En su puesta en escena, la Unión Deportiva desafinó como una banda de rock con sus músicos enfrentados. El Almería jugaba a placer como un gato con su presa tras el error de la defensa y el regalo a Vidal. El sueño de Primera, tras tanto dolor y sufrimiento, moría en la impotencia de un equipo sin chispa. Pero, cuando todo parecía en contra, Lobera enmendó su error de salida e igualó las fuerzas en la batalla por el control del centro del campo y, con esto, la UD resucitó.

Ayer, sobre el verde del Gran Canaria, se vieron las dos versiones de la UD Las Palmas. El cambio estuvo en la estrategia. Sergio Lobera apostó de salida por Vicente como hombre ancla. Él era el enlace en la línea medular. Debía subir el balón, conectar el juego de ataque y dirigir con la batuta en la mano. Sin embargo, la misión era un imposible. El Almería posee uno de los más sólidos y mejores centros del campo del campeonato y, con Nauzet Alemán acompañando demasiado lejos y aislado, Vicente estuvo siempre demasiado solo y maniatado. Su pelea era absolutamente desigual; la misión suicida, tanto que a los quince minutos se vio con una amarilla y desbordado. Enfrente, Javi Gracia, técnico rival, había colapsado esa zona del terreno con cinco hombres de calidad, inteligencia y veteranía. Era un todos contra Vicente. Mientras, Nauzet naufragaba sin opción de llegar nunca al balón, la defensa perdía balones y era Atouba el encargado de iniciar el ataque. Complicado.

Tras el descanso Lobera enmendó su error de salida y Hernán Santana saltó al terreno de juego para acompañar a Vicente. El panorama cambió de manera radical. La UD pasó a jugar con el balón en los pies y en campo rival; recuperaba y dominaba. Además, resurgió una vez más la figura de Javi Guerrero, más astuto y certero que nunca. El madrileño se situó en la mediapunta, entre líneas, y reventó el planteamiento de Gracia. Mientras, Nauzet Alemán, desparecido hasta el momento, se ubicó en la banda derecha. De pronto, con los instrumentos recién afinados, la orquesta sonó como si actuarán en el Royal Albert Hall. La grada enloqueció y los amarillos tocaron a rebato. La Unión Deportiva encerró al Almería en su área. Con corazón y cabeza, apretó los dientes, mordió, llegó por las bandas, centró, regateo y volvió a ser el equipo que era; en definitiva, ese conjunto unido y armonioso que nunca se rinde; valiente y ambicioso. La UD se la jugó y su rival empequeñeció. Ya no era tan temible ni tan fiero. A base de insistir, por fin llegó el tanto de Las Palmas. Un empate en las pies de Thievy que hizo justicia y que devolvió a la vida a los amarillos en una eliminatoria que parecía un imposible al finalizar la primera mitad. Ahora conviene no perder el paso. La batalla está en el centro del campo y la eliminatoria a un solo gol.