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AUTOMOVILISMO

José Mari Ponce: «A los pilotos del Mundial les encanta venir al Rally Islas Canarias»

El piloto, leyenda del automovilismo insular, rememora sus inicios en el mundo del motor y analiza la 50ª edición de la prueba más señera de las carreteras grancanarias. «A la FIA le enamora lo que a los demás: el clima, la afición, las carreteras y la organización»

José Mari Ponce, leyenda del Rally Islas Canarias.

José Mari Ponce, leyenda del Rally Islas Canarias. / Yeray García

Cristian Gil Fuentes

Cristian Gil Fuentes

Las Palmas de Gran Canaria

De padres a hijos. José Mari Ponce (Las Palmas de Gran Canaria, 11 de abril de 1955) recogió el testigo de su padre para disfrutar de la adrenalina de la carretera. Eso le transformó en un héroe para muchos aficionados que se agolpaban en las curvas para verle correr, un aspecto que le ha llevado a ser recordado de forma cariñosa por varias generaciones de seguidores. Nacido para correr, según sus propias palabras, considera que la llegada del Rally Islas Canarias al Mundial es un éxito cosechado por méritos propios.

¿Lo suyo con el rally fue una cuestión de cultura y herencia por parte paterna?

Sí. Nosotros tuvimos la competición y el mundo del rally en el ADN. Tanto mi hermano Toñi como yo lo tuvimos muy claro; desde el principio teníamos esas ganas de competir y, desde que tuvimos la edad suficiente, incluso antes con los karts y demás, nos lanzamos con la ayuda indiscutible de mi padre. Si bien es cierto que mi padre era bastante propenso a apoyarnos, mi madre era todo lo contrario. Ella estaba delicada de salud y preferíamos evitarle preocupaciones añadidas, así que tardó bastante en enterarse de que había empezado a correr.

¿Cómo se lo ocultó?

Primero lo hice con mi padre y luego con mi madre. Para ocultárselo, me inscribí con un pseudónimo. En aquella época se permitía que los pilotos pagaran un extra y pusieran el nombre que quisieran. A mí me dio mucho remordimiento porque me inscribí en la primera carrera, que fue la Subida a Juncalillo, con ese pseudónimo. Pensando un poco en cómo se lo tomaría mi padre, y si se sentiría ofendido o no, cuando ya estaba la lista de inscritos hecha, se la enseñé y le dije: 'Mira papá, aquí hay un loco que corre con un coche igual al que tú terminaste tu carrera deportiva'. Y él me miró y le dije: 'Ese loco soy yo, papá, y me gustaría que me apoyaras, no he querido escondértelo'. Aceptó y me dio sus consejos. Luego lo mantuvimos en secreto durante mucho tiempo, precisamente para que mi madre no se enterara. Como uno era un principiante, pues no tenía eco en los medios ni nada por el estilo, así que pudimos mantenerlo en secreto.

¿Habría sido feliz ejerciendo como médico? Usted dejó la carrera de medicina...

No. Tuve que decidir si seguir estudiando o ponerme a trabajar para ganarme la vida con el objetivo añadido de costearme las carreras. Quería intentar demostrar mis condiciones y, cuando llegó el momento de decidirme, mi mujer me ayudó. Entonces, decidimos primero que hiciera el servicio militar y luego empezara a trabajar. Y así fue. Creo que nací para ser piloto profesional y lo logré.

¿Cuándo se dio cuenta de que había nacido para correr?

A veces a uno se le enciende una lucecita y, cuando hacía carreras de kart con mis amigos, veía que estaba delante. También hice mis prácticas, entre comillas, con el coche cuando no tenía ni carnet... Le pisaba un poco, además, ahora ya no se pueden hacer esas locuras (risas). Cuando completé mi segunda carrera, ya que la primera la abandoné, vi que podía estar en el grupo de los ganadores a pesar de ir con un coche muy pesado. Cuando competí con otros pilotos con más experiencia y mejores vehículos, les gané. Ahí, a pesar de estar aún en mi etapa estudiantil, vi que había nacido para esto. Después, ya me labré una carrera deportiva en la que mi mujer me apoyó muchísimo y llegó a ser mi copiloto.

¿Cómo se toma el cariño de la gente que aún recuerda sus gestas?

Para mí, la afición ha sido siempre un impulso tremendo. Al principio, la afición aplaude a un piloto si es espectacular, si cruza el coche y demás; pero después, cuando empiezas a ganarte un nombre, empiezas a tener empatía con los aficionados, a hacerte fotos con ellos, a firmar autógrafos... La afición me lo ha perdonado todo, entre comillas. Les da igual. Sé que hay muchos aficionados que todavía, a pesar de tener 71 años, quieren volver a verme en las carreteras, cosa que va a ser absolutamente imposible, pero noto ese cariño. Llevaba tres años sin sentirlo de forma tan directa y, durante la presentación del Rally, se me pusieron los pelos de punta porque desde que empecé a subir las escaleras del Auditorio. Eso no hay dinero que lo pague. La afición me ha dado más a mí de lo que yo le he dado a ellos. Ese cariño es un tesoro.

¿Han perdido los pilotos la vitola de héroes que tenían antaño?

Antes, el automovilismo tenía una llama especial: eran vehículos muy espectaculares, potentes, con muy poca electrónica y muy difíciles de conducir. El ronquido de un motor atmosférico de carreras es... Además, los corredores actuales son absolutamente profesionales, corren para las marcas del Mundial y rotan mucho. Las condiciones han cambiado y yo tuve la suerte, junto con otros compañeros, de vivir lo que considero que fue la etapa dorada del automovilismo en Canarias: cuando estaban las tabacaleras, cuando había importadores de vehículos que inyectaban mucho dinero... Yo creo que aquella época es difícil de igualar, incluso teniendo ahora un Mundial.

¿Cómo ha visto la evolución de la prueba hasta llegar a ser puntuable para el Mundial?

Lo veo como una evolución muy merecida. Personalmente, pienso que el Rally de Cataluña ya había dado todas las vueltas que podía dar; los pilotos del Mundial ya conocían las carreteras y el clima de sobra. Darles un respiro diferente, con el clima y las carreteras de Canarias, enamora a cualquier piloto. No solo por la Isla, sino por la afición, que es lo que más destacan todos los pilotos cuando vienen. Nuestras carreteras son extraordinarias, apasionan; tenemos tramos que son para enmarcar. Hemos llegado al Mundial por méritos propios.

¿Qué cree que enamora a la FIA de las carreteras de Gran Canaria?

A la FIA le enamora lo que a los demás: el clima, la afición, las carreteras y la organización. Y, además, tener una Isla que cuenta con hospitales, aeropuertos de primer nivel, conexiones marítimas... lo tienes todo. Es cierto que estamos un poco lejos del continente, pero mira la respuesta de los equipos; este año vamos a tener un plantel de pilotos del Campeonato del Mundo brutal. Muy pocos lugares en todo el mundo pueden igualar el escenario que tenemos aquí. A los pilotos del Mundial les encanta correr el Islas Canarias.

¿Qué es lo más difícil de los tramos de esta 50ª edición?

Sinceramente, y aunque suene feo, ni siquiera he visto cuáles son las pruebas en su totalidad. Sé que hay un tramo de 30 kilómetros, lo que significa unir varios tramos clásicos para llegar a esa distancia. Desde luego, ese va a ser el tramo decisivo del rally, porque muchos otros están a menos de 20 km. Hoy en día, me da mucha envidia no poder estar en el rally ni para verlo, ya que por mis condiciones físicas me resulta imposible salir tantas horas, con los cortes de carretera, así que lo sigo por la tele.

¿Dónde está el techo del Islas Canarias?

Yo creo que hay cosas que se pueden volver a intentar. Este año, haber usado el Circuito Islas Canarias hubiese sido espectacular. El lugar idóneo para hacer un tramo espectáculo no es el Estadio de Gran Canaria, ni mucho menos, porque es algo artificial y no es la esencia de los rallys. La organización debería intentar solventar las disputas entre propietarios del circuito para que en próximas ediciones tengamos el verdadero tramo espectáculo allí. Por otro lado, no podemos ampliar más las carreteras. Ya estamos uniendo tramos que en la vida me hubiese imaginado que se pudieran unir para sacar 30 kilómetros; es un esfuerzo brutal a nivel de inversión y protección. Así que el techo está en mantener la máxima seguridad, en seguir siendo pulcros con la afición, y en que las administraciones públicas sigan aportando el dinero, ya que el retorno económico para las Islas es importantísimo. Mientras esas piezas sigan en el tablero el Islas Canarias seguirá en lo más alto.

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