ALPINISMO
Armando Placeres, alpinista grancanario, en plena ascensión hacia la cumbre del Everest: "No voy buscando cimas, sino expandirme y conocer mis límites"
El alpinista grancanario nos atendió desde el campamento base en el Everest a 5.420 metros de altitud, antes de emprender viaje esta noche rumbo a la cima del pico más alto del mundo, sin la ayuda adicional de oxígeno, un reto a la altura de muy pocos privilegiados

Mandy Placeres envía un saludo a los lectores de LA PROVINCIA desde el Everest. / LP/DLP

Armando Marcos Placeres Suárez, conocido como Mandy, se encuentra en plena ascensión sin oxígeno hacia la cima del Everest. En su preparación para abordar a sus 53 años el mayor reto de su vida, este grancanario afincado en Fuerteventura se ha preparado a conciencia desde que la montaña le reclamó siendo un niño, siendo el primer español en coronar el Spantik y que cuenta con un total de 46 cimas a sus espaldas, el Island Peak en Nepal, la última de ellas.
¿A qué altitud se encuentra en estos momentos en su escalada hacia la cima del Everest?
Me encuentro a 5.420 metros. Aquí por la altitud y el frío se te rompe la voz. Además, hay mucha gente que enferma o que tiene que abandonar por el mal de altura -falta de adaptación del cuerpo a la falta de oxígeno (hipoxia) al ascender rápidamente por encima de los 2.500 metros, siendo sus síntomas más comunes el dolor de cabeza, las náuseas, los mareos y la fatiga-. El aire que respiras, aunque estés bien pertrechado, se te mete por los pulmones y el viento es lacerante.
La ascensión la está realizando sin la ayuda de oxígeno, ¿cómo ha sido la preparación para poder llevar a cabo este reto con los riesgos que implica?
Tenemos que partir que voy a estar a un tercio de la zona de la muerte, sin oxígeno, lo que va a suponer una reducción extrema de presión, por eso cuando uno está saturando a un 100 o al 95%, con un ritmo cardiaco de 75; yo estaré saturando un 33%, con un ritmo cardiaco que en mi caso afortunadamente es de 38 o 39, pero aquí se me sube a un 77, que para mí es una animalada. La saturación en sangre va bien y la preparación conlleva que durante la semana pasada estuve haciendo rotaciones. Debo confesar que me salté toda la normativa, que aquí en Nepal es durísima, muy estricta, y me quedé allí aprovechando que estaban en el campamento base y que no podían ir a buscarme, con lo que logré quedarme cinco días solo, entre el campo 3 y la zona muerte, casi campo 4, para ver como toleraba yo esa falta de hipoxia. Fue muy positivo para mí, tuve que jugar mis cartas porque al fin y al cabo me estoy jugando la vida, saber como reacciona mi cuerpo para asegurarme de estar preparado. Posteriormente, bajé hasta el campo base, he estado cuatro días recuperándome y esta noche salgo, aunque se espera una noche huracanada, pero si no hacemos cima después del día 20, junio y julio está prohibido porque se producen muchas avalanchas y muchas muertes. Es imposible en esas fechas.
¿Cuáles son los mayores peligros a los que se enfrenta en este mano a mano suyo con la montaña?
No los puedes predecir, la montaña es la que manda. Este año el Everest, según todos los expertos, las condiciones aquí no eran tan extremas desde hace 15 años. Hay mucho frío, mucha nieve y mucho viento. El otro día subiendo la catarata del Congo tuvimos dos avalanchas, escapamos de la primera, pero en la segunda sepultó a una compañera mía, una de las mejores alpinistas del mundo que es paquistaní y la logramos sacar junto a un sherpa. Están en el hospital de Katmandú intentando salvarlos. A mi regreso, volví solo y sufrí otra avalancha que la pude sortear y salí indemne. Hay gente muy osada e inexperta que no es consciente de que esta parte de la montaña es muy técnica y está intratable, con unos vientos enormes que te tumban. Estamos yendo con pies de plomo porque cada paso es letal.
"Los peligros en la montaña no los puedes predecir, ella es la que manda y según los expertos hacía 15 años que las condiciones en el Everest no eran tan extremas"
¿Se está controlando el acceso de gente inexperta a montañas como el Everest que son tan peligrosas incluso para ustedes que llevan años escalando montañas?
Hace tres meses se cambió toda la normativa. Para subir al Everest tienes que tener mínimo 10 años de experiencia subiendo siete miles y ocho miles en tu palmarés, sino no superas el filtrado, lo que es una gran noticia, porque por algún motivo nos hemos congregado aquí en los últimos tiempos la élite mundial del alpinismo. El año pasado estuve aquí y era un descontrol porque mucha gente se metía a escalar pagando por ello y eso ahora ya no es posible. Han endurecido las normas y por ejemplo donde no hay baños habilitados, que no deja de ser una tienda con un agujero y una piedra, tenemos que llevar nuestras propias bolsas con nuestras deposiciones. Cada alpinista además tiene su propio sherpa.
¿Qué es lo que saca a cambio de jugarse la vida en una escalada de este tipo? ¿Qué es lo que siente durante esa ascensión hacia la cumbre?
Efectivamente, uno se juega la vida, pero también te la puedes jugar yendo en un taxi o al salir de casa, aunque es obvio que aquí tienes muchas más papeletas. Desde un punto de vista personal lo veo como una oportunidad para seguir explorando mi interior, conocer mis límites y estar firme. Es una puerta a otro universo. El objetivo por el cual he hecho este reto sin oxígeno, porque ya hice otro reto el año pasado en Pakistán, en el Island Peak, para poder aclimatarme. Estoy trabajando la kinesiología emocional. La montaña te da lecciones, te hace buscar tu mejor versión trabajando el humanismo, el ego y ojalá que la condición humana encontrara un hueco para trabajar todo esto. Yo no voy buscando cimas, sino expandirme y seguir explorando mi interior y mis límites. Notas esa deficiencia de oxígeno, como las células, los tejidos y los órganos se van deteriorando. Se sufre un castigo físico muy grande. Vamos a disfrutar, es una conversación lenta con la montaña, a intentar pasarlo bien y si conseguimos hacer la cima será fantástico.

Imagen de Mandy Placeres Suárez en una de las tiendas del campamento base en el Everest. / LP/DLP
¿Cómo lo lleva su familia en la distancia?
Con mis padres tuve la oportunidad de hablar ayer, era el cumpleaños de mi padre. Los dos me dieron muchos ánimos y me dijeron que estuviera fuerte. Quien lo lleva muy mal es mi hija que me llora y me implora para que vuelva.
¿Cuánto depende de tener una gran fortaleza mental el poder completar un reto de este tipo?
Pienso que todo depende en un 70% de la mente y un 30% del estado físico, independientemente de que debes tener un corazón muy fuerte, porque los cambios de ritmo son muy fuertes, con pendientes de 40, 50 o 60 grados, donde no tienes casi adherencia y debes de tener mucha técnica. La montaña más difícil del mundo no es ni el K-2, ni el Everest, sino nuestra mente. Yo no conozco a nadie que haya llegado a la cima de la mente y estoy trabajando a pico y pala para conseguirlo.
En esa soledad que tiene usted con la montaña, ¿qué es lo más difícil?
Tengo una sinergia muy grande con la montaña. Tengo una conexión muy fuerte, sé leerla, a veces no puedo o lo huelo, pero no avisa. Cuando hay mucho calor lógicamente puede llegar a haber alguna avalancha, pero como este año hace mucho frío y viento es impredecible. Hablo con la montaña, la escucho, somos dos en uno, es una conexión de amor y odio. Tienes que ser valiente, marcar tu ritmo y tener mucha paciencia. Hay que trabajar muy bien la paciencia porque hay momentos en los que se colapsa la mente, el cuerpo y en esos momentos es necesario descansar, respirar, concentrarse, pero al tiempo estar relajado.
"Hemos tenido hoy una desgracia tremenda en la que hemos perdido a cuatro personas, pero es parte de esta liturgia"
¿Cómo es la relación con el resto de alpinistas?
Muy buena. Se genera un ambiente muy bonito, me he encontrado con alpinistas que conozco de hace muchos años, estamos todos muy unidos. Hemos tenido hoy una desgracia tremenda en la que hemos perdido a cuatro personas, pero es parte de esta liturgia. Estamos todos muy unidos, muy fuertes, con muchas ganas y desesperados porque esta noche debemos de subir sí o sí. Ha salido un grupo anoche, se la jugaron porque estaba el tiempo muy mal. Te conquistas a ti mismo, es la montaña la que nos da lecciones muy grandes, de humildad, evoca superación, pasión, pero al mismo tiempo te das cuenta de que tú no conquistas una montaña, sino que es ella la que te conquista a ti. Subo una montaña para ver el mundo, no para que el mundo me vea a mí. Yo tengo ese enfoque, aunque hay gente que tiene otro, el de cima, cima y más cima, gente que no le importa jugarse la vida.
¿Cómo se supera el ver que uno ha perdido a cuatro compañeros y seguir adelante para lograr el objetivo sin desmoronarse?
Es durísimo. Cuando estuve en el rescate de mi compañera y del sherpa que le comentaba antes, había unos chicos allí que estaban asombrados y no tenían tanta experiencia. Hay un momento en el que te planteas que haces esto, tiene que gustarte, porque el Everest al fin y al cabo es un infierno. En Pakistán por ejemplo es peor, es la muerte, porque no hay logística, mientras que aquí si lo hay. Es una preparación mental en la que se dan una serie de escenarios que yo ya he visualizado, creer en mí, seguir motivado y también tienes momentos muy bonitos. Hay que seguir avanzando, ascendiendo y aprender a estar contigo mismo, porque hay muchos momentos de soledad, de incertidumbre y cuando ves la muerte y compañeros sepultados es algo que en mi caso me retroalimenta porque en muchos casos, cuando logras rescatar a uno de ellos te sientes bien. Pero es algo que al final siempre te deja estigmas. Es una forma de vida.
"No se puede subir una montaña con miedo, y menos una como esta que es muy técnica, feroz y que huele el miedo"
¿Se siente miedo?
No. En ningún caso tengo miedo, pero sí que le tengo mucho respeto a la montaña. No se puede subir una montaña con miedo, y menos una como el Everest que es muy técnica, feroz y que huele el miedo. Los logros no son lo importante, sino los logros que vas acumulando, el desafío conmigo mismo y no conquistar montañas, porque si vas con esa mentalidad será la montaña la que te conquiste a ti.
¿De dónde le viene esta pasión por la montaña?
Me viene de pequeñito, en el colegio estudiaba en los Jesuitas y tenía un amigo que tenía una finca muy grande, La Lechucilla y allí nos quedábamos siempre haciendo casetas en los árboles, terminábamos repletos de garrapatas y pulgas, pero a pesar de que nos llamaban la atención preferíamos quedarnos allí a dormir y de ahí di un salto con los campamentos de los colegios. Fuimos a Tamadaba, al Monte de la Esperanza y con 11 o 12 años subí casi sin enterarme al Teide. Me di cuenta que me gustaba y poco a poco he ido generando un palmarés importante, aunque no me dedico profesionalmente a esto, es un hobby. Tengo mis negocios en Fuerteventura, además de atender a mi hija.
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