No me duele, pero he caminado con mucho cuidado, casi con miedo. Estoy dando los pasos como un bebé cuando aprende a caminar". David García, capitán de la Unión Deportiva, se marchó ayer a casa con otro rostro. Tenía reflejada en sus ojos la esperanza de volver a los terrenos de juego tras siete semanas de inquietantes molestias en su rodilla derecha.

Ayer, el defensa central, junto al readaptador Jéser Cárdenes, se atrevió a trotar sobre el césped del estadio de Gran Canaria, un gesto incipiente, a priori, pero que representa un gran avance en la recuperación del futbolista, que desapareció de los terrenos de juego a principios de la pretemporada cuando todavía el equipo rompía a sudar en el Sur.

Una molesta fisura en el cartílago de la rótula de su rodilla derecha lo ha dejado separado del resto del grupo durante casi dos meses, un mundo para un jugador acostumbrado a la competición. No en vano, ha participado en una media de 30 encuentros en la última década con la Unión Deportiva. Todo un ejemplo de regularidad competitiva, donde las lesiones fueron un tema residual.

David García recibió el cariño de sus compañeros, que le aplaudieron cuando dio sus primeras carreras sobre el firme del Gran Canaria. Javi Guerrero fue el primero que inició los aplausos de un grupo que ansía la vuelta de un jugador carismático en la plantilla.

A tenor de lo visto, la fisura ha cicatrizado en los tiempos previstos por los servicios médicos, que calculaban que la herida del jugador se restañaría en una horquilla de tiempo entre las seis y ocho semanas. "Puede hacer vida normal, pero lo que incomoda es el dolor al golpear el balón", precisó el doctor Garcés la semana pasada. Ahora que el dolor ha desparecido, vuelve David García.