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UD Las Palmas La contracrónica y sala de prensa

Suplentes con piel de benditos

Valerón, Ortuño y Momo fueron héroes tras salir del banquillo para enmendar el atasco ofensivo

Suplentes con  piel de benditos

Suplentes con piel de benditos

Bendito alfil. Momo, héroe en una noche de excesos. La sangre fría del extremo zurdo, en el último suspiro -saltó al césped en el 87 para fusilar a Cabrero de penalti-, vale como bálsamo en una jornada aciaga para el ataque. Del atasco a un talante más preciso. Las dos caras del líder y del flanco ofensivo más despiadado (ya suma 42 tantos).

Las expulsión de Arana (61') abrió las puertas del paraíso. Y la sapiencia de Herrera. El estratega agitó el banquillo [acertó con las entradas de Valerón y de los goleadores Ortuño y Momo] para revolucionar el modelo táctico. Con la misiva de remontar el 0-1, modificó el dibujo y dio en el clavo.

Se quedó con tres centrales -Marcelo, David y Javi Castellano- y dos carrileros como Dani Castellano y Nauzet Alemán. Hernán fue el sostén, con el extremo de Las Mesas, Valerón, Viera, Ortuño y Sergio Araujo como estiletes.

Así llegó el bombardeo, el zarpazo de Ortuño, que le retrata como un pistolero atómico, y el temple de Valerón. Araujo forzó la pena máxima -y la roja de Cendrós- que remachó Momo. Así se cubrió el expediente. De la impotencia se pasó a una propuesta dinámica. Giro de 180 grados. Pero en el primer acto, reinó la discordia.

Planeta precipitación

Los pecados del fútbol de seda. Tres toneladas de talento bajo tensión. Pérdida tras pérdida, la UD se complicó la vida en los primeros compases -que desataban las contras de un Mallorca descarado-. Fue el peaje de una propuesta temeraria de conducir sin sentido.

A los poetas del balón les faltó contundencia. La propuesta de los cuatro fantásticos [Araujo, Nauzet, Culio y Viera en el once inicial] se saldó con naufragio. Ver para creer. Los mosqueteros se estrellaron en el muro bermellón. Rutina diabólica. Al término del primer acto, con el tanto de Arana (21'), la UD tuvo que formatear el ordenador.

Dos tiros de Hernán Santana, en el último suspiro de un primer tiempo para la reflexión, conformaron el bagaje ofensivo amarillo. La UD, con Viera, Nauzet, Culio y Araujo -alineados por primera vez en esta campaña- apenas inquietó la portería de Cabrero. Solo una acción del delantero argentino -anulada por fuera de juego- desarmó por un instante el entramado defensivo del conjunto balear.

Intensidad y devoción por una propuesta barroca estéril. Una y otra vez, sin velocidad ni capacidad de respuesta, los amarillos abusaron de la posesión y conducción. Faltó inspiración para los reyes del mambo del gol. Las subidas de Roque y Dani no tuvieron el efecto deseado. El Mallorca se limitó a esperar a una UD con un ataque con forma de embudo. Tacones y toques barrocos sin premio.

La pausa del Flaco

Tras el descanso, la película cambió de forma radical. La precipitación de Viera fue el firme exponente de la impotencia -vio la amarilla en el 46'-. Un tiro de Araujo y las cabalgadas de Roque eran síntomas para el optimismo. Culio, en un duelo sin acierto, muy lejos de su versión imperial, carecía de ese pase definitivo. Y Arana se fue a la ducha en una acción infantil. En el 61' llegó un tiro franco de Nauzet que sacó Cabrero con una mano milagrosa. Los de Karpin plantaron dos líneas de cuatro gladiadores pero Valerón vio un hueco.

El genio de Arguineguín se encomendó a su visión panorámica y Viera subió enteros. Fantasía al cuadrado. A los 60 segundos de pisar el césped, Alfredo Ortuño controló con el pecho, desde la frontal, y fusiló a Cabrero. Un señor gol. Olfato y un don que andaba escaso: el oportunismo.Con dos puntas, los amarillos destilaron criterio. A balón parado, Nauzet y Viera pudieron cerrar el partido pero había que darle más intriga. Es el denominador común de este líder, coleccionista de duelos frenéticos.

Momo cerró el círculo luciendo su instinto asesino. Y así se reivindica: está llamado a entrar en el once como sargento general. Cendrós fue expulsado y el alfil de oro machacó al Mallorca desde el punto fatídico. Once metros para la gloria. El agónico (2-1) se fundamenta en el cambio de modelo táctico -ganar más presencia en el área- y en el fin de un baile inútil. La pegada apareció a tiempo. Reclamo de héroes de banquillo. En el banco latía la reacción de una UD eterna, que superó la gripe a cañonazos.

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