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Juegos Olímpicos

Un crack en piragua

Fernando Henríquez Betancort, quien fuera varias veces campeón de España en K-1, ha sido el único piragüista grancanario en unos Juegos Olímpicos. Llegó hasta semifinales en la cita de Montreal´76

Un crack en piragua

Un crack en piragua

"Éste es el crack más grande que ha dado el piragüismo de las Islas Canarias en todos los tiempos". Así define Octavio Carrasco, uno de sus entrenadores de antaño y de los mejores amigos que conserva desde su etapa como deportista, a Fernando Henríquez Betancor (Las Palmas de Gran Canaria, 27 de marzo de 1956). Y si se mira su dilatado historial, con varios campeonatos de España e internacionales a sus espaldas, no le falta razón.

Fernando -Ferdi o Fer, como cariñosamente le llama Laura-, es el segundo de nueve hermanos "seis mujeres y tres varones", señala la propia Laura, mientras Fernando -al que sus compañeros de la selección española llamaban, sin embargo, el Chacho-, se apresura a señalar que "aunque uno ya falleció, desgraciadamente, Juan Sixto".

Y es que el mayor de sus hermanos era el doctor Juan Sixto Henríquez Betancor, defensor de la bicicleta y fundador del actual colectivo Las Palmas en Bici, fallecido en 2011 tras una larga enfermedad y que profesionalmente ejerció como médico en el Centro de Salud de Jinámar, centro que eligió por decisión propia y donde muchos son aún los que le guardan gran aprecio y grato recuerdo.

Una memoria prodigiosa

También a Fernando la vida le ha tratado con dureza y lleva largos años soportando una enfermedad que a ratos le tiene mejor y a ratos peor. Sin embargo, su semblante, su vida, cambia por completo cuando rememora su etapa como deportista. Tiene una memoria prodigiosa.

El Chacho era uno de los puntales en la Selección Nacional de Piragüismo de principios de los años setenta. Aquella en la que formaban palistas de la categoría de Herminio Menéndez, Ramos Misioné, Celorrio y Díaz-Flor, el mítico equipo de K-4 1.000 metros de Montreal´76, que logró la medalla de plata.

"Con ellos, más el seleccionador, Eduardo Herrero, y otros compañeros como Seguí o Guillermo del Riego, fui desde Bruselas a Montreal, formando parte del colectivo de deportistas de España, del que también recuerdo que estaban Arturo Lang Lenton o el futbolista Juani Castillo, con los que además estuve en la ceremonia de inauguración. Fuimos en un avión destartalado y recuerdo que durante el viaje vimos la película Los tres días del Cóndor, que interpretaban Robert Redford y Faye Dunaway, sobre la zarzuela peruana El Cóndor pasa", señala Fernando mientras su hermana Laura ríe al conocer esa anécdota, que nunca antes había escuchado. Risas que aumentan cuando su hermano añade que "allí, en Montreal, donde estuvimos un mes, hice buenas migas con una yugoslava y una canadiense".

Los inicios de Fernando en esta dura modalidad deportiva, se remontan al año 1971. "Ese año comencé con Octavio Jiménez, que era el primer entrenador, en el Náutico. Yo estaba en la playa con mi hermano Juansi y vimos unas piraguas de color azul y blanco, nos invitaron y ahí comenzamos a entrenar. Luego estaban también Octavio Carrasco y su mujer, Carmen"; y aunque su hermano lo dejaría con el tiempo, Fernando, en ese tiempo, se convirtió en uno de los mejores de este deporte.

En esa época "también estaban compañeros como Tito Frade y Juan Zamora, que eran muy buenos, sobre todo en fondo, porque tenían mucho coraje", señala un Fernando que gusta más de destacar a los demás que a sí mismo.

"Me pasé un mes en la Villa Olímpica en Montreal, como te dije", rememora Fernando de vueltas a su paso por los Juegos Olímpicos en la ciudad canadiense. "Los pabellones eran unas construcciones como piramidales, con una parte para los hombres y otra para las mujeres", añade.

"Allí recuerdo que todos nos cambiábamos cosas. Yo, en especial, cambiaba pins. Había un mexicano que su traje oficial lo tenía completamente lleno de pins -y se ríe-. Son muchas las anécdotas vividas allí. Fue una experiencia muy bonita", señala, y vuelve a reir cuando dice: "a Seguí y Guillermo del Riego les tenía estima, y a éste le llamábamos el gallo, porque era un mujeriego. Y a Ramos Misioné lo tuve que acompañar hasta un salón de masaje antes de una competición, porque era un flan, de puros nervios, y para que se relajara".

La ´reina´ de los Juegos

Más adelante, Fernando recuerda otro pasaje que quedó grabado en sus retinas y en su mente: el momento en el que conoció a Nadia Comaneci, la reina de los Juegos de Montreal´76.

"Me crucé con ella un par de veces por la Villa Olímpica, pero no pude ni saludarla, porque tenía una verdadera legión como de guardaespaldas. Fue la gimnasta más importante, porque fue la primera que logró un diez. Y ganó un montón de medallas", añade Fernando durante la charla.

Es entonces cuando su prodigiosa memoria se remonta a su propia participación. "Yo no llegué a obtener diploma por un poco. Fui la décima mejor marca de la competición. En la repesca para pasar a semifinales quedé primero, por delante de un chino y un neozelandés. En esa prueba me ayudó muchísimo que hacía viento, y yo estaba acostumbrado a esas condiciones, porque era como si estuviera aquí", indica, para seguir a continuación "en semifinales me tocó con un canadiense y un sueco. Se clasificaban tres por serie, y yo quedé cuarto de la mía, así que no pasé a la final".

Y, sin que suene a excusa por su parte, porque no es así, sobre todo porque su historial deportivo lo demuestra, Fernando señala que "quizá llegué muy joven a los Juegos. Yo tenía sólo veinte años, y mis rivales eran mínimo cinco o seis años mayores que yo. Pero bueno, fui décimo". Y acto seguido su mente se va al año postolímpico, cuando señala: "al año siguiente tuvimos una competición internacional en Belgrado. Allí estaba un yugoslavo, Milan, que era muy bueno. Fue una de mis mejores actuaciones internacionales. Había mucho viento y me volví a beneficiar. Salimos empingaos y llegamos casi todos juntos, pero le gané al sueco y fui octavo del mundo".

Dos veces en el Sella

Tras el repaso a su cita olímpica en Montreal, Fernando también rememora otros momentos importantes en su etapa deportiva.

Por ejemplo, las dos veces que participó en el mítico descenso del Sella, en Asturias. "En K-1 fui segundo el año que participé; mientras que en K-2, que competí con Fonseca, quedamos quintos".

Asimismo, su cara toma un cierto rictus de sana maldad, con una amplia sonrisa, cuando recuerda que "poco después de regresar de los Juegos de Montreal, en agosto de ese 1976, fui campeón de España de 10.000 metros, en una competición en la que me llevé a todo quisqui por delante, y allí estaban, por ejemplo, el ceutí Díaz-Flor o Marín, entre otros".

En esta misma distancia de 10.000 metros, Fernando tiene otra buena anécdota en una competición internacional disputada en Italia, que recuerda también entre risas. "Fue una competición muy dura, no sólo por la larga distancia, sino porque había buena gente, había competencia. Sin embargo, nuestro entrenador se dio cuenta de que unos polacos nos habían hecho trampas y fue a protestar a todos lados. Al final, prosperó su protesta y entonces nos dieron vencedores, con lo que fui el primero en esa prueba internacional de 10.000 metros".

Aún en forma

Fernando Henríquez se emociona cuando, de una bolsa y con sumo cuidado, Octavio Carrasco saca del interior de la misma unos álbumes de fotos y, sobre todo, unas prendas: una toalla, una camisa y una chaqueta de chándal.

"Estas prendas son de su participación en Montreal´76. La toalla, la camiseta que llevó para competir, la chaquetilla del chándal... Todas ellas las conservo desde que el propio Fernando me las dio", señala Octavio Carrasco, expresidente de la Federación Insular, quien añade: "las guardo como oro en paño. Las tenía en una urna que le hice para exhibirlas allí, en el local de la Federación. Incluso tenía las palas, pero no sé dónde están. Es como un altar del mayor crack del piragüismo del Archipiélago. Un legado para la historia, para que recuerden su historia".

Fernando recuerda toda esa hermosa etapa de su vida, pero no recuerda, o no quiere recordar su retirada. Y ello porque ésta aún no ha llegado. Y es que el Chacho, como le decían sus compañeros de selección, aún hoy día, luchando contra su enfermedad como hace con el mar, sale todos los días a dar sus paseos en piragua -cuando puede- o en el kayak que le dejan en el RC Náutico, donde asimismo se echa unos largos en su piscina. Aún está en muy buena forma.

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