Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Herbalife Gran Canaria Liga Endesa (22ª jornada, la crónica)

El Real Madrid es mayúsculo

El Herbalife Gran Canaria cae ante un rival enorme que anota 19 triples con un 53% de acierto - Un parcial 10-24 en el tercer cuarto, clave

Andrés Nocioni intenta robar un balón al alero amarillo Xavi Rabaseda.

Andrés Nocioni intenta robar un balón al alero amarillo Xavi Rabaseda. QUIQUE CURBELO

El Real Madrid de Pablo Laso no tiene fin. Es tan grande, tiene tantos recursos -y todos buenos- y tanta hambre de gloria, que siempre vuelve a por más con su apetito insaciable por bandera. Ni siquiera la excelencia vale para hacerle caer. Que se lo pregunten al Herbalife Gran Canaria, que ayer -justo dos semanas después vender cara su derrota en la final de la Copa del Rey ante el gigante blanco- volvió a exigir el máximo a tan grande rival. Y, como le ocurrió hace 15 días en La Coruña, se topó con la misma respuesta por su descaro ante un aristócrata de la ACB: un portazo en las narices que sonó como una señora derrota (93-103) ante un equipo enorme, capaz de meter 19 triples con un porcentaje de acierto del 53 % y superar el centenar de puntos anotados.

Al triunfo del Real Madrid, que estuvo pletórico en los momentos decisivos, hasta le sobró el nefasto arbitraje que se marcaron Pérez Pérez, Calatrava y Sánchez, siempre condicionados por sus propios errores y en todo momento empeñados en aplicar una disparatada ley de la compensación para tapar sus disparates, una cadena de dislates que a punto estuvo de provocar un innecesario incendio en un Gran Canaria Arena caldeado y abarrotado -9.097 espectadores-.

Dos triples seguidos, uno detrás de otro, de Sergio Rodríguez y Andrés Nocioni trituraron la obstinada resistencia del Granca por evitar la rendición. A esas alturas restaban dos minutos y 10 segundos para el final del partido y el Real Madrid se disparaba hacia los 10 puntos de diferencia (88-98) a base de acertar sobre el alambre con un periquete por jugar. Donde el conjunto blanco, campeón de todo lo que le han puesto por delante durante los últimos 12 meses -dos Copas del Rey, una Euroliga, una Liga Endesa y una Copa Intercontinental- clavaba canastas de todos los colores, al Herbalife le daba por patinar en momentos puntuales: un contragolpe lleno de precipitación, cuatro tiros libres fuera del aro, un balón perdido, un triple errado... Demasiado desorden para poder cobrar la revancha por la Copa del Rey.

Antes de que el Real Madrid luciera talento y mostrara músculo, el equipo blanco y el Granca firmaron un partidazo -mejor que el original, si marcamos como punto de partida de esta curiosa rivalidad La Coruña-. Con ese precedente aún reciente en la memoria colectiva, el conjunto merengue intentó marcar el ritmo de juego que, en apariencia, se proyectaba más provechoso para sus intereses: transiciones rápidas, elevado ritmo de anotación.

Canasta a canasta, golpe a golpe, carrera a carrera, el Herbalife aceptó el reto. Si el Real Madrid castigaba el aro local sobre la pintura a través de la imponente figura de Gustavo Ayón, la escuadra claretiana no se quedaba atrás: Alen Omic era el elegido para martillear, sobre la zona, la canasta visitante en los primeros compases del duelo. El primer cuarto se cerró con un tanteo al alza (24-26) y con los dos pívots convertidos en las referencias de sus respectivos equipos -siete puntos el esloveno; seis el mexicano-.

De tanto atacar por dentro, Herbalife y Real Madrid probaron nuevas rutas en el segundo parcial. Y en esa aventura el talento brotó como el color durante la primavera: el Granca, que en el primer cuarto sólo había clavado un triple, se desató por el perímetro y en diez minutos disputados a todo trapo firmó siete canastas de tres puntos para cruzar el descanso con ventaja y una proyección anotadora de récord (58-55) frente a un adversario que no se descolgaba ni a tiros -10/17 en triples en 20 minutos para un 59 % de acierto a esas alturas del envite-.

Al Herbalife, en el tercer cuarto, se le fundieron los plomos. Incapaz de mantener el ritmo infernal del contrincante jugó como si siguiera la zanahoria con el aliento del Real Madrid en el cogote. El equipo de Pablo Laso ajustó la defensa y mandó parar la fiesta: un parcial 10-24, tallado con cuatro puntos consecutivos de Carroll por aquí, un triple desde la esquina de Ndour por allí y una racha de Maciulis por acá, despejaron el camino para el transatlántico blanco (68-79, min. 30), una máquina de ganar a la que entre Sergio Rodríguez, Ayón y los errores propios del Granca empujaron hasta la victoria final (93-103).

Compartir el artículo

stats