Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Rally Islas Canarias-Rally España

Un Mundial de Rally que se vive con la misma ilusión que un día de Reyes

El shakedown de Santa Brígida vuelve a dejar postales de una afición que demuestra vivir a tope la paisón por el motor.

Momentos previos al shakedown de Santa Brígida en el Rally Islas Canarias 2026

Carla Gil Alberiche

Santa Brígida

Reuniones familiares, reencuentros entre amigos, caras conocidas, rincones que ya son parte de un recorrido y como marco el segundo año del Mundial de Rally en Gran Canaria. El Shakedown de Santa Brígida dejó postales de una isla repleta de amantes del motor, ya fueran de la propia isla o de otras, llegados desde la península o desde diferentes puntos de Europa. Todos con el mismo objetivo: ver con sus propios ojos y escuchar en primera persona el rugir de los mejores coches del mundo. 

Hay casos y casos. Desde los que tienen la suerte de vivir justo por donde pasan los tramos hasta los que si viven lejos, buscan la manera de estar lo más cerca posible del escenario. Es el caso de la familia Hernández Guedes. Un grupo de 10 personas que llegaron a las cuatro de la tarde del miércoles a orillas del barranco de Guiniguada. Ahí, a pesar de las aguas residuales y el barro de lo llovido estos últimos días, se instalaron como pudieron. 

Cinco casetas de campaña, una cocina de camping, una mesita para poder apoyar los tuppers de comida, dos coches y algún que otro juego de mesa completó el historial de artilugios que acompañó a esta familia durante su acampada nocturna. El objetivo, como no iba a ser menos, no era otro que sentir la experiencia del rally en primera persona. «Esto la noche del miércoles fue un trajín de coches», explica uno de los portavoces de la familia, que califica la experiencia como brutal. 

Maquillaje exprés

«Levantarte con tu familia y respirar otro aire no tiene ningún precio», comentan mientras apuran sus últimos arreglos. Porque no importa si hay que estar en una caseta de campaña. Eso no es problema para que desde las ocho de la mañana las más presumidas, después de haberse echado el bocadillo y el café con leche, se maquillen portando un mini espejo en la mano. Todo lo que sea con tal de que cuando llegue la cita del motor ellas estén listas. 

La familia Hernández Guedes recoge el desayuno tras acampar en el barranco de Guiniguada.

La familia Hernández Guedes recoge el desayuno tras acampar en el barranco de Guiniguada. / Jose Carlos Guerra

Porque en el rally todo sirve. Sirvió el año pasado cuando era la novedad y este no iba a ser menos. La gente ya tiene más experiencia en los tramos, tiene bien cogidas las horas a las que cierran las carreteras y saben con exactitud los puntos clave para coger la mejor curva, el mejor levantamiento de ruedas o el mejor derrape. No importa que sea un puente que está a punto de darse abajo, un muro con poca seguridad o el propio risco. «El culo cabe en cualquier lado», aseguran los aficionados más fieles mientras buscan, desde tempranas horas y con el frío apretando, el que para ellos es un buen sitio para presenciar la carrera. 

Nayra Rodríguez no duda a la hora de asegurar que el rally es «la pasión que une» a su familia y amigos

Un poco más arriba del puente de Las Meleguinas está la casa familiar de Nayra Rodríguez, la elegida como portavoz por su grupo. Amantes del motor y con una infancia marcada por los rallys alrededor de la Isla, tanto Rodríguez como sus hermanos han adaptado la casita de su padre en un lugar de tenderetes para cuando la ocasión lo merece. «El rally es la pasión que nos une», apunta Nayra, que anoche no pudo pegar ojo por la emoción de volver a tener en casa el Mundial. «Para mí que el WRC esté en Gran Canaria y pase por casa es especial, es como un día de Reyes», indica con ilusión. Y no basta con solo ser fanática a simple vista, sino que Nayra además es copiloto de rally subida a un Peugeot 106 junto a Mario Déniz. 

Cintas de colores

Pese a que entre el corte de carreteras para personas autorizadas y vecinos de la zona estaba fijado para las 8.00 horas y el shakedown no daba comienzo hasta tres horas más tarde, la espera no se hizo larga. Los aficionados se animaban entre ellos, muchos hicieron amigos nuevos, movieron el esqueleto con alguna que otra canción del artista de moda Quevedo y desayunaron tantas veces que hasta ellos perdieron la cuenta. Que si un bocadillo de tortilla por aquí, que si unas galletitas por allá… Así hasta que empezaron los últimos preparativos con cintas de colores. Las amarillas que indicaban que se podía pasar y que era una zona apta para el público y las rojas, que prohibían el paso por peligro

Canarios en las alturas para vivir el shakedown

Canarios en las alturas para vivir el shakedown / Jose Carlos Guerra

Y entre cintas de colores para perimetrar las zonas de acceso, la emoción de volver a vivir por segundo año el Mundial de Rally en casa y la noche en vela por coger el mejor sitio llegaron las advertencias de la Guardia Civil, que avisaba a los más desobedientes del lugar exacto en el que se debían poner para evitar el peligro. «Aquí seguros no estamos, pero no nos va a pasar nada», apunta uno de los aficionados, que señala que las zonas no son donde ellos determinen, sino más bien donde se pueda o mejor dicho, donde les dejen.

Cintas de color amarillo y rojo advertían a los aficionados de las zonas que estaban aptas y las que no para el tramo

Si fuera por más de un atrevido se colocaban al borde de la curva más peligrosa con tal de vivir la experiencia con más adrenalina. Tantas horas esperando que hizo que hasta la imaginación volase a niveles extremos. «Ojalá pase ahora alguno con un coche haciendo trompos para animarnos un poco hasta que comience esto» señalan contentos y con risas. 

Una cita de por vida

Con el inicio de la prueba, el ambiente se calmó y todo quedó en el olvido. El frío de la noche, las discusiones por los sitios, el hambre, las ganas de ir al baño y el hecho de que cuando el domingo termine todo esto, muchos tendrán que volver al trabajo y dejar atrás sus vacaciones. Parece que el sonido de los motores, el olor a neumático y las curvas más complicadas son capaces de poner paz en un ambiente que cada año vibra más con el rally. Porque hay días que se viven como si de un día de Reyes a finales de abril se tratase. Como una Semana Santa en la que el motor es el mejor compañero de viajes de una afición que este año volvió a demostrar que se saben comportar, y que si hace falta, se puede firmar de por vida eso de que el WRC aterrice cada mes de abril en Gran Canaria.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents