obligó a perderse el Mundial de Canadá de ese año.

Sin embargo, apenas seis meses después de aquel percance estaba listo con el alta médica. Un trabajo de cirugía fino. El pasado verano, hace menos de uno año, Zapata decidió volver a pasar por el quirófano para corregir algunas molestias más. Por eso, uno de las primeras personas de las que se acordó fue del doctor Manuel Reyes, encargado de devolverle los muelles. «Mira lo que tengo doctor. Muchas gracias por arreglarme los tobillos para conseguir esto. Lo digo de corazón», le decía Zapata, medalla en mano, al doctor Reyes en un vídeo que publicó el galeno en sus redes sociales.

Los momentos duros

En Río 2016, su primera cita olímpica, donde llegaba en plenitud, no entró ni siquiera en la final. Fueron momentos duros. Como cuando se quedó fuera del equipo nacional en los Mundiales de 2019 en busca de una plaza en Tokio para el equipo. Se buscó su hueco en Japón torneo a torneo hasta llegar a la medalla.

Momentos difíciles donde encontró la complicidad de su amiga Ana Peleteiro, madrina de su hija Olympia. Una amistad labrada entre las confesiones del Centro de Alto Rendimiento en Madrid, sobre todo en los momentos más bajos. «Sabíamos que íbamos a cumplir nuestro sueño juntos», le dijo en una conversación en la antena de la Cope. El sueño de Ray y Ana que dejan a una hija y a una ahijada con dos medallas de babero.

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