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Lo que une el Rally Islas Canarias: polacos en una velada nocturna y un broche de oro con 14 kilos de chuletas

La última noche del rally convirtió anoche Valsequillo en un escenario en el que la felicidad y la nostalgia unieron sus fuerzas

Valsequillo

Anoche Valsequillo olía a asadero. Lo que por la tarde era un lugar tranquilo y en paz, a medida que se fue acercando la noche se convirtió en un ambiente festivo, en el que las canciones de los diferentes garajes, coches y casas terreras se unían en un mismo ambiente. Una noche de sábado marcada por el final del rally, que hacía que su público más fiel sintiera una mezcla de nostalgia y alegría. Pero todo en la vida tiene un final, y esta semana mágica no iba a ser menos.

Si hubo alguna diferencia con respecto al año anterior era el recorrido. Mientras que hace un año el casco de Valsequillo era una fiesta desde por la tarde, esta vez la situación estaba más calmada. El motivo no era otro que el paso del rally, que cambió su itinerario centrando la atención en la zona de Las Vegas y La Suertecilla, donde se juntó toda la afición para hacer de la última noche de esta cita una fiesta dedicada al motor.

El garaje de Valsequillo en el que se prepararon kilos y kilos de comida

El garaje de Valsequillo en el que se prepararon kilos y kilos de comida / Jose Carlos Guerra

En la calle de Las Monjas comenzó la fiesta a eso de las nueve de la noche, cuando un grupo de polacos aterrizó en el terreno de unos de los vecinos del pueblo. Un buen hombre que al contrario que hicieron muchos de los vecinos de la zona, decidió darle la espalda al dinero y abrir las puertas de su casa a este grupo de extranjeros, que con sus furgones buscaban un lugar donde pasar la noche huyendo de los salvajes precios que habían fijado los terrenos de por ahí. Hasta 60 euros por pasar la noche aparcados, algo que Alicia y Nacho se negaron a pagar.

El chiringuito de la suerte

Siguieron la carretera se toparon con un terreno con un chiringuito sobre ruedas con lucecitas y música, lo que les llamó la atención. Se pararon, dieron con este amable vecino que les cedió un cachito de su terreno para aparcar y ahí se armó la fiesta. Una fiesta que reunió a Alicia, que es polaca residente en Gran Canaria desde octubre, junto a su marido Nacho, que es de Valladolid, su hijo Noah y su grupo de amigos polacos, a los que conocieron en un parque de la Isla.

Yurena y su hija Daniela, llevando la casa a cuestas

Yurena y su hija Daniela, llevando la casa a cuestas / Jose Carlos Guerra

«Conocí a mi marido en un Erasmus», explica Alicia. «Estuve en Valladolid viviendo en casa de una de sus mejores amigas y ahí fue surgiendo la amistad y después el amor», apunta con un español perfecto. Nacho, que se enamoró de Gran Canaria por el submarinismo, estuvo unos años viviendo entre la Isla y Polonia, hasta que en el mes de octubre, después de unos años en Europa, regresaron al Atlántico para criar a su hijo Noah. Ayer, el fomo les llevó hasta Valsequillo junto a su grupo de amigos.

Los terrenos hechos parking estaban pidiendo 60 euros por aparcar un furgón una noche

Todos ellos están encantados con la Isla. Más aun cuando tiene la suerte de toparse con vecinos como este, capaz de hacerles la noche mucho más fácil. Porque de su terreno a su casa tan solo hay dos minutos caminando. Una casa en la que según apunta, todos saben donde guarda la llave y cuyas puertas están abiertas para todo el que quiera pasar. Es por ello que en su garaje anoche se cocinaba lo más grande. Todo para que la noche se hiciera más amena.

Kilos de comida

En ese garaje de Las Monjas, al contrario que el ambiente en general, no había olor a asadero, sino a comida casera. Calderos inmensos de sopa de pollo con garbanzos para cenar y sobre todo desayunar cuando saliera el sol y unos cayos protagonizaron los olfatos de los que pasaban por ahí, mientras que el picoteo lo conformaban seis kilos de papas arrugadas, diez kilos de muslitos de pollo y 14 kilos de chuletas. Todo un comistraje para hacer de esta última noche un recuerdo imborrable entre amigos, familia y cualquiera que se pasara por delante de su puerta.

La gente de San Mateo colocando el chiringuito

La gente de San Mateo colocando el chiringuito / Jose Carlos Guerra

«Aquí nos vamos a reunir más de 30 personas esta noche. Es una ocasión especial y el que cocina lleva dos días para que hoy tengamos todo esto», asegura apurado para subir a cambiarse de ropa. Eso de estar todo el día preparando la casa y ayudando a los que se pasaban por ahí un tanto perdidos no hizo que el tiempo jugara a su favor. Pero nada que una ducha y una camiseta nueva no arreglara.

La afición coincide en que este año la seguridad y la organización relajaron las medidas

Pero no todos se lo montaron con tanto lujo, porque luego están los que llegaban a Valsequillo con la lengua fuera después de varios días dando tumbos por la Isla siguiendo a los coches. Yurena y Daniela no pueden más con su vida. A cuestas llevan dos neveras, mochilas con ropa, bolsos llenos de comida, cargadores para el móvil y mantas y pocas horas de sueño. Son madre e hija y dos apasionadas del motor. Tanto que estuvieron en el shakedown de Santa Brígida, en el tramo espectáculo del estadio, en Artenara y hoy estarán presentes en Valsequillo.

Enamorados del motor

«Llevamos desde el miércoles por la noche con asaderos, estoy jarta de la carne», comenta Yurena, feliz porque este año logró que le dieran las vacaciones para poder vivir la experiencia a tope. «El rally es mi pasión y me viene de familia, pero creo que todos los canarios somos un poco así. No somos conscientes de la cantidad de canarios que mueve esto».

Un amor que no entiende de nacionalidades ni tampoco de distancias. Porque este segundo año del Mundial de Rally ha vuelto a poner a Gran Canaria en el foco de todas las miradas, con reencuentros que vuelven a ser noticia y empresarios a los que no le queda otra que aceptar que algunos de sus trabajadores pidan este último fin de semana de abril para unas pequeñas vacaciones.

Sentado, Joel Bordón junto a sus colegas Vaitiare y Shaiel

Sentado, Joel Bordón junto a sus colegas Vaitiare y Shaiel / Jose Carlos Guerra

‘La gente de San Mateo’, como se hacen conocer este grupito de colegas, también lleva desde el miércoles dando tumbos por ahí. Durmiendo como pueden en los coches, bebiendo hasta que sale el sol y haciendo de sus risas la mejor melodía. El sábado por la mañana, como buenos vecinos de San Mateo, estaban esperando con muchas ganas el tramo de ‘casa’ cuando se enteraron a través de redes sociales y con el boca a boca que se suspendía el tramo por coches mal aparcados. «Tuvimos ganas de subir y prender fuego a todos esos coches», comentan molestos por la imagen dada.

Costillas para desayunar

Dentro de tramo y con la imposibilidad de salir, no les quedó otra que olvidar cuanto antes, esperar al siguiente tramo y encender la barbacoa. No todos pueden decir que el viernes 24 de abril desayunaron costillas. «Es culpa de la gente que aparco mal, pero también de la organización por no haber pasado varias veces hasta asegurarse que todo estaba correctamente», comenta este grupito, que anoche preparaba su último chiringuito de chuletas y copas.

Y si en algo coincidía el público de Valsequillo tras haber vivido esta edición y la pasada, es que este año la organización, al igual que las medidas de seguridad, bajaron un par de decibelios. Confiados en que la primera vez salió todo sobre ruedas, quisieron pensar que esta vez sería igual, y lo que pasa cuando las medidas se relajan, es que el público también lo hace.

Joel Bordón y sus amigos, Alicia junto a Nacho y los polacos, ‘la gente de San Mateo’, los buenos vecinos que dejan constancia que todavía queda gente en el mundo... Ayer Valsequillo era una fiesta. Una de esas que al mirar atrás, los que la vivieron desean teletransportarse. De esas noches que cuando te dicen que pienses en algo bonito, se te va la mente a ese preciso instante en el que los problemas por un momento dejaron de existir para dar paso a un estado de felicidad que ojalá durara más que una efímera noche.

Hoy el Rally llega a su fin, y esa semana que muchos deseaban que llegara se ha ido en un abrir y cerrar de ojos, dejando experiencias, amistades e historias para el recuerdo. Ahora, el deseo no es otro que el Mundial vuelva a casa.

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