AUTOMOVILISMO
José Mari Ponce: «A veces valoro más el segundo puesto ante Carlos Sainz en el Rally Islas Canarias que los dos que gané»
El grancanario repasa sus triunfos en la prueba señera del motor grancanario, sus rivalidades y el accidente que le obligó a retirarse del mundo del automovilismo

Ponce, el pasado jueves, en el reconocmiento que el Rally Islas Canarias hizo a sus ganadores en el Audiorio. / Quique Curbelo / EFE

Dos triunfos recordadísimos y una carrera legendaria. José Mari Ponce rememora, coincidiendo con el 50º aniversario del Rally Islas Canarias, sus dos gestas y las grandes rivalidades de la época, así como el accidente que sufrió corriendo la prueba que tanto ama y que le ha acabado alejando del deporte de sus amores.
Usted ganó dos Rally Islas Canarias seguidos, ¿cuál fue más difícil, el de 1995 o el de 1996?
A veces creo que lo que hice con el BMW M3 en el 95 fue muy difícil porque había coches más modernos y era otra historia; fue un rally complicado de ganar. El segundo, con el Toyota Celica en el 96, no lo fue tanto porque François Delecour se descolgó un poquito y se quedó atrás. Fíjate que yo valoro más, quizás, los segundos puestos que he tenido, o los cuartos, o incluso los abandonos. He tenido un segundo puesto detrás de Piero Liatti, otro segundo detrás de Carlos Sainz... E incluso se me acaba de venir a la cabeza un cuarto puesto a solo cinco segundos de Juha Kankkunen con un coche igual al mío. Yo intenté por todos los medios ganarle, no pude porque él fue mejor que yo a coches iguales, pero me fui a casa contento porque le competí a mi ídolo. Son cosas que se saborean y que se disfrutan tanto como las victorias.
¿Cómo vivía a nivel personal los días de rally?
Pues como un piloto profesional, absolutamente en cuerpo y alma. En preparación física y en todo. Lo seguí haciendo hasta mi última carrera; a pesar de no ser profesional ya, me lo tomaba siempre muy en serio. Sabes que vienen pilotos que son mejores que tú, con mejores máquinas o iguales a la tuya, y te lo preparas a conciencia. ¿Qué pasa? Que te exigen resultados. A veces, los responsables de las marcas no comprenden la mecánica, lo vemos incluso en la Fórmula 1 con inversiones multimillonarias, donde se rompe una pieza estúpida y todo el esfuerzo económico se va al traste, y lo único que cuenta para que te renueven es el resultado. Pero, sinceramente, y lo digo con la boca llena, a mí nunca me ha hecho falta ganar por ambición absoluta; ganaba para conseguir resultados y seguir compitiendo. Cuando pasó esa etapa profesional, para mí lo verdaderamente importante era ponerme el casco, ver la carretera cortada, escuchar al copiloto y pasármelo lo mejor posible.
¿Por qué tiene una relación tan especial con Luis Monzón?
Yo conocí a Luis de muy pequeñito; le llevo 11 años. Fui copiloto de su padre, iba a su casa, entrenaba con él, viajaba con su padre... y Luis siempre estaba ronroneando por ahí. Era un chiquillo muy inquieto. Recuerdo una Subida a Valleseco en la que me dijo, yo con 18 años y él con 7: 'José Mari, aquí no trazaste bien, tenías que haber trazado por aquí y por allá'. Lo que quiero decir es que tengo una relación con él muy antigua, que en algunos momentos ha sido crispada por rivalidades que al final no merece la pena ni recordar, porque lo que realmente prevalece es el cariño y el respeto que nos tenemos. Hay una imagen sensacional para los aficionados: una vez que rompí el motor en el último tramo, yendo a coches iguales con Luis, él ganó el Rally Islas Canarias de 1994 y me llamó e insistió para que celebrara con él. Y está esa foto en la que estamos descorchando el champán, los cuatro subidos al capó del coche. Luis no quiere que cuente estas cosas, pero tengo que decirlo: muchos pilotos y aficionados se han preocupado por mí tras mi grave accidente en el Islas Canarias de 2023, pero Luis ha ido cuatro puntos más allá a nivel médico, intentando que yo tuviese a los mejores especialistas. Luis ha sido excepcional y ese cariño lo vamos a mantener toda la vida.
¿Tiene algún tramo o recorrido preferido?
La Era del Cardón. Siempre ha sido un tramo fetiche para mí. Estando luchando en la clasificación, ya sea por el primero, quinto o sexto puesto, si llegábamos al último tramo muy cerca de otro piloto y nos tocaba La Era del Cardón, cuidado... porque era muy probable que lograse arrancar esos segundos necesarios para ganar la posición. Siempre ha sido el tramo donde mejor me he sabido desenvolver.
También vivió lo peor de este deporte con un accidente durísimo en esta prueba, ¿cómo ocurrió todo?
Fue fulminante para mi vida deportiva. Siempre tuve la ilusión de elegir cuándo quería irme, y de hecho ya lo había decidido. Esto no lo he dicho hasta ahora: tenía muy presente que mi última carrera la quería hacer con un Alpine. Es un coche que sigo desde que empezó a hacer los test en Montecarlo, y creía firmemente que estaba por encima de los Rally2. Pensaba que ese coche era ganador en Canarias y no me hubiese equivocado. Había iniciado negociaciones con Renault España, Renault Canarias y preparadores extranjeros para alquilarlo, pero por cosas del destino, se me ofrece la posibilidad de no quedarme en la grada y poder salir a competir, aunque fuera con un coche que no era puntero. Y surgió el problema de los frenos. Yo no iba arriesgando en absoluto porque conozco mis límites, pero cuando hay un fallo mecánico de ese calibre y te quedas sin frenos, se acabó la historia. Darte de golpe contra un muro en seco a más de 120 kilómetros por hora y frenar a cero... me ha dejado muy impedido. No quería despedirme así de la afición; quería hacerlo en la carretera, haciéndolo lo mejor posible, y decir: 'Ahora me marcho'. Pero no irme en una ambulancia. En ambulancia no te quieres despedir.
¿Sintió miedo?
Claro que sientes miedo, aunque sean microsegundos, porque no tienes tiempo de reaccionar. Sientes miedo cuando pierdes el control. Me acuerdo de que de las únicas veces que he gritado creyendo que me iba a quedar fuera de la carretera fue en el Rally de Montecarlo por el hielo y la nieve; pude haber gritado de pensar que no salía vivo unas 20 o 30 veces. Y no es exageración, porque es un terreno muy hostil para los canarios, que apenas sabemos distinguir el hielo de la nieve. Eso era normal. Lo que no es normal es el pavor de esos microsegundos previos a darte de frente contra un muro seco y cuando estás aprisionado dentro de un coche destrozado durante más de una hora.
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