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La Provincia - Diario de Las Palmas

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Juegos Paralímpicos

Abanderada del sacrificio

La canaria Michelle Alonso encabeza mañana la delegación española en la ceremonia de apertura | La nadadora podría conquistar su tercera medalla de oro el próximo domingo

Michelle Alonso extiende, en la piscina Acidalio Lorenzo de Tenerife, la enseña que la distingue como abanderada en los Juegos Paralímpicos de Tokio. | | ANDRÉS GUTIÉRREZ

Cuando los Juegos Paralímpicos de Tokio se pospusieron hasta 2021, a muchos deportistas se les vino el mundo encima. Programas de preparación se fueron al traste por culpa de la pandemia, a la vez que el confinamiento limitó la posibilidad de seguir entrenando con cierta normalidad. Entre ellos, Michelle Alonso, la nadadora canaria que va a actuar mañana como abanderada de España en la apertura.

Una de las grandes afectadas por el aplazamiento de los Juegos Paralímpicos fue Michelle Alonso (Santa Cruz de Tenerife, 1994), que no solo notó tambalear su sueño de poder brillar en Tokio, una de sus ciudades favoritas, sino que además se vio alejada de su hábitat, el agua. Suficiente como para pensar en arrojar la toalla. Pero no, ella perseveró en su empeño y, como le fue posible, trabajó a diario hasta que regresara la normalidad.

Fiel a una de sus mayores señas de identidad a lo largo de estos años. La misma que le ha convertido en una nadadora especial y única. Y lo hizo entre las cuatro paredes de su casa, ayudada por una máquina de remo entregada por el Comité Paralímpico Español, también por la insistencia y empeño de su entrenador José Luis Guadalupe... y porque en el horizonte lo que estaba era Tokio. Una cita que no podía dejar pasar.

Meses de reclusión que de forma paulatina fueron quedando atrás. Tiempo de reinventarse y saber sufrir con el que a Michelle no le quedó más remedio que convivir. Un sacrificio, eso sí, con un premio posterior: ser abanderada de la delegación española en la ceremonia de apertura de los Juegos que tendrá lugar mañana. Un hecho inédito para el deporte canario. Un acicate clave para que Alonso y todo su entorno apretaran los dientes, más si cabe, en su intento de que la nadadora isleña se cuelgue el próximo domingo el que sería su tercer oro olímpico consecutivo.

Ahora, a las puertas de la cita nipona, Michelle sonríe y rezuma positivismo. Solo le restan unos días para tirarse a la piscina a competir. Atrás quedan «dos años trabajando de un gran sufrimiento trabajando para este momento», reconoce la canaria, que ya con perspectiva mira hacia aquel «confinamiento» como «el peor momento» de todo este inesperado lapso. «Tener que parar de repente, cuando además me encontraba muy bien y había hecho solo unas semanas antes la marca para ir a los Juegos... Ese parón fue horrible», recuerda sobre lo ocurrido hace casi 18 meses.

«Es una pena que no haya público en la inauguración, pero será muy emocionante», señala la tinerfeña

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Año y medio en el que la paralímpica tinerfeña ha contado (al margen de su madre) con un apoyo vital, el de su técnico José Luis Guadalupe, Guada. Clave para que la implicación de la nadadora no decayera un ápice pese al paréntesis. «Fue como si hubiera tenido una lesión», relata el entrenador, que recalca que «esos cinco meses en los que Michelle no pudo entrenarse pesan tanto como haber estado parada una temporada entera». Un frenazo con mayor incidencia aún en comparación con sus «rivales directas». «Australia, China, Japón y Gran Bretaña cogieron a sus deportistas de alto nivel y se los llevaron a un centro de alto rendimiento para que no dejaran de prepararse», se lamenta el entrenador.

Labor sicológica

Mientras contaba los días para volver a la piscina (primero fue la del RC Náutico y después la Acidalio Lorenzo), Guada tuvo que incidir en otros aspectos, ejerciendo casi de psicólogo. «Estoy dedicado a ella desde 2010 y creo que la conozco bien. Lo bueno que tiene es que vive al día y no piensa en el futuro, sino en lo que tiene que hacer mañana», comenta el entrenador de Alonso sobre una filosofía que hasta cierto punto ha atenuado la dificultad generada por el «volver a empezar casi de cero». A ello se une, «una mayor madurez física y un crecimiento deportivo» de su pupila, especialmente «justo antes de los Juegos de Río». «Tras ser bronce en el Mundial de Glasgow, se dio cuenta de que debía entrenarse mucho más y mejoró su concentración», explica sobre un «umbral del sufrimiento» ahora algo mayor y clave para superar el delicado trance de estos meses.

De vuelta a una rutina muy similar a la desempeñada antes de la pandemia, Michelle ha podido poner los cinco sentidos en la cita de Tokio, donde aterrizó el pasado viernes. Con casi 10 días por delante antes de afrontar uno de los retos más importantes de su carrera. Pero previamente a lo que suceda este próximo domingo Alonso ya será protagonista estelar en el ceremonia de inauguración de los Juegos. «Un subidón enorme», como ella misma califica a este clásico evento, el tercero que hará desfilando, pero el primero como abanderada de su país. «Es una pena que no haya público, pero bueno... Será algo muy emocionante», añade la isleña con una sensación encontrada. Un acto para recordar y que, según se analice a priori podría resultar contraproducente a tan pocos días de su prueba oficial. Guada, sin embargo, no lo ve así. «Lo bueno de la discapacidad de Michelle es que se pone unos cascos y ella misma se aísla. A veces cuesta más motivarla en los entrenos que en la competición, pero a la vez se trata de una deportista muy competitiva y con mucha experiencia. El día que nade lo dará todo y no le influirá nada», argumenta el técnico al respecto.

Juegos distintos

La de Michelle, cuando se lance el domingo al vaso del Centro Acuático de Tokio, será seguramente una versión superlativa a pesar de que estos días previos no van a resultar como ella tenía en mente antes de la pandemia. «Es la cuarta vez que estoy aquí, pero es una pena que no pueda salir ni quedarme unos días tras los Juegos», se lamenta la nadadora, que también se va a ver privada de la satisfacción que supone «sentir el calor del público en la grada». «Será todo diferente», añade Alonso, que se consuela pensando en una próxima visita «con más tranquilidad cuando acabe todo».

Lo pasó mal en el confinamiento: «Tener que parar de repente, cuando me encontraba muy bien, fue horrible»

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Pero lejos de ser presa de la sobreexcitación, el autopresionarse o desanimarse por no encontrarse como esperaba, Michelle lo tiene claro con todo lo que le ha tocado sufrir para llegar hasta la cita. «Estaré contenta con solo aterrizar en Tokio», señaló hace unas semanas en Tenerife, y aunque no le hace ascos al triplete dorado, todo lo que sea subir al podio ya sería un incalculable triunfo.

La PCR, una nueva y fiel amiga

Para certificar que todo aquel participante en los Juegos Paralímpicos sea apto para competir, tanto el COE como la propia organización (Comité Olímpico Internacional) han venido programando una serie de pruebas PCR. Así, Michelle tuvo que pasar cinco antes de volar hasta Tokio. La primera en Tenerife, otra al llegar a Barcelona, donde fue sometida a tres más. Negativos en todos los análisis, Alonso y Guadalupe pudieron viajar sin problemas hasta Tokio. Allí, el filtro se convierte en un control diario de antígenos por saliva. Por si fuera poco, la Sirenita (como el resto de olímpicos) ya ha sido sometida a dos controles antidopaje rutinarios. Un tercero a última hora del próximo domingo sería sinónimo de medalla. Como si huyendo de un fantasma se tratara, la nadadora y su técnico han extremado hasta el más nimio de los detalles para evitar un contagio y, como mínimo, «la frustración de que después de cinco años de preparación te quedes fuera por un positivo». Saben que en esta cita paralímpica hay aspectos que no se pueden controlar. | C.G.

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