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La Provincia - Diario de Las Palmas

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Canarias no escapa a los ultras

Ultra Naciente y Frente Blanquiazul, en la lista de grupos potencialmente violentos - "Muchos radicales usan el deporte del fútbol para canalizar sus frustraciones", señalan los expertos

Aficionados del Frente Blanquiazul muestran una pancarta en referencia a la UD Las Palmas durante el derbi de esta temporada en el Heliodoro. carsten w. lauritsen

Los movimientos radicales que rodean el mundo del deporte también tienen su espacio en Canarias. Ultra Naciente, en Gran Canaria, y Frente Blanquiazul, en Tenerife, son las dos peñas del Archipiélago que figuran en el listado de grupos potencialmente violentos. Una relación en la que aparecen un total de 67 organizaciones vinculadas a los principales equipos de fútbol de nuestro país y que en los últimos días han cobrado protagonismo por la muerte de un seguidor del Deportivo de La Coruña durante un enfrentamiento con aficionados del Atlético de Madrid.

La historia es conocida. Jimmy, de los Riazor Blues, recibe múltiples golpes y es arrojado al río Manzanares por ultras del Frente Atlético. Jimmy muere, el mundo del fútbol (clubes y LFP) reniega de los ultras y la maquinaria del Estado se pone en marcha para acabar con este tipo de organizaciones, donde con demasiada frecuencia el deporte se convierte en una excusa para pelear, insultar y exhibir actitudes xenófobas y racistas.

Este fin de semana, el Frente Blanquiazul, lejos de aislarse de toda esta polémica, echó más leña al fuego y se dedicó a corear el nombre del finado gallego durante el encuentro que disputaron en el Heliodoro Tenerife y Racing de Santander. A los cánticos de "Jimmy, Jimmy, Jimmy" respondió el resto de la afición tinerfeñista con un sonoro abucheo, dejando claro que los ultras son una cosa y los aficionados, otra. Mientras, Ultra Naciente mostró una pancarta en la que mostraba su rechazo a la violencia.

Ya sea con más o menos intensidad, la violencia siempre se ha asociado a las hinchadas radicales. Marino Pérez, catedrático de Psicología en la Universidad de Oviedo, explica por qué "muchas de estas personas encuentran en el fútbol la forma de canalizar y ritualizar las frustraciones que contienen durante la semana. El fútbol es su forma de hacerse valer frente a otros". Y añade: "Pertenecer a estos grupos les permite despersonalizarse, porque lo que hacen no lo asumen como una responsabilidad individual de la que tengan que responder, porque se supone que su deber es casi ése. Pero, a la vez, se sienten muy identificados personalmente".

Pérez dice que hoy en día es difícil trazar un perfil del aficionado radical. "Suelen tener un carácter juvenil, aunque hay gente de 30, 40 o 50 que en realidad también actúan como adolescentes", dice. "Lo que los sociólogos llaman adultescenses", matiza. Y recuerda que los cánticos suponen para ellos "una seña de identificación" de la misma manera que los desplazamientos suponen "una invasión de un territorio enemigo que a veces hacen notar con agresiones o violencia de baja intensidad".

En estos grupos se crean lazos muy fuertes y en ellos conviven personas con profesiones diversas. Muchos hacen allí a sus mejores amigos o conocen a su pareja. Se suele llegar a ellos en la adolescencia y más que salirse pasado el tiempo, por lo general, reducen su implicación, pero no dejan de pertenecer. "Formar parte de un colectivo identificado tiene más cosas buenas que malas. Al fútbol no se puede ir como se va a la ópera porque si no se acabó", apunta Marino. "Lo que ocurre es que, al ser colectivos grandes, se mezclan con individuos que no están tan interesados en el fútbol, sino que encuentran en él un medio para canalizar su frustración, su violencia, su lucha no deportiva contra clases sociales que ellos consideran que les han quitado algo".

Los clubes, responsables

Félix es el nombre ficticio de uno de los mayores expertos en seguridad ultra en nuestro país. Es policía y prefiere no dar su identidad real. Lleva controlándolos muchos años y cuenta que corresponde a los clubes dar el primer paso. "Si no lo hacen ellos, el resto está desautorizado", sostiene. Él se pasó años tras sus movimientos, buscándose la vida para obtener información que le permitiera montar dispositivos, especialmente cuando viajaban.

Debía saber las matrículas de los autobuses, de los coches, el horario de las llegadas, los teléfonos de los conductores. Su hoja de ruta. A veces, cuenta, eran los propios ultras quienes le llamaban para que los escoltasen en una ciudad. "Hasta cierto punto ellos también tienen miedo y se sentían seguros cuando los escoltábamos, aunque tuvieran que vender lo contrario", explica.

Félix admite que son ellos quienes dan "vidilla" al partido, pero recuerda que, en su día, pidió sin éxito a un club que les retirase las llaves del campo; propuso, también sin éxito, que se hiciesen controles de alcoholemia y drogas a la entrada para evitar conflictos o que sectorizasen mejor los estadios para "tenerlos más enjaulados". Nada se hizo. Porque, históricamente, a los clubes les ha venido bien llevarse bien con los ultras. Les han facilitado cuartos para dejar el material, les han privilegiado con entradas y hasta les han dado las llaves del estadio. "Las multas que se han puesto hasta ahora no hacen efecto. Debe haber medidas, sobre todo con los violentos", sostiene Félix. "En el club, por ejemplo, se pueden prohibir las pancartas que digan anti", dice, y recuerda una de las medidas más efectivas llevadas a cabo: que los violentos tengan que presentarse en Comisaría durante las dos horas de partido, de manera que no puedan ir al fútbol.

Lo cierto es que el debate sobre si estos grupos deben o no permanecer en los campos de fútbol está más abierto que nunca. Y también el de sus fuentes de financiación. ¿Cómo sobreviven económicamente? El diario As publicó recientemente un informe que apunta a 12 sistemas de financiación. De todas ellas las más tradicionales son la venta de Lotería, los viajes en guagua, las cuotas de socio, las rifas o los bares.

En cuanto a las menos conocidas y más sorprendentes se encuentran cuatro: vuelos chárter, tifos y entradas (o subvenciones de clubes), merchandising o extorsión a los jugadores. Llama la atención esta última, dado que suele ser un método habitual que en muchas ocasiones pasa desapercibido. La manera de operar es la siguiente: los ultras piden (o amenazan) a los jugadores para que posen con sus productos y así estos se vendan más. A veces les invitan a que los compren o directamente les solicitan cantidades de dinero para que les ayuden en sus actividades. ¿Cómo se lo agradecen los ultras? Con cánticos a favor durante todos los partidos y una lealtad frente a las críticas que vengan del exterior. Entre los métodos antes mencionados también destaca el llamado cepillo, esto es, pasar urnas para que los miembros dejen sus aportaciones voluntarias cuando sea necesaria una inyección de dinero extra. El fenómeno ultra está bajo la lupa. El fútbol ya no los quiere.

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