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Arico Suárez: cuando Gran Canaria ya estaba en la Copa del Mundo

El nombre del futbolista nacido en Santa Brígida quedó grabado para siempre en la historia del fútbol mundial el 30 de julio de 1930 cuando, con solo 22 años, disputó la final del primer Campeonato del Mundo de selecciones vistiendo la elástica de Argentina, un hito que lo convirtió en un pionero eterno: el primer canario en disputar una final mundialista y, por extensión, el primer español.

Arico Suárez, el quinto empezando por la izquierda y con el dorsal cinco, en una imagen de la selección de Argentina durante el Mundial de 1930.

Arico Suárez, el quinto empezando por la izquierda y con el dorsal cinco, en una imagen de la selección de Argentina durante el Mundial de 1930. / LP / DLP

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Pedro García

Las Palmas de Gran Canaria

El fútbol grancanario ha ido dejando, con el paso del tiempo, huellas imborrables gracias a generaciones de futbolistas dotados de talento natural y de un estilo creativo propio, dueños de una técnica depurada y de un regate que parecía brotar de la calle, del barrio y de la arena de la playa. Nombres como Alfonso Silva, Rafael Mujica, Germán Dévora, Guedes, Juan Carlos Valerón o David Silva conforman un legado que define una manera muy particular de entender el juego: una identidad reconocible que ha perdurado a lo largo de las décadas.

Hoy, sin embargo, la mirada se detiene en otro nombre, quizá menos citado, aunque absolutamente esencial. Un artista del balón al que el calendario devuelve a la actualidad. En apenas tres meses, el próximo 18 de abril, se cumplirán 47 años de su fallecimiento, y la memoria viaja hasta Santa Brígida para rescatar la figura de un mediocampista zurdo llamado Pedro Bonifacio Suárez, conocido futbolísticamente como Arico Suárez.

Fue un niño grancanario que, con apenas dos años, abandonó su tierra entre lágrimas junto a sus padres y hermanos. Dejó atrás la Isla y sus paisajes para cruzar el Atlántico rumbo a Argentina, en busca de una vida mejor. Allí, lejos de casa, comenzó a escribir una historia que también pertenece, de pleno derecho, al patrimonio del fútbol canario.

Protagonista del primer Mundial

Su nombre quedó grabado para siempre en la historia del fútbol mundial el 30 de julio de 1930. En el estadio Centenario de Montevideo, con solo 22 años, Arico Suárez disputó la final del primer Campeonato del Mundo de selecciones. Argentina cayó ante Uruguay, pero aquel subcampeonato convirtió al joven nacido en Santa Brígida, de doble nacionalidad y defendiendo los colores de la albiceleste, en un pionero eterno: el primer canario en disputar una final mundialista y, por extensión, el primer español.

Quienes lo conocieron destacan que, además de ser un futbolista excepcional, fue un hombre íntegro y honesto. Así lo demuestra un episodio que ha quedado como símbolo de su ética deportiva: en un partido frente a Brasil, en la Copa América de 1937, lanzó un penalti fuera al considerar que la falta señalada no había existido.

Un merecido homenaje

Por todo ello, se plantea una modesta y respetuosa sugerencia dirigida a quienes corresponda en el Cabildo, llamados, llegado el momento, a asumir la responsabilidad de organizar los actos con la dignidad que merece la memoria de un futbolista que engrandeció esta tierra. Arico Suárez debería contar con un espacio propio en La Nube, el nuevo Estadio de Gran Canaria, llamado a convertirse en un símbolo deportivo de proyección internacional con motivo del Mundial de 2030.

Antes de repartir honores tardíos o colgar medallas apresuradas, conviene detenerse, mirar atrás y reconocer a quienes abrieron el camino. Aquel niño emigrante, como tantos otros isleños, llevó la sangre de Gran Canaria en las botas y, con corazón argentino, se convirtió en ídolo de Boca Juniors. En la primera final de un Mundial dejó claro que el fútbol canario ya había alcanzado prestigio y admiración más allá de sus fronteras.

Y conviene añadir un último apunte. Tampoco deben olvidarse nombres como David Silva, único campeón del mundo en Sudáfrica 2010 —aunque no disputó la final—; Alfonso Silva, presente en Brasil 1950, cuya final quedó marcada por el inolvidable Maracanazo; Antonio Betancort, mundialista en Inglaterra 1966; o Juan Carlos Valerón, figura clave en Corea y Japón 2002 y primer jugador canario en marcar un gol en una Copa del Mundo. Porque la historia del fútbol de Gran Canaria no se explica sin ellos, ni sin quienes, como Arico Suárez, comenzaron a escribirla mucho antes de que el mundo supiera siquiera situar esta isla en el mapa.

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