Primero, un dos más uno de Mike Bramos. Después un triple de Román Martínez, seguido por otro de Taurean Green y, por último, un tercero, para rematar al rival, de nuevo con parábola desde la zurda del alero de El Paso tejano. El Gran Canaria 2014 no solo lograba con esto una ventaja de 15 puntos, casi definitiva, en los primeros minutos del último cuarto, además, gracias a una ráfaga inédita, dejaba atrás todas sus dudas para evadirse, por momentos, de sus problemas con un breve pero intenso rodillo ofensivo bajo el empuje de un Centro Insular, que por primera vez en la temporada estalló en un abrazo de júbilo.

Era este ardor guerrero una sensación casi olvidada en la realidad austera que vive el marcador amarillo y, por extensión, su parroquia de incondicionales. Ayer, ante el último finalista de la ACB, desde el coraje y el orgullo herido, ambos -jugadores y afición- recuperaron la ley irrebatible que dibuja la historia reciente de la Bombonera canaria, esa que sentencia a sus rivales al grito del "¡No en nuestra cancha!"

Hay victorias que saben a más. La de ayer fue medicina para el Granca. Con el equipo como colista de la clasificación y sus artilleros perdidos en la desconfianza, el duelo ante el Bizkaia Bilbao Basket, el conjunto que el año pasado se instaló en las esferas de poder de la ACB, resultó un tratamiento terapéutico para las urgencias del Gran Canaria 2014. Si en anteriores episodios los pupilos de Pedro Martínez hicieron la mitad del trabajo bien, la que consiste en cerrar las vías de acceso a tu propia canasta, ayer completaron, desde la solidez y la confianza, la ecuación entre defensa y ataque con un resultado final positivo; 77 a 71, rompiendo, además, la barrera psicológica de los 70 puntos.

A la habitual telaraña protectora se sumó, esta vez sí, una importante mejora en el tiro exterior que concluyó con un 69 por ciento de acierto en el lanzamiento de dos puntos, por lo que el paciente sigue convaleciente, pero da signos de mejoría. La confianza perdida regresa por momentos cuando los claretianos recuperan el cariño perdido por el aro rival.

La segunda victoria de la temporada llegó por medio de las líneas maestras del libro de estilo que desde la pretemporada anticipó Pedro Martínez; desde una poderosa defensa y con el valor del grupo frente a las individualidades. "Todos deben sumar un poco más", repite el técnico en su discurso. Esta vez, el paso al frente fue real y tan solo el capitán Savané, el que menos jugó, se quedó sin anotar. Además, uno de los más enchufados fue el ala-pívot colombiano Juan Palacios -cuatro de cinco en tiros de dos-, que poco a poco avanza en su confianza y en la adaptación a la categoría. El Granca acabó el envite con una valoración de 83 puntos.

Tendencia positiva

Si bien es verdad que el rival vasco llegaba a la Isla lastrado por el esfuerzo de la Euroliga, con derrota ante el Fenerbahçe turco y con sus jugadores tocados tras tres derrotas consecutivas, el Granca, salvo en los últimos minutos de partido, supo controlar al ataque más anotador de la Liga Endesa con una media de 80 puntos. De esta manera y después del mal arranque clasificatorio, los jugadores de amarillo confían en remontar el vuelo a partir de las sensaciones de esta victoria.

Al margen de la mejoría en la anotación, el mejor exponente de la recuperación del cuadro claretiano se expuso tras la reanudación del partido, en el tercer cuarto. Ahí donde en anteriores ocasiones los hombres de amarillo fueron víctimas de contundentes parciales en contra, salieron, esta vez, para dominar desde una defensa presionante. Motivos estos para alimentar las esperanza de un año con nuevas alegrías.