De mirada penetrante, casi asesina cuando pisa el parqué, Pedro Martínez es de los que mantienen la vista fijada en su objetivo durante un partido de baloncesto. Ya sea el árbitro que se sobrepasa con los amarillos, un jugador que desobedece una orden o para comprobar que la pizarra funciona, el técnico del Gran Canaria 2014 nunca rehúye el desafío visual. Juan Manuel Rodríguez es más enérgico a la hora de mover su cuerpo. De repente, si algo no va bien sobre el césped, empieza un pataleo cerca de la línea de banda del banquillo de la UD Las Palmas que se convierte en una delicia para los objetivos, siempre indiscretos, de los fotógrafos. Y si su equipo marca en el último minuto, no duda en celebrarlo de la manera que le venga en gana.

Son los entrenadores de los máximos representativos del deporte grancanario seres tan distintos que cualquier comparación entre ellos puede pecar de atrevida.

De entrada nadie se imagina a don Jaime, el cura al que Juan Manuel recurre para rezar un padre nuestro antes de cada partido de la UD, en el vestuario de esos grandullones de dos metros, salpicándolos con agua bendita antes de medir fuerzas con el mismísimo Barcelona de Navarro. Sin embargo en el vestuario de la UD ya se ve eso como algo normal y se asume con el máximo respeto.

Los métodos y los discursos en la caseta del Centro Insular son por completo diferentes. Incluso, hace bien poco, uno de los jugadores apareció con unas pizzas como excusa para cerrar el vestuario a cal y canto y hablar, hablar de lo mucho que se jugaba el equipo antes del partido frente al Barcelona con una boloñesa como señuelo. Y hablaron, mucho. Tanto que la dinámica cambió por completo agarrados a la frase que acuñó Xavi Rey en una entrevista: "Aquí todos creemos en los milagros".

El resultado de aquella reunión fue tres victorias consecutivas que colocan la permanencia en la Liga Endesa bastante más cerca de lo que parecía tras el oscuro panorama de hace tan sólo un mes. Es lo que tiene el deporte: los objetivos y las ilusiones giran en función, no ya de la última racha, sino incluso del último partido disputado.

Algo parecido ocurrió en la UD antes de la visita a Murcia. El partido que podía cambiar el rumbo y lo cambió por completo. Por eso ahora, a pesar de la dolorosa y tal vez injusta derrota del sábado en Valladolid, el equipo de Juan Manuel mira hacia arriba.

Porque si Juan Manuel Rodríguez gira la vista atrás, sólo un año antes, en estos momentos se vería en plena pelea por la salvación en una situación dramática de su equipo, el de toda la vida, que lo llamó para salvar el enésimo escollo insalvable. Y si el que mira al pasado es Pedro Martínez, el Granca iniciaba la que a la postre se convertiría en la mejor racha de victorias de toda su historia y con un rumbo bien fijado: los play-off por el título.

Distintos, sí, pero con el mismo objetivo: generar ilusión en los miles de seguidores que cada fin de semana se deciden a olvidar sus penas en un estadio de fútbol o una cancha de baloncesto. Juan Manuel Rodríguez y Pedro Martínez son los conductores del sueño amarillo. ¿Por qué no soñar?